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Entre saltos y explosiones de pólvora, Santo Domingo de Guzmán realizó su recorrido por los barrios orientales de Managua, provocando alegría a centenares de devotos que le rinden honores.

Este 4 de agosto “Minguito” cumplió con su tradicional salida de la iglesia de Santo Domingo, asistido por los promesantes que siguen a la pequeña imagen de tan solo 18 centímetros de alto, pero con enorme poder de convocatoria.

Doña Lucrecia Salgado, de la colonia Tenderí, es una las incondicionales del santo. Año con año espera ver pasar la imagen, tira cohetes en su nombre y lo visita en la iglesia de Santo Domingo.

La señora Aitza Sandino, quien asegura ser hija de un nieto del general Augusto C. Sandino, también es impulsada por la fe, y acompaña a Santo Domingo para pagar su promesa.

“Toda la vida he sido devota de Santo Domingo y siempre me cumple, por eso aquí me tiene presente hasta que yo muera. Le hice una promesa cuando mi hijo cayó preso y le pedí que me lo sacaran de donde lo tenían; entonces me fui a la iglesia de la Sangre de Cristo y le puse la mano al Santísimo, y le dije: Negrito lindo, vos me lo vas a dar, y a las 2:00 de la tarde mi hijo estaba conmigo. De eso hace siete años; le prometí que le iba a bailar año con año”.

Heredó la tradición

Otra promesante es María José López Castrillo, quien sigue la devoción de su papá, el cacique mayor de los pobres, Francisco López Ruiz, quien pagó promesa por 62 años hasta su fallecimiento.

“Antes de morir él (su padre), me dijo: Usted siempre ha acompañado y espero que siga la tradición. Le dije que sí, y desde entonces mantengo mi palabra. Pero ahora visto la corona que usaba mi papá”, comenta con su piel enrojecida por el sol y ataviada con un penacho de plumas y piedras brillantes, el traje de indígena y portando arco y flecha.

Originaria de Masachapa, López lleva 42 años bailándole a “Minguito”, ocho de los cuales los hace para pagar la gracia de estar viva, pues fue diagnosticada con cáncer.

Buena venta

Santo Domingo también trae bendición a decenas de vendedores ambulantes que se cuelan entre la multitud para ofertar sombreros, lentes de sol, dulces, comidas, collares, entre otros artículos, con la esperanza de obtener buenas ganancias.

Una de ellas es María del Carmen Guevara, que con su carretón repleto de comidas típicas va abriendo paso a la imagen. Cuenta que tiene 25 años de vender comidas en el INSS central, pero todos los años hace el recorrido de las fiestas patronales.

“Vengo a vender y a acompañar al santo”, comentó.

 

3 mil
agentes policiales fueron destinados para dar cobertura a las festividades en honor a Santo Domingo de Guzmán.