•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El exceso de velocidad, la imprudencia y el consumo de licor continúan causando destrucción, dolor y muerte en nuestra sociedad. Estos tres elementos representan conductas de riesgo practicadas por una proporción importante de la población, que ponen en peligro y causan daños, a veces irreparables, no solo a quienes las practican, sino también a terceras personas.

Recientemente, El Nuevo Diario en una entrevista realizada a un miembro de la Policía Nacional destacaba la frase: “Nos está matando el exceso de velocidad y la embriaguez”. Esta frase refleja la preocupación existente ante la cantidad alarmante de decesos por estas causas.

Se dice que solamente las muertes por suicidio están por encima de las causadas por “accidentes” de tránsito; sin embargo, sería pertinente preguntarse: ¿acaso las consecuencias que acarrean prácticas de conductas de riesgo pueden ser tipificadas como accidente? ¿Serán las conductas de riesgo una suerte de ejecución suicida y, por ende, un problema mucho más serio de salud pública?

Según el diccionario, la palabra accidente significa: “Un suceso eventual del que involuntariamente resulta un daño”. En tanto, conducta de riesgo se puede definir como “aquellas prácticas que se realizan a sabiendas que son peligrosas y que tarde o temprano pueden representar un atentado a la salud y a la vida de las personas”.

Si nos atenemos a estas definiciones, podemos aseverar que la ocurrencia de un evento que causa daños materiales y/o humanos como consecuencia de exceso de velocidad, imprudencia (como atender celular mientras se maneja) y, peor aún, bajo los efectos del licor, debería ser tipificado como conducta de riesgo y tratado con el rigor que ello amerita.

Todos los que manejamos sabemos que la ley establece límites de velocidad, los cuales se encuentran debidamente señalizados en las carreteras. De igual manera, estamos más que sabidos que hacer uso de celulares mientras se maneja, es penado por la ley y tenemos conciencia de que no se debe manejar bajo los efectos del licor.

Castigo

Penalizar el conducir tomado de licor está más que justificado, porque el licor es una droga (legal) que, al igual que otra, puede producir estimulación, alucinación, evasión, neurosis, sicosis, estados delirantes, estados depresivos, etc.

El exceso de velocidad, la imprudencia al manejar y conducir bajo los efectos del licor deberían de recibir un tratamiento diferente a los accidentes. Tratamiento que, entre otras acciones, incluya la aplicación de leyes rigurosas para penalizar a los transgresores; contar con políticas públicas que regulen la promoción y distribución de licor e incrementen significativamente los impuestos al consumo de esta droga; y, principalmente, brindar ayuda psicológica y espiritual a los que cometen este delito, para acompañarles en un proceso de transformación de conductas de riesgo en comportamiento de respeto a la vida humana y a las leyes.

 

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com