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Estaba lloviendo cuando se le ocurrió salir a comprar un helado a una venta ubicada en la esquina; debía pasar por un pequeño puente, y esa acción tan simple casi le cuesta la vida. No en una, sino en dos ocasiones.

“Cuando salí el agua solo me llegaba al ojo del pie, pero de repente al cruzar la corriente me llegó a las rodillas y al caer me golpeé la barbilla y perdí el conocimiento. Me desperté cuando los vecinos me agarraron y me sacaron”, relata Germán Antonio Méndez González, habitante del barrio Bajos de Acahualinca, quien fue arrastrado por la corriente de un cauce durante las lluvias de la semana pasada.

Pero esta no fue la primera vez, también fue víctima del aguacero que azotó Managua el pasado 26 de agosto. En esa ocasión asegura que la fuerza del agua lo llevó hasta el lago y que tuvo la dicha de salir por sí solo, nadando.

“Dos veces y salí con vida. Solo Dios me pudo hacer el milagro”, expresa Méndez.

Desembocadura

De cabellos largos, baja estatura, algo desaliñado y muy delgado, Méndez es conocido por todos en la zona. Tirso Sánchez, uno de sus vecinos, dice que el barrio es la desembocadura de tres corrientes: una baja desde Villa Roma y dos de Colonia Independencia, las cuales confluyen en el cauce de Montoya y bajan hasta su desembocadura en el lago Xolotlán.

“Por aquí ha pasado mucha gente, los arrastra la corriente, siendo esta la desembocadura. A muchos se les espera por esta zona. Este ‘Sherpy’ (a como le llaman a Méndez) ha tenido suerte y le debe la vida a un flaco que lo fue a rescatar casi llegando al lago”, cuenta Sánchez.

El mayor Julio César Prado, quien a sus 75 años es jefe de cuartel y organizador de los equipos del Benemérito Cuerpo de Bomberos, BMC, asegura que en Managua muchos terminan arrastrados por las aguas de los cauces cuando caminan bajo efectos del licor, por estar de curiosos y, en el caso de los niños, debido al descuido de los padres.

“El muchacho que se llevó la corriente el 26 de agosto, fue por ayudar a unos vecinos. Tratar de pasarse una corriente fuerte es no querer su vida. Uno no puede hacerlo mientras no se asegure con un cable. Es mejor esperar a los rescatistas. Nosotros somos muy cuidadosos en eso”, indicó Prado.

El peligro

El especialista comenta que la población no ha medido el peligro de los cauces y por eso terminan arrastrados. Incluso ellos, que reciben entrenamiento, corren alto riesgo y por eso requieren de equipos especializados.

“La gente tiene que entender que con los cauces no se juega, están jugándose la vida y se ponen a la orillita de la corriente aunque este truene. Eso lo he visto en el cauce de La Robelo, que es peligrosísimo, donde con lluvias fuertes las aguas son violentas. Incluso, puede que en Managua no haya caído ni una gota, pero en la zona alta sí, y de repente viene la corriente”, advierte Prado.

Para prevenir una situación peligrosa, dijo, no es necesario ser rescatista, solo se requiere prudencia y evitar tomar riesgos.

Indicó que un problema de los cauces capitalinos es que no son subterráneos sino al aire libre y solo algunos, en algunas secciones de su trayecto, están revestidos por losetas. Mientras, otros tienen bardas de malla metálica, pero la gente suele romperlas para lanzar basura o para sustraer material, y termina exponiendo a los demás al peligro.

El arrastre

El rescatista Marvin García dijo que una persona arrastrada por las aguas sobrevive si puede nadar y aun así traga agua. Señala que uno de los peligros es ser golpeado, chimado o herido con troncos de madera o basura, o bien sufrir fracturas al estrellarse con las paredes de concreto del cauce o las escaleras que hay en ciertos tramos del canal, las cuales son colocadas para reducir la fuerza de la corriente.

Por su parte, el mayor Atilio Ibarra González señaló: “Con una hora de lluvia Managua colapsa. Con el aguacero de agosto tuvimos que rescatar a varios que se los llevaba la corriente dentro del vehículo, también hay gente que se va por los manjoles abiertos. Mi consejo es que si llueve fuerte, mejor no salir de su casa, o esperar a que baje la corriente, hay que evitar el riesgo”.

 

50 KILÓMETROS por hora puede ser la fuerza de arrastre de las aguas de un cauce.