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El fervor por celebrar a La Purísima es más fuerte que cualquier crisis económica, asegura la señora Conny Medal, habitante del barrio El Edén, quien ayer celebró sesenta años de una tradición que realiza con ayuda de sus hijos, nietos y amistades solidarias.

“Yo ya no trabajo, pero meses antes de la celebración, mis hijos y nietos empiezan a traerme los brindis que repartimos cada siete de diciembre. Este año mi nieto Noel Fernando me trajo azúcar, y también contamos con el apoyo incondicional cada año del licenciado Humberto Hernández", reveló doña Conny.

Daniel Abea, un nieto de doña Conny, dice que esta celebración es muy importante, porque logra reunir a toda la familia.

"Aquí todos nos juntamos este día, y algo que hay que destacar es que aunque algunos somos evangélicos, todos nos unimos en la tradición", destaca Abea.

[Especial: La Gritería: apuntes desde León y Granada]

Xavier Castro, hijo de doña Conny, asegura que “se gastaron más de US$500, pero eso no es tan importante, sino que logramos preparar obsequios para más de 500 personas”, a quienes entregaron paquetes de libras de arroz y azúcar, panas y vasos plásticos.

“Hemos dejado lo tradicional por buscar cómo regalar cosas más útiles para el pueblo", agregó Castro.

MILAGRO Y TRADICIÓN

La señora Elsa Quant, también habitante del barrio El Edén, ya lleva dos años ayudándole a su hija a arreglar el altar de La Purísima para la noche de La Gritería, en la cual lograron entregar brindis a unas 500 personas.

"Mi hija decidió gritarla (La Purísima) cada año, desde que recibió un favor de sanidad en la vida de su hijo, hace dos años, y entre todos le ayudamos a arreglar y a repartir", cuenta doña Elsa.

También Mayra Cortez, habitante del barrio San Luis, relata que su mamá, doña Mayra Castellón, ya tiene 30 años de celebrar La Gritería en honor a la Virgen de la Inmaculada Concepción.

“La verdad es que no nos detenemos a ver cuánto gastamos, sino que simplemente nos preparamos para entregarle obsequios a unas tres mil personas, pues se trata de una celebración muy solemne que heredamos de las abuelas, la cual ya va en su tercera generación", considera Mayra Cortez.