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Una estimada lectora nos escribía haciendo alusión a una reciente columna cuyo mensaje central giraba sobre el perdón. Nos comenta que una persona le ha ofendido y el agravio ha sido tal, que ha optado por pedirle a Dios que perdone a esa persona, porque ella no lo puede hacer. A manera de recriminación, nos dice: “decir perdono es fácil, hacerlo es imposible”.

De acuerdo, perdonar no es fácil, erradicar de nuestra alma la ira, el dolor, el rencor, la frustración etc.., que se enquista en ella, cuando somos víctimas de ofensas, agresiones, fraudes, estafas, traiciones, etc., representa efectivamente uno de los retos más difíciles para una persona común y corriente como la mayoría de nosotros, pero es posible.

Me tocó enfrentar una circunstancia sumamente dolorosa, en la cual se puso a prueba mi capacidad para superar miserias humanas propias, aproximarme a Dios y pedirle la humildad y valentía para poder perdonar, porque yo solo nunca lo hubiera logrado.

A raíz de la muerte en accidente de tránsito de mi hijo, el conductor del otro vehículo fue llevado a prisión, algunas personas me sugerían que presentara acusación para que fuera condenado y pagara el daño; la familia del conductor me buscó pidiendo compasión para su familiar, al final, después de muchos días de canalizar por medio del llanto el inmenso dolor que me embargaba, tomé la decisión de librar mi alma del sentimiento de venganza que me estaba atrapando, me presenté ante el juez de la causa y solicité se aceptara mi decisión de no presentar cargos.

Antes de este episodio, yo era del equipo que recurría al estribillo “que perdone Dios, porque yo no puedo”; sin embargo, después de haberlo logrado, supe que Dios me estaba dando una oportunidad para vencer instintos primitivos que nos encadenan e impiden disfrutar la vida.


Después del perdón la recompensa se expresó en sosiego, sensación de llenura espiritual, tranquilidad, en fin, en medio del dolor, que ni aún hoy se extingue totalmente, llegó la paz.


Debo decir que todo agravio puede ser perdonado, y nosotros que somos hechos a imagen y semejanza de Dios, también hemos sido equipados para perdonar a quienes nos ofenden, al igual que él nos perdona. Entre otras razones por las cuales él quiere poner a nuestra disposición la llave del perdón, es porque nos libra de todo lastre odioso que pretende echar raíces en nuestro pensamiento y en nuestra alma, en suma, el perdón solo beneficios proporciona a nuestra salud mental, física y espiritual.

Amiga, amigo hay que disponerse a eliminar con prioridad y prontitud  lo que más daño nos hace, y hemos probado en carne propia, la forma más efectiva para eliminar angustia, ira, frustración, rencor, desasosiego, etc., es practicando el perdón.

Amiga, amigo, el perdón es el camino hacia la paz, dispóngase a perdonar a quienes le han agraviado, no es fácil, pero con Jesús todo es posible, invítelo a su vida y dígale: “Señor Jesús abro mi corazón y le acepto como Señor, Salvador y Restaurador de mi vida, equípeme con humildad y valentía para perdonar a quienes me han ofendido”.
Queremos saber de ustedes, les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com