•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Después de las explosiones de triquitraques en las festividades de la Purísima, un pequeño de 12 años del barrio Santa Ana decidió recolectar el sobrante que no hizo detonación y con un puño de estas comenzó a ver cuáles detonaban. Con media docena de triquitraques, una caja de fósforos y dos amigos inició su riesgosa tarea de probar uno por uno. Algunos  triquitraques por tener la mecha muy corta le metían una cabeza de fósforo para que encendiera, hasta que uno de ellos estalló antes de ponerlo en el suelo.

Un diminuto fragmento fue hasta su ojo y  le causó un ardor terrible, mientras los dedos de la mano derecha los tenía entumecidos y los oídos le zumbaban.

Aunque el daño al niño al final fue menor, solo una pequeña lesión en un dedo, bien pudo ser peor: perder el ojo y hasta quedar sin un dedo.

El comprador de juegos pirotécnicos, Alfredo Zeledón, de 42 años, comentó que lanzar cohetes y cargacerrada en las fechas de festividad de diciembre es una tradición de décadas y lo disfruta con sus hijos. Si enciende alguno de estos productos de pólvora, lo hace con su hijo enseñándole cómo debe lanzarlo y las precauciones que debe tener.

“Los juegos pirotécnicos son la gracia de las purísimas, al terminar el 24 de diciembre a medianoche o la primera hora de Año Nuevo, no sería igual sin eso. Yo siempre tiro bombas a la calle, pero con mis dos hijos pequeños de 7 y 13 años solo les doy bombitas, volcancitos o bengalas, y estoy con ellos para evitar una quemadura, porque vos sabés que los chavalos a veces son vagos y pueden hacerse daño”, comentó Zeledón.

Él recuerda que con un cachinflín (que ya no se comercializa) tuvo una mala experiencia cuando era adolescente, porque al encender uno, que no tienen una dirección fija, terminó golpeándole la espalda. Le dejó un hueco a la camisa recién estrenada y una dolorosa ampolla.

El presidente de la Asociación Nacional de Vendedores de Juegos Pirotécnicos, José Balladares, señaló que los productos que importan son de calidad y difícilmente alguno llega a tener falla, sin embargo, el juego pirotécnico nacional es menos estable.

“El juego pirotécnico no es el problema. El mal uso y la falta de cuidado de los padres de familia es el problema. Primero que nada son estos los que deben ver a sus hijos qué están haciendo”, dijo Balladares.

Señaló que cada producto tiene su método para utilizar y es muy sencillo. Por ejemplo, a la carga cerrada solo hay que encender la mecha y tirarla en el suelo, el cohete tenerlo paralelo y al prender la mecha, este se empuja para arriba y solo hay que soltarlo. 

En el caso de las bengalas, estas pueden ser de 100 a 5 tiros. Siempre hay que mantenerlas con la boca hacia arriba y a los 7 metros es que detona una bombita y echa chispitas. Las de mayor duración para no cansar la mano, solo hay que ponerla en un barril con arena y  ella sola funciona.

Con algunos arbolitos señaló que se debe tener cuidado. Balladares explicó que es muy raro que suceda, pero en algunos productos el material no tiene suficiente fuerza y detonan desde abajo extinguiéndose de un solo golpe.

En el caso de los productos chinos, si este no estalla no hay que tocarlo, simplemente se le debe lanzar suficiente agua antes de retirarlo.

Para hacer detonar bombas, estas tienen una mecha lenta y pueden pasar hasta 30 segundos antes de estallar. Señaló que con estas se debe tener mucho cuidado, ya que por su potencia es capaz de cercenarte una mano.

“Ningún producto es peligroso siempre y cuando se sepa manipular, no se deje en manos de personas ebrias, ni en la de los niños. El descuido es lo que ocasiona las desgracias, no los productos”, aseguró Balladares.