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Un enorme ceibo y algunos chilamates son testigos de lo que fue el leprocomio, ahora Hospital Nacional de Dermatología Dr. Francisco José Gómez Urcuyo.

El leprocomio Hospital Nacional de Dermatología Dr. Francisco José Gómez Urcuyo es una de las construcciones más antiguas y famosas de la capital. Está ubicada en el corazón de uno de los barrios más viejos de la Managua (Monseñor Lezcano).

Este lugar era un albergue donde los enfermos de lepra llegaban a refugiarse para evitar el rechazo de la sociedad e incluso de su familia.

El leprocomio se creó por una iniciativa de dos altruistas, Juan de Dios Matus y Alonso Pérez Alonso, quienes decidieron comprar alrededor de 15 manzanas de tierra en el barrio Monseñor Lezcano para albergar a las personas que llegaban con esta enfermedad en 1932.

Antiguo leprocomio

En este centro existían varios pabellones, sin embargo, con el tiempo decidieron algunos de ellos construir sus propias casas o ranchos, como les decían. Estos eran edificados con trozos de cartones y madera.

Muchas de estas personas con lepra decidieron rehacer su vida y se casaron. “Ellos vivían una vida bastante normal, después de tres meses de tratamiento los pacientes estaban prácticamente curados, solo quedaban con secuelas de la enfermedad”, señaló la dermatóloga Luz Cantillo.

“Yo todavía lo conocí cuando lo llamaban San Lázaro, pero con el tiempo hubo modificaciones del centro, al igual que el nombre. Antes las personas le llamaban leprocomio, pero eso ya se perdió, era como un ciudadela donde vivían porque eran muchos”, expresó Alva Luz Angnoleto, habitante del lugar.

Angnoleto comenta que sus padres le contaban que el sitio era un poco temible. "Ellos decían que estos eran predios baldíos, la gente tenía miedo de pasar por este lugar por miedo a contagiarse”.

“Decían que las personas con esta enfermedad eran llevadas por la noche en un vagón amarillo y que sonaban una campanilla para avisar que llegaban nuevos pacientes con lepra”, expresó María Hernández, otra pobladora.

Este centro ha tenido distintos nombres. Al principio se le llamaba San Lázaro, como referencia a un personaje bíblico que padecía de lepra, luego recibió el nombre de Francisco Soto Calderón y desde 1980 es llamado Centro Dermatológico Dr. Francisco José Gómez Urcuyo.

En el centro aún existe una placa que data de 1995, en la cual tiene un corto poema que lo realizó el Dr. Francisco José Gómez Urcuyo a sus pacientes: “Señor, son mis leprosos la luz y mi vida / ellos llenan de ternura mi profesión y nicaraguanidad / ayúdame a llevarles alivio a sus heridas / entereza ante la humillación / comprensión en su soledad.

También se encuentran algunas pinturas ejecutadas sobre la pared, en la que se destaca la imagen de José de la Cruz Mena “el Divino Leproso”.

“El profesor Francisco José Gómez Urcuyo fue el que ayudó a los pacientes con lepra, porque fue quien instaló el tratamiento especial para esta enfermedad y lamentablemente muchos están olvidando el legado del profesor”, señaló la dermatóloga Luz Cantillo.

Los primeros registros sobre la enfermedad de Hansen se dieron a partir de 1964, aunque esta enfermedad había estado activa desde mucho antes.

En esa época, las personas que padecían esa enfermedad no recibían ningún tipo de tratamiento y eran enviadas a la isla Aserradores, frente al puerto de Corinto, Chinandega.

Sobre la enfermedad de Hansen o lepra

Esta enfermedad fue descubierta por el médico noruego Gerhard Hansen, quien descubrió el agente causante de la lepra; por esta razón se le atribuye el nombre del Mal de Hansen.

Antes de este descubrimiento, las personas pensaban que esta enfermedad era causada por maldad y que no tenía cura.

“La lepra hay que buscarla, es la grandísima disimuladora, el período de incubación puede ser de cuatro a más años”, explicó Cantillo. Según la doctora Cantillo, esta enfermedad únicamente se trasmite por contacto prolongado con la persona contagiada y solo si la otra persona es susceptible o tiene predisposición genética para contraerla.

Esta enfermedad afecta principalmente la piel, los tejidos nerviosos, los ojos, la pérdida de la sensibilidad y otros órganos del cuerpo.

“Antes los pacientes eran aislados en los leprocomios, en condiciones inhumanas y miserables”, afirmó la dermatóloga Alina Salomé Gómez, del Hospital Metropolitano Vivian Pellas.

Según Gómez, esta enfermedad causaba deformación en los pacientes y eran rechazados por su propia familia debido a que tenían miedo a contagiarse.

“En los hospitales han quedado solamente las personas que han sobrevivido y algunos de ellas se han podido integrar a la sociedad, porque ahora las personas son más conscientes y no los rechazan ni humillan”, añadió Gómez.

La lepra de montaña es muy diferente al mal de Hansen. Esta es producida por el parásito de la Leishmania, que es trasmitido por la picadura de un mosquito.

“Son cosas muy distintas, lo que pasa es que las formas clínicas de la leishmaniasis se parecen un poco a la lepra, pero no tienen nada que ver una con la otra”, recalcó Luz Cantillo.

Cada último domingo del mes de enero se celebra a nivel mundial el Día de la Lucha contra la Lepra, esto como una iniciativa del francés Raoul Follereau, que deseaba concientizar y sensibilizar a las personas para erradicar la discriminación a los afectados con esta enfermedad.

Por esa razón, cada año se recuerda a todas las personas que sufrieron o sufren de esta enfermedad.