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Al menos 300 recicladores agremiados en la Red de Emprendedores Nicaragüenses del Reciclaje (Rednica) fueron desalojados por agentes policiales de la planta de desechos sólidos de la Alcaldía de Managua el pasado 7 de abril. Aseguran que desde entonces se encuentran sin trabajo y cada vez más endeudados.

David Narváez, presidente de Rednica, aseguró que “el desalojo se dio en condiciones violentas porque llegaron sin previo aviso y varias mujeres resultaron golpeadas. Nosotros estamos conscientes que esos terrenos le pertenecen a la municipalidad, pero nosotros llevamos años ahí trabajando, ese es el único sustento de nuestras familias”.

Desde el año 2013 este grupo de 300 recicladores compuesto por 140 mujeres y 160 hombres se ubican en los vasos de vertido de la planta -donde se descarga la basura a la que no se le saca provecho-.

“Emitrides (Empresa de Tratamiento Integral de Desechos Sólidos) deposita en los vasos de vertido la basura que ellos procesaron, pero no les sirve. Nosotros vivimos de darle la tercera pasada a la basura que se recolecta en Managua y aun así no nos quieren dejar trabajar, queremos una explicación y negociar un acuerdo”, indicó Narváez.

En un comunicado elaborado por Rednica, afirman que desde que la planta fue creada las autoridades de la alcaldía habían prometido que los antiguos “churequeros” serían incorporados al personal de la planta, “pero esto no fue cumplido por las autoridades”, destaca el documento.

Desde el pasado 17 de abril la junta directiva de Rednica solicitó una reunión con Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía de Managua, para tratar de llegar a un acuerdo y que las puertas de la planta les sean nuevamente abiertas a estos 300 recicladores, pero hasta ahora no ha respondido la solicitud.

CONSECUENCIAS

El representante de Rednica comentó que desde que fueron desalojados hace ya más de un mes, algunos recicladores han optado por salir en camiones y carretones a recolectar basura por su cuenta a los barrios de Managua, pero la gran mayoría se ha quedado sin sustento.

Marfa Campos, una recolectora de 57 años, dice que se ha visto “muy afectada” económicamente desde que fue desalojada de la planta “porque nosotros trabajamos con los bancos, estamos endeudados, debo agua y luz y ya prácticamente nos estamos quedando sin nada para comer”.