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Las columnas de madera semicarcomida por la humedad y el tiempo que sostenía la estructura y los pedazos de tablas blancas yacen en el suelo. Al lado está su rótulo negro en cuyas letras blancas se lee “Moulin Rouge: Pase adelante”.

Así se cierra otra página de las estructuras de la vieja capital, para dar paso al avance urbanístico con la ampliación de la carretera sur, como parte del proyecto de pasos a desnivel que se construyen en Las Piedrecitas y el 7 Sur; proyectos de mejora vial que librará el congestionamiento existente en las horas sobre esa zona.

Ubicado a 320 metros de los semáforos del 7 Sur, El Moulin Rouge (Molino Rojo), en sus mejores tiempos fue el escándalo de su época. Estaba en la zona roja en la década de los setenta, entre media docena de prostíbulos, pero no se hizo famoso por ser casa de citas, sino por su distinguida clientela entre los que se cuentan Anastasio Somoza Portocarrero mejor conocido como “El Chigüín”, hijo del que fue el dictador Anastasio Somoza Debayle; además otros visitantes eran políticos y deportistas.

Uno de los habitantes de la hoy casona sin fachada, se identificó como Marvin Larios Doña, de 50 años, quien asegura que desde 1972 comenzó a funcionar como motel, y su fama creció al igual que su clientela.

Según Larios, la casona fue adquirida y administrada por su papá Elvin Alan Chavet, y después de la década de los setenta y su saqueo, siguió funcionando aunque la falta de mantenimiento y la oferta a nivel de la capital, hicieron que cayera en el olvido. En los últimos años era prácticamente una casa fantasma, López afirma que aún funcionaba como motel.

Una casa de 23 habitaciones

“Aquí vivo con mis dos sobrinos y sus hijos. La destrucción comenzó en agosto del año pasado, cuando metieron las palas mecánicas que destruyeron el muro frontal, y el miércoles de esta semana fue que volvieron y botaron la fachada de la casa, que era donde vivíamos. Ahora nos fuimos a los cuartos de atrás”, dijo Larios, agregando que si hablaran las paredes de esa casa compuesta por 23 habitaciones, se podrían contar muchas historias, pero todo eso desaparecerá con el avance urbanístico de Managua.

En sus memorias, el escritor Carlos Carlucci, comenta que el lugar fue fundado por el italiano José Damico, en la década de los cuarenta. Originalmente era un restaurante, donde muchos hombres buscaban compañía femenina. 

Según Carlucci, el nombre se tomó del afamado cabaret parisino y se trató de imitar con bailarinas y compañía de alto nivel.  

De sus viejas “glorias”, se observa los restos de la fachada de madera. Donde algunas áreas de recubrimiento, como adornos y la repisa exterior del techo, era de cemento y cal, y la estructura de sustento no era más que alambre de púas. A pesar de eso Larios comenta que gracias a que la mayor parte de casa era de madera, no sucumbió a los estragos de terremoto de 1972.

La parte trasera de la casona aún sigue intacta, pero el tiempo se ha encargado de derruirla. 

“Yo no funcionará más. Quedará como casa particular”, dijo Larios, indicando que hasta el momento no se ha llegado a arreglos para la indemnización correspondiente a los 19 metros que se introdujeron a la propiedad.

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