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La falta de mallas, barandales y rótulos de prevención cerca de los bordes de cauces en los barrios y vías principales de la capital contribuyen a que se produzcan accidentes, como el que ocurrió cinco días atrás, cuando un vehículo cayó y fallecieron ahogados dos de sus ocupantes. Sin embargo, expertos coinciden en que no se pueden utilizar las mismas medidas de protección en todos los casos debido a que estas deben ir en dependencia de la cantidad de peatones que circulan por la zona, el flujo vehicular y la ubicación del cauce. 

La arquitecta Fátima D’Arce, especialista en paisajismo y urbanismo, considera que los proyectos de sistemas de prevención son urgentes en algunos puntos de Managua, aunque advierte que hay zonas más críticas que otras. 

Si hay un cauce y circula mucha gente a su alrededor que se puede caer “se tiene que poner un muro que sea eficaz para evitar tantas desgracias. En otras circunstancias se podrían poner vallas a cierta altura que detengan un vehículo”, explicó D’Arce. 

Aunque las normativas del diseño vial para peatones de la Alcaldía de Managua estipulan que se deben construir barandales de protección cuando hay un cauce al costado del andén y mallas cerca de los  conductos o drenajes superficiales, en muchos sitios todavía es arriesgado circular a los alrededores de estos canales pluviales porque no existe ninguna señalización acerca del peligro. 

Tal es el caso del cauce de El Dorado, que viene desde la zona del carretera a Masaya hacia el mercado Roberto Huembes y se extiende a un costado de la pista Juan Pablo II hasta desembocar en el lago Xolotlán. La tarde del pasado viernes 7 de julio, un vehículo particular que circulaba de norte a sur cerca de los semáforos de El Riguero durante un aguacero cayó dentro de este conducto, en donde no hay ninguna medida de protección. Una persona resultó lesionada en el accidente y otras dos fallecieron ahogadas en la corriente, cuyos cuerpos fueron recuperados al día siguiente en el lago de Managua. 

 “La solución es tapar todos los cauces porque todos son un peligro; o poner algún tipo de valla, puede ser de concreto o malla, que ya se han puesto, pero la falla cultural es que se roban las cosas, entonces desaparecen”, agregó la arquitecta. 

¿Proyecto trasvase?

Los proyectos trasvase, que son los que sirven para tapar los cauces son la solución más eficiente para evitar accidentes e impedir que los pobladores continúen botando basura, sin embargo, no son ejecutados hasta el momento por el alto costo que esto implica para las entidades de urbanismo, considera D’Arce. 

La especialista sostiene que los conductos pluviales abiertos de Managua requieren de más estructuras que prevengan incidentes de personas que caen dentro de estos. 
“Ahorita tenemos una gran deficiencia, no hay rótulos donde diga ‘Peligro no acercarse’ o ‘Peligro no caminar’”, acota.

El ingeniero Néstor Lanzas, especialista en hidrología hidráulica por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), señala otro de los problemas que hay con el drenaje pluvial de la capital. Considera que este no está apto para la cantidad de agua que recibe debido a que ha sobrepasado su capacidad y podría propiciar situaciones mortales para los pobladores. 

“El problema no es la seguridad, la seguridad uno la mete cuando hace el diseño, y si la cuenca va cambiando por el uso del suelo, lo que hacemos es cambiar la capacidad del cauce”, opina.

Lanzas aduce que los cauces ya están obsoletos y que el diseño pluvial de los barrios capitalinos no cumple con los requerimientos para que no se sobrepase su capacidad, para que el caudal se evacúe correctamente y se eviten inundaciones.

Las escorrentías

No obstante, más que una solución estructural de los cauces, el especialista asegura que el problema de los accidentes en los cauces podría evitarse si se controla el caudal de estos.  “Para manejar bien el sistema pluvial de Managua, hay que manejar bien la cuenca”, añade.

La cuenca sur, cuya extensión es de 825 km2, está compuesto por nueve cauces de zonas poblacionales de Managua, Ticuantepe y Ciudad Sandino y parte de los municipios de Mateare, El Crucero, Tipitapa, Nindirí y La Concepción, de acuerdo con los registros de la Alcaldía de Managua. 
El ingeniero vial David Gaitán indica que el aumento en el número de asentamientos, barrios y residenciales que descargan aguas en los cauces hacen que las velocidades de las escorrentías aumenten y sobrepasen su capacidad. 

Respecto al cauce de El Dorado, Gaitán detalla: “Ahí convergen tres cauces, al llegar a ese punto las velocidades son enormes porque hay alta concentración de agua”. 

Por su parte, el ambientalista Kamilo Lara añade que la problemática se agrava por la cantidad de desechos sólidos y sedimentos que son vertidos a diario en los cauces y arrastrados por las corrientes de las lluvias, aumentando así el caudal de las aguas y el riesgo de que o curra un incidente grave.

“Por falta de la cultura ambiental adecuada, aun con la posibilidad de evacuar los residuos sólidos con la recolección semanal de basura, la población aledaña sigue teniendo la mala costumbre de tirar la basura a los cauces”, sostiene Lara.