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En lo que va de este año 2017, un total de 39 mujeres han sido asesinadas por sus exparejas o parejas. Ocho de estas muertes han sucedido en este mes. El más reciente de estos femicidios se registró el miércoles de esta semana en la comunidad La Escoba, municipio de Diriomo, departamento de Granada.

A juicio de sociólogos consultados, los femicidios no deben ser vistos como un hecho singular, escandaloso o fuera de contexto, sino que tienen que ser entendidos dentro de los roles que la sociedad da a hombres y mujeres. 

Para María Teresa Blandón, fundadora  del programa feminista La Corriente, señala que los femicidios son el resultado de una cultura machista y no pasa de un momento a otro, sino que es la culminación de una continuidad de actos violentos en una relación.

“Antes de que ese hombre llegara a pensar en la posibilidad de asesinar a esa mujer, mucho antes ya la había agredido de muchas otras maneras, ya había aprendido a despreciar a esa mujer, no fue de un pronto a otro, tuve un arrebato y la maté, no. Ya hubo antes toda una cadena, toda una sucesión de irrespeto, de agresión, de control, de violencia”, explica Blandón.

Agregó que suele ocurrir que desde la sociedad también se den elementos que ayudan a legitimar ese comportamiento machista, tal como el hecho de sugerir que sea la misma mujer la que provoque que un hombre pueda actuar con violencia o abuso en su contra.

“Hay hombres y mujeres que dicen: bueno, pero para que andaba ahí, para que andaba de noche, para que bailó con ese hombre, por qué se quedó con él, para qué tomo licor, por qué no se fue más temprano, por qué andaba con esa gente; lo que le estoy diciendo es que hay diversas formas de legitimar, inclusive desde la familia.

Hay madres que lamentablemente dicen, quien sabe que le hizo ella porque mi hijo es una buena persona, vecinos que dicen que raro que él haya hecho eso, porque es una buena persona. La gente no quiere ver que esta cultura machista nuestra promueve una doble moral y esa doble moral es hay hombres agresores en todas las clases sociales que tienen un comportamiento público distinto al que hay en su ambiente privado”, argumentó Blandón.

No verlo como un problema aislado 

Por su parte Camilo Antillón agregó que hay que entender que el femicidio no se trata de algo aislado, sino que forma parte de todo un sistema opresivo contra la mujer.

“Hay distintas formas de violencia que se ejercen como una manera de reforzar una relación de poder y el femicidio es pues la culminación de un ciclo de violencia, de ese sistema opresivo”, señaló Antillón.

El sociólogo agregó que en ocasiones han existido denuncias previas que merecen haber sido atendidas y que sin embargo no se realizó a tiempo para tratar de solventar este problema sistémico y multidisfuncional.

“En estos casos la degradación de la mujer, compañera o excompañera, la violencia es ejercida como una manera de reforzar una relación de poder”, dijo Antillón.

Ambos especialistas coinciden en señalar que nadie está exento de vivir una situación similar es por ello que la educación y la construcción de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres son  un punto transversal para tratar de erradicar el problema de la violencia de género.