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En los últimos tres años la inversión en la red vial de Managua se incrementó en un 28 por ciento anual. Según los Planes de Inversión Municipal de los años 2015, 2016 y 2017 el aumento al presupuesto de proyectos de infraestructura vial fue de aproximadamente C$200 millones en total en esos tres años. El promedio anual de inversión vial fue de C$ 500 millones. En este 2018 el proyecto de ampliación de la pista Juan Pablo II marca la diferencia positivamente con una inversión de U$275 millones.

A nivel nacional la inversión en infraestructura creció 5.4% en 2017, según el BCN y en 2018 las proyecciones son de un crecimiento del 9.9 por ciento, mucho de esto se desarrollará en la capital en proyectos de centros comerciales, viviendas y edificios para oficinas.

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En declaraciones a los medios de comunicación, el secretario general de la Alcaldía de Managua, Fidel Moreno, considera que lo ideal es sostener una inversión anual de por lo menos US$500 millones (aproximadamente C$15,600 millones), como parte de la inversión para mejoramiento vial de la capital, para actualizar la infraestructura según las necesidades del crecimiento del volumen vehicular, para lo cual trabajan en un Plan Maestro de Modernización con meta al 2040.

“Aunque vamos por muy buen camino en esto, aún falta mucho para equipararnos con las condiciones de los otros países centroamericanos, lo que es un gran reto para el país”, destaca el urbanista y arquitecto Romer Altamirano, quien indica que hay una inversión focalizada en garantizar vías de acceso, algo que también implica un impulso importante en la economía.

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Altamirano señala que el atraso experimentado en Managua y el resto del país están de acuerdo al contexto histórico, teniendo en cuenta el terremoto de 1972, que destruyó casi toda la ciudad y la disgregó, alejándose del centro urbano y hace una década aún vivíamos entre los escombros del cataclismo.

Luego estuvo el impacto de la insurrección, seguida por un bloqueo económico y la guerra en los años ochenta, que significaron otra década perdida en este aspecto.

“La década de los noventa fue más de recuperación económica, siendo hasta la primera mitad de la década del 2000 que comenzó a verse cierto realce y posteriormente a la fecha es que percibimos una mejoría”, considera Altamirano, indicando que mientras Nicaragua buscaba cómo levantarse, en el resto de la región el desarrollo prácticamente no se detuvo.​

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El urbanista comenta que otro punto fue la disgregación del centro capitalino, creándose varios subcentros, alejándose del viejo casco urbano marcado por fallas sísmicas, además la población tenía mucho miedo de construir edificios, quedándose con estructuras horizontales.

“En la década de los ochenta hubo un intento por densificar la ciudad y un ejemplo fue el edificio Las Palomeras, en el barrio San Antonio, pero no continuó y ahora se está volviendo a construir en altura para viviendas multifamiliares como el edificio (Condominio Edificio del Norte), pero está dirigido a un grupo de personas con buen nivel de ingreso económico”, alegó el especialista quien insta a la municipalidad a crear las condiciones de accesibilidad a un grupo de ingreso más bajo.

“Otro aliciente para la construcción en altura, además de los nuevos sistemas antisísmicos, son los materiales de construcción, que agilizan las obras, le quita peso y son más seguros ante un terremoto. Además hay que considerar que existe un mapeo de las fallas sísmicas y eso permite conocer dónde podemos construir y qué tan alto podemos hacerlo, sin que esto represente un grave riesgo”, dijo Altamirano.​

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Para el ingeniero vial Armando Izabá, se está trazando el camino correcto en desarrollo de vialidad. 

“Por la falta de inversión en años pasados, ahora las calles no soportan el volumen de tráfico, pero eso está cambiando y se trabaja de poco a poco en proyectos muy costosos, pero altamente necesarios. Una ventaja es que eso conlleva también cambios en la red de alcantarillado, red de agua potable y canales de drenaje. Por otra parte recordemos que las carreteras nos ayudan a mover productos, y en esa medida se agiliza el comercio. Además, si te hace una carretera que te acorta distancia y ahorras combustible, esto se refleja en los costos de los productos”, enfatizó Izabá.

Desde el punto de vista económico, el ingeniero vial también indicó que la inversión en lugares de entretenimiento es importante, porque incentiva el comercio y genera ingresos locales, sin embargo está ausente el ordenamiento.

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“Lo que sí es necesario y donde no veo acción, es controlar la anarquía sobre los espacios públicos, de cómo los comerciantes se toman andenes y calles; tampoco hay un control del uso de suelos y hay ausencia total de poner un límite a  los comercios esporádicos, ya pululan a tal medida que las áreas de viviendas se ven afectadas por el movimiento y el ruido de comercios, restaurantes y bares. A tal medida que toda calle principal ahora es de tiendas y centros de servicio. Un ejemplo es desde la colonia Centroamérica hasta Rubenia, o desde la calle principal de residencial Altamira, hasta la rotonda de Cristo Rey, entre tantos otros”, en eso la municipalidad debe poner las manos.