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Aunque no cree representar al “típico inmigrante nicaragüense”, Jo Espinoza logró “con una combinación de pasión, reconocimiento y constante variación de sus responsabilidades” forjarse una carrera en el exterior. De padres nicaragüenses, ha vivido fuera de Nicaragua desde que tenía 2 años y en sus 60 años de vida ha residido en 14 países. 

Hoy día, Jo vive en Londres, Inglaterra, país en donde trabajó por 31 años para la Organización Marítima Internacional (OMI). Allí estuvo en 5 de sus 7 divisiones, y se desempeñó en los últimos años como jefe de la División del Medio Marino y de la División Administrativa. “Fui el primero y único centroamericano que ocupó altos cargos de dirección”, dice con orgullo el nicaragüense, graduado de leyes en la Universidad de Oxford y en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Londres.  

Jo afirma que de Nicaragua extraña sobre todo sus sabores culinarios. “El fresco de granadilla o de remolacha con limoncito. Y ni hablemos del marañón, la guanábana, el zapote, las tajadas de plátano con queso frito, el vigorón y el gallopinto”, sabores que aunque puede encontrar en Londres “ni se comparan con los que uno encuentra en Nicaragua en el mercadito o fritanga de la esquina”. 

Si bien se jubiló en 2016, entre otras cosas, por adversidades familiares, se ha enfocado en viajar y en buscar “cómo devolver algo de sus beneficios a la sociedad que me los ha dado”.

¿Cómo fue su proceso migratorio? 

Salí de Nicaragua porque mi padre, ingeniero civil y sanitario, fue reclutado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para laborar en los programas contra el paludismo o la malaria que la OMS tenía en el África. Así que, a los 2 años, este chigüín nica se encontró en el Congo por unos seis meses y luego en Mozambique por unos seis años. En 1967 nos fuimos a Togo y de ahí a Nigeria, Senegal, Gabon, Rwanda y Malí, hasta que, en 1977, mi papá fuera transferido a Turquía. 

A mis padres les preocupaba mucho que con cada cambio de país hubiera también un cambio de idioma, que mis hermanas y yo teníamos que aprender por no existir escuelas internacionales. Así que mis padres decidieron que teníamos que ser estudiantes internados con un solo idioma en un solo país: nos enviaron a Inglaterra. Con casi 10 años de edad vine al Reino Unido. En 13 años pude terminar mis estudios primarios y seguir toda la secundaria, universidad y maestría, mientras que el “hogar” continuaba siendo el África o Turquía, con visitas a Nicaragua cada dos años.

Me comentaba que fue el primer centroamericano que ocupó altos cargos de dirección en la OMI, ¿cómo se abrió paso en un ambiente tan competitivo?

De hecho, mi contratación por la OMI fue un proceso altamente competitivo. La organización publicó un anuncio para cinco puestos en materia de gestión de proyectos de cooperación técnica en los países en desarrollo, al cual aplicaron más de 1,500 candidatos de todas partes del mundo. Creo que me ayudaron a diferenciarme de los demás candidatos mis estudios en leyes y relaciones internacionales, los cuatro idiomas que dominaba (español, portugués, inglés y francés) mi experiencia profesional como abogado junior, y mi procedencia de un país en desarrollo.

Desde mi integración en 1985 a la OMI me apasioné de inmediato por sus temas, por la cooperación técnica y por el objetivo de ayudar a los países en desarrollo. Creo que esa pasión fue el factor primordial que mis supervisores identificaron en mí y que los llevó no solo a promoverme con cierta frecuencia, sino que también a transferirme de una división a otra. 

¿Trabajó directamente influenciando políticas marítimas para Nicaragua?

Cuando estuve a cargo de la asistencia técnica de la OMI hacia los países latinoamericanos, organicé muchas actividades de asesoría jurídica y técnica, y también de capacitación, ya sea directamente en Nicaragua o a nivel centro y latinoamericano. Espero que el apoyo brindado haya podido aumentar las capacidades humanas e institucionales de nuestro país para el análisis y desarrollo de políticas, textos legislativos y programas técnicos para la aceptación y cumplimiento de la reglamentación marítima de la OMI.

¿Cuál es el mayor avance que ha tenido Nicaragua en el cumplimiento de normas para mejorar la seguridad marítima y para prevenir la contaminación marina?

El país ha ratificado unos 20 tratados de la OMI y continúa examinando los méritos de otras normas internacionales para el transporte acuático y la protección del medioambiente en el espacio nacional. 

Entiendo que en junio de 2017 Nicaragua fue auditada por la OMI precisamente en cuanto a su implementación de ciertas normas de la organización. La auditoría tiene por objeto ayudar a los países miembros a identificar retos y a mejorar su legislación, estructuras y procedimientos para dar cabal cumplimiento a los estándares adoptados. Estar preparado para la auditoría de la OMI es de por sí mismo un gran avance y no me cabe duda de que el proceso, que incluye la preparación por Nicaragua de un plan de acción para abordar los resultados de la auditoría, ayudará a elevar aún más las capacidades de gestión en este sector y la calidad del transporte marítimo en Nicaragua. 

Asimismo, creo que el reforzamiento continuo del recurso humano en estas áreas tan técnicas, particularmente el de las autoridades públicas, siempre redundará en una implementación más efectiva.

¿Cuál es el reto más grande al que se enfrentó en su trabajo?

Creo que el reto más complejo lo tuve como director del Medio Marino cuando, en 2011, la OMI adoptó normas para controlar las emisiones de los gases de efecto invernadero provenientes de los buques mercantes. Lo que la OMI logró fue realmente histórico porque el transporte marítimo fue el primer sector industrial a ser reglamentado a nivel mundial.

La complejidad fue que, en materia de cambio climático, las normas adoptadas internacionalmente han diferenciado las responsabilidades de los países desarrollados y las de los países en vías de desarrollo. La controversia en la OMI se centró sobre si sus futuras normas en la materia debían aplicarse a todos los buques o solo a los de los países desarrollados. 

Las negociaciones de la OMI en esta materia, de la cual yo era el responsable técnico, fueron largas y sumamente delicadas. Pero se pudieron adoptar enmiendas al Convenio Marpol (para prevenir la contaminación por los buques) con normas aplicables a todos los buques y no solo a los de los países desarrollados, que entonces representaban tan solo un 25% de flota mercante mundial.

¿Por qué decidió retirarse?

Después de 31 años con la OMI, hice los cálculos sobre mi pensión y decidí jubilarme con antelación. Eso fue hace poco más de un año y desde entonces no he parado de viajar. Mis viajes han puesto a un lado algunas ideas que tengo en mente para apoyar a jóvenes artistas de los países en desarrollo.

En mi vida personal, soy viudo ya que mi pareja de 21 años falleció muy repentina e inesperadamente en 2013. Ese es el tipo de evento que cambia por completo la perspectiva que uno tiene sobre la vida y el futuro, y estoy bien claro que influyó mucho en mi decisión de jubilarme con antelación. Hoy entiendo perfectamente que la vida es muy corta y esos privilegios que han marcado mi vida, ya es hora de disfrutarlos aún más y de devolver algo de sus beneficios a la sociedad que me los ha dado.

¿Qué ha sido lo más difícil a lo que se ha enfrentado como migrante?

Creo que todo inmigrante tiene que apreciar las características del país extranjero donde se encuentre, sin por ello abandonar sus propias idiosincrasias nacionales. Es una cuestión de asimilación y considero que las experiencias de mi juventud y de mi carrera profesional me han dado una cierta facilidad para “encajarme”. He tenido el enorme privilegio de vivir en 14 países, de visitar más de 100 naciones y de dominar 4 idiomas ¡…y algo de turco! Como consecuencia de esa facilidad, lo tengo claro que siempre me sentiré muy, pero muy a gusto en ambientes multiculturales, multirraciales y multilingües.

¿Visita Nicaragua con frecuencia? 

Me encanta volver a Nicaragua, cosa que he hecho cada dos años desde mi niñez. Hasta que yo empecé a trabajar y a independizarme, mis padres, hermanas y yo regresábamos a Nicaragua a cada dos años, lo cual nos hizo mantener unos lazos muy fuertes con el resto de la familia (abuelos, tíos y tías, sobrinos y primos) y con la cultura, historia y política del país. También tuve que viajar a Managua más o menos una vez al año por motivos de mi trabajo con la OMI. Pero me gustaría volver con más frecuencia y quedarme por más tiempo.

¿Qué significó para usted recibir el reconocimiento Orgullo de mi País?

Cuando Guisell Morales-Echaverry, embajadora de Nicaragua en Londres, me informó que el gobierno nacional había aprobado que se me otorgara ese reconocimiento, para mí fue una doble sorpresa ya que tampoco sabía que ella me había propuesto como posible candidato. Estoy muy agradecido con el Gobierno y con Guisell por el gran honor que se me ha conferido, porque se trata de un reconocimiento oficial de mi carrera en la OMI como funcionario público. El Orgullo de mi País es para mí un reconocimiento particularmente único y muy especial.

¿Qué planes tiene ahora que se ha retirado? 

Lo que ahora deseo es conocer nuevos países y su gente, aprender nuevos idiomas, disfrutar el sol y echarme sobre unas arenas tropicales, porque en Londres llueve mucho, investigar sobre la historia de Nicaragua, cocinar y cocinar y siempre aprender nuevas recetas, volver a tener un ser querido a mi lado, conocer más a fondo los dichos nicas y los refranes, y quiero, sin duda alguna, reconectar con mis raíces latinas. Aunque un amigo nica que también reside en Londres me dice que “¡a pesar de los años que has pasado fuera del país, continuás siendo más nica que el pinol!”