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En la ciudad de Sweetwater, ubicada en el condado de Miami-Dade, hay una zona que se conoce como la “Pequeña Managua”, donde incluso es posible encontrar nacatamales los fines de semana, también abundan las fritangas y comedores con toda la variedad de la rica gastronomía nicaragüense.

En un módulo con aire acondicionado, ubicado en el vértice de la “ele” que forma el Centro Comercial Managua, sentado en su silla de barbero, don Vicente Guevara parece un veterano artista de las tijeras, pero es relativamente nuevo en este oficio.

Llegó como refugiado de Nicaragua en 1984, cuando tenía 30 años y aún soltero. No traía nada en sus manos, más que las ganas de trabajar, ahorrar dinero y regresar en 2 años a su Managua natal, pero las cosas no le salieron como pensaba, y en vez de una corta estancia, ya lleva 35 años en este país y todo indica que aquí se va a quedar para siempre.

Muchos de los negocios en Miami - Dade son de nicaragüenses que huyeron de los conflictos armados en los años 70 y 80. Orlando Valenzuela/END

Cuenta que no ha sido fácil establecerse en Estados  Unidos, sobre todo si se llega sin dinero y sin saber hablar inglés.

“Los primeros años fueron duros, muy duros, porque uno lo primero que viene buscando es trabajo, vivienda y comida, la dormida aquí cuesta si estás soltero y si estás con familia todavía más, pero ya encontrando su trabajito, uno va resolviendo y si no te metés en problemas puedes surgir, pero si te desvías y te metes en problemas esa es una deportación segura”, afirma Guevara.

Aprendió inglés estudiando 4 años en las escuelas, pero lo que más le ayudó en su aprendizaje fue su relación diaria de trabajo con los clientes “americanos”.

Los primeros 15 años trabajó con un permiso en remodelaciones de piso, lozas, baños, todo lo que era instalaciones internas, un oficio bien pagado allá, después se favoreció de la Ley Nacara y obtuvo residencia y después de muchos años, recibió la ciudadanía.

Guevara se casó en Estados Unidos con una muchacha de Estelí, con la que tiene un hijo que ya se graduó en comercio. Sobre su nueva profesión, confiesa que se volvió barbero después de retirarse porque se sentía muy aburrido en casa y un amigo le invitó a un centro donde brindan diversos cursos técnicos y él escogió barbería.

Al Vicent Barber Shop no solo llegan nicas, también venezolanos, salvadoreños, hondureños, colombianos, en fin, muchos latinos.

Una artista de arte celestial

En otro de los módulos del centro comercial, doña Nery Moreno, de 78 años, restaura imágenes de resina, madera, plástico, yeso y otros materiales.

Ángeles con sus brazos rotos, caras sin narices, manos con dedos quebrados, vírgenes con vestidos desteñidos o un niño Dios con pierna truncada.

Con habilidad artística y la paciencia que le caracteriza, doña Nery disfruta lo que para ella no es un trabajo, sino una diversión que le apasiona. Moreno egresó de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) y daba clases en el Colegio Bautista de Managua, hasta que en 1980, con la llegada del gobierno sandinista al poder, toda su familia salió de Nicaragua, la mayoría hacia Inglaterra, pero ella y su esposo escogieron Miami para empezar una nueva vida.

Antes de salir de Nicaragua, Nelly había trabajado en una galería de arte y quiso el destino que al llegar a Estados Unidos, en una galería faltaba una persona y alguien la recomendó para ese puesto, por eso ella siempre dice que tuvo suerte, “porque cuando bajé del avión, yo ya tenía trabajo”.

“Cuando vine, no sabía cortar vidrio y tuve que aprender a usar una máquina. Al principio, cuando sacaba las hojas de vidrio de la máquina, me causaba heridas finitas en las manos y alli estuve trabajando 6 años. Recuerdo que me decían “nica, pero para qué apuntás todo”. Yo apuntaba todo y cuando salí de allí puse mi galería”, dice la propietaria de Nery’s Art Gallery.

Vicente Guevara se jubiló, pero regresó a la vida laboral como barbero. Orlando Velenzuela/END

Ella critica a la gente que llega y de entrada lo quieren todo, aquellos que dicen “no puedo hacer esto porque no tengo carro”, cuando ella cogía tres buses para ir al trabajo.

La galería ubicada en el Centro Comercial Managua de esta ciudad se convirtió en una referencia de pintores latinoamericanos y de artistas plásticos nicaragüenses radicados en Estados Unidos, como el ya fallecido César Caracas, con quien inauguró su local.

Después vinieron otros pintores y más eventos culturales, hasta convertirse en un movimiento artístico que incluyó peñas literarias y más encuentros, pero con el tiempo no se juega y como ella misma lo dice: ”Cuando uno se pone viejo, ya no es igual, una exhibición exige mucho esfuerzo y ya nosotros estamos viejos, mi marido tiene 84 y yo 78 años, pero trabajamos todavía, no porque nos exijan, sino, porque queremos, estamos tranquilos, cerramos a la hora que queremos, mis hijos están graduados, nos ponen un cheque y nos dan todo, pero no hay como tener tu negocio y sentirse útil, porque eso te hace vivir”.

Nery Moreno es una de las más reconocidas expertas en restauración de imágenes religiosas de Miami, siendo las iglesias católicas y muchos de sus feligreses los principales clientes.

Además, da clases de cocina típica nicaragüense, cose trajes para santos, hace cuajadas, tortillas y elabora con moldes imágenes de La Purísima para que los nicas, aún lejos de su patria, conserven la tradicional Gritería.

La fritanga chontaleña

No se puede hablar de nicas exitosos en el exterior sin mencionar a Octavio Gallardo, que en su afán de traerse a su natal Juigalpa a estas tierras de Norteamérica, se trajo parte de la cordillera chontaleña cuando decidió inaugurar  su negocio de comida típica nicaragüense con el nombre de Fritanga Amerrisque, donde ofrece la misma comida casera que se disfruta en los hogares de toda Nicaragua.

En un pequeño local, ubicado en el mismo Centro Comercial Managua de Sweetwater, no solo nicas se llegan a saborear el variado menú que aquí se ofrece, sino también, colombianos, cubanos, mexicanos y gente de otras nacionalidades.

Jimmy Cáceres, administrador del local, cuenta que la idea era que el local funcionara como cualquier fritanga de Nicaragua, donde la gente llega, compra lo que le gusta y se lo lleva, pero para los que no quieren esperar, disponen de asientos para comer dentro. 

Se sigue la costumbre de preparar nacatamales los fines  de semana, sopa los lunes, el gallo pinto y la carne asada todos los días; además, sirven enchiladas, indio viejo, moronga, queso frito, carne desmenuzada, tacos, repochetas, empanadas de maduro, arroz a la valenciana, pollo asado y cerdo con yuca, entre otros platillos típicos.

“Lo que nos hace acercarnos al verdadero sabor nica son los condimentos, que los traemos desde Nicaragua, lo demás lo conseguimos aquí. El mondongo es sabroso, la gente no se queja, sobre todo que aquí el cliente número uno es nica y le siguen los cubanos, hondureños y salvadoreños”, reitera.

Una empresa de puerta a puerta

Los hermanos Jack y Elizabeth Rivas llegaron siendo niños a Estados Unidos, cuando sus padres salieron de una Nicaragua devastada por la guerra. Ellos se abrieron campo en este difícil mundo del traslado internacional de mercancías.

Una fritanga nica en Sweetwater, Florida. Orlando Valenzuela/END

La experiencia de más de 20 años de servicio en el negocio de envío de equipaje y remesas familiares desde Miami a la puerta de la casa de muchos hogares nicaragüenses ha hecho prosperar el negocio.

Por varios años trabajaron en una empresa de envíos de equipaje a Nicaragua y otros países, así acumularon experiencia, hasta que un día de tantos, Eliz, como cariñosamente es conocida Elizabeth, renuncio a la empresa para emprender su propio negocio, para lo cual contó con el apoyo de sus exjefes, con quienes se asoció al inicio. 

Empezó enviando paquetes de la ciudad de Miami a Managua y con el tiempo amplió sus servicios a toda Nicaragua. En la actualidad, UBA Express Cargo, nombre de su compañía, hace también envíos a Panamá, El Salvador, Guatemala y próximamente a Costa Rica, según adelanta Jack.

“Nosotros damos el servicio de equipaje adelantado, ese se manda y la familia lo retira en la aduana, pero también tenemos el servicio de paquetería pequeña a la puerta de la casa, además, el servicio paquetes grandes también a la puerta de la casa por vía marítima, y el tradicional servicio de envío de dinero o remesa familiar”, explica Jack.

“Hay personas que mandan vehículos, camiones de trabajo, artículos electrodomésticos como televisores, refrigeradores, ropa y otros productos. Lo más común es servicio de equipaje anticipado, para las personas que van viajando y llevan un exceso de equipaje, entonces lo mandan como remesa familiar y allá lo reciben”, detalla el empresario.

Nicas en EE. UU. preocupados por situación política del país

Todo nica tiene derecho a una bonificación de hasta US$500 en envío de equipaje como remesa familiar, siempre y cuando no sean productos de lujo ni repetidos, porque puede parecer como para negocio y entonces le van a cobrar en Aduana.

Los envíos se pueden hacer al menos dos veces al año a nombre de una hermana, un primo, el padre, la mama, una tía, alguien del núcleo familiar.