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  • EFE

¿Sabía que un solo correo electrónico que va acompañado de un archivo adjunto, y que es leído por varias personas durante cinco minutos puede llegar a producir una polución equivalente a 19 gramos de dióxido de carbono o CO2?
¿Sospechaba que realizar apenas dos consultas en Google equivale a hervir agua en una olla, generando 15 gramos de CO2?

Parecen unas cantidades exiguas de contaminación, pero multiplique esos pocos gramos de CO2 por los millones de correos electrónicos que circulan diariamente y la infinidad de búsquedas de información que realizan en la Red, y nos encontraremos con una respetable cantidad de toneladas de uno de los gases que más contribuyen al efecto invernadero y al calentamiento global.

Y no solo los correos electrónicos tienen un impacto ecológico insospechado. Las visitas a las páginas web en Internet, así como las trasmisiones de datos de un soporte electrónico a otro mediante memorias portátiles también ponen su granito de arena en ese árido desierto en el que el cambio climático amenaza con convertir a vastas regiones del planeta.       

Y no solo la electrónica de las aparentemente inocuas  tecnologías de la información (TIC) ayuda a ensuciar la atmósfera. La llamada “electricidad limpia”, es decir la que generan las centrales hidroeléctricas, emiten a la atmósfera  partículas de metano.

Según la Agencia para el Medio Ambiente y el Control de la Energía (Ademe, según sus siglas en francés) un correo electrónico con un archivo adjunto de un “megaoctect” (Mo), que leen varios usuarios durante cinco minutos, cada uno en su respectivo ordenador, puede generar el equivalente de 19 gramos de CO2.

El largo viaje de los e-mails
Para su investigación, la Ademe gala calculó el “coste energético” de la escritura y envío de correos electrónicos, siguiendo la cadena de producción y distribución, en su viaje desde el ordenador donde ha sido elaborado el e-mail, a través de los múltiples ordenadores del proveedor de Internet y las bases de datos que gestionan el tráfico de los envíos y recepciones, hasta llegar a sus destinatarios.

Todo este proceso tiene un costo más o menos preciso de energía que va aumentando a medida que el e-mail aparece en distintas pantallas y equipos, cada uno de los cuales tiene su propio costo energético, en electricidad, entre otros factores.

 “Enviar un correo con un fichero adjunto, como una foto, un documento en PDF u otro formato tiene un consumo energético más alto de lo que se imaginaba, incluyendo el costo de los materiales utilizados en todo el proceso de transmisión, cuya fabricación también ha consumido mucha energía”, explica el investigador Alain Anglade, ingeniero de la Ademe francesa. La Ademe estima que actualmente se transmiten unos 250,000 millones de correos electrónicos diarios, cantidad que podría duplicarse para el año 2013.

Según el informe de la agencia gala, “reducir un 10 por ciento el envío de correos en una empresa de 100 trabajadores supone un ahorro de una tonelada de CO2 al año”.

Otro dato revela que un “internauta” realiza una media de 949 búsquedas en Internet al año, lo cual significa que se emiten el equivalente a 9.9 kilos de CO2. Una buena utilización de los buscadores, que ahorre búsquedas, o de palabras claves precisas, permitiría ahorrar cinco kilos de CO2 al año.

Su estudio también calculó el efecto de la lectura de un documento de 200 páginas transferido mediante un dispositivo USB de 512 megabytes. Si se calcula el tiempo de lectura de cada página en tres minutos y que cien personas leerán el documento completo, las emisiones relacionadas con la transmisión de dicho documento suponen el equivalente a 80 kilogramos de CO2. Hace unos años la empresa Gartner, dedicada a efectuar análisis en el sector industrial, calculó que la actividad de la industria tecnológica genera a nivel global el mismo “gas de efecto invernadero” que las compañías aéreas de todo el planeta, alrededor de 2 por ciento de las emisiones de CO2.

El impacto energético de los buscadores
Por otra parte, un estudio de la Universidad de Harvard, en Massachussets, (EU), revela que realizar dos consultas en Google emite el mismo CO2 que el que se produce al hervir agua.

Cuando una persona introduce en la barra de Google las palabras de la búsqueda que quiere hacer, su consulta se dirige a varios servidores que se encuentran situados a miles de kilómetros entre si, en Estados Unidos, Europa, Japón y China, y que compiten el uno con el otro. Entonces, el portal muestra el que responde más rápidamente, para reducir al mínimo los retrasos en las búsquedas.

Según Alex Wissner-Gross, físico de la Universidad de Harvard, “Google opera con enormes centros de datos alrededor del mundo que consumen una gran cantidad de energía”, con lo que “una consulta en el buscador “tiene un impacto ambiental”, que este investigador ha calculado en siete gramos de CO2 por búsqueda.

Además, Wissner-Gross ha calculado que cada usuario de Internet, al visualizar una página Web simple genera 0.2 gramos de CO2 por segundo, cantidad que se duplica en el caso de que el sitio incluya imágenes complejas, animaciones o vídeos.

Según el físico estadounidense unas 200 millones de búsquedas diarias que maneja a diario el portal equivalen a emitir 1.4 toneladas de CO2 y emplean hasta 60,000 kWh diarios de electricidad.