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Pese a que han transcurrido doce siglos en Mesoamérica desde la desaparición de los Mayas seguimos haciendo las mismas cosas mal y con mayor nivel de gravedad. A las tierras deforestadas no se les da chance a recuperación, sino que se ocupan en actividades de ganadería extensiva. Experimentamos baja productividad agrícola y dependencia del clima para los cultivos. Para colmo padecemos un cambio climático provocado por el ser humano que eleva la temperatura y disminuye las precipitaciones. Científicos nos advierten volver la mirada al pasado y hacer un alto en sus aleccionadoras experiencias.

Cuando el profesor de geografía de la Universidad de California Jared Diamond, en el  año 2006, publicó sus estudios sobre la desaparición de algunas sociedades, fue impresionante aceptar su hipótesis sobre el caso de la cultura Maya, que según su planteamiento, fue impactada por toda una cadena de sucesos vinculados con la deforestación y el clima.

Basado en rigurosos estudios de muchos otros científicos a partir de los sedimentos, que permiten identificar la presencia de sequías y precipitaciones en el tiempo, entre otros indicadores biológicos, estimó la magnitud y época de la deforestación, concluyendo que el colapso de los mayas se produjo alrededor del siglo IX d.C y estuvo relacionado con causas como: crecimiento poblacional no acorde a los recursos disponibles, deforestación y erosión de laderas que disminuyó la cantidad de tierras aptas para el cultivo. Todo eso pudo ser agudizado por una sequía antropogénica causada por la deforestación, además de las   guerras internas que aumentaron la demanda de alimentos (frijol y maíz) que por naturaleza son bajos en proteínas.

Recientemente el científico Ben Cook del Instituto Goddard, hizo un examen profundo del uso de la tierra para esa época y descubrió que el clima en Mesoamérica era cálido y seco durante la temporada de lluvias y ello coincida con una gran deforestación, lo que podría haber amplificado grandes sequías naturales.

También el profesor Jed O. Kaplan y otros autores desarrollaron, en Suiza, un inventario sobre los cambios de la cubierta de la tierra producida por el ser humano desde hace 8,000 años. Ellos demostraron que las emisiones en aquella época, debido a la  deforestación y a la agricultura, son consistentes con los registros de los testigos de hielo y, apoyan la hipótesis de un mundo considerablemente más caliente desde entonces, lo que se pudo añadir a las condiciones cambiantes del clima en Mesoamérica.

Robert J. Oglesby y colaboradores en 2011 igualmente plantearon que las condiciones de sequías devastadoras de los mayas se debieron a una combinación de variabilidad natural -fenómeno El Niño- e intervención humana. El científico advierte que estos resultados pueden tener implicaciones aleccionadoras para el estado presente y futuro del clima y los recursos hídricos en Mesoamérica debido a la masiva deforestación que padecemos.

Hay que entender y actuar basado en el hecho que nada brinda mayor beneficio en esta región que mantener el bosque como estrategia de sobrevivencia inteligente, ya que son reguladores importantes del ciclo hidrológico, aumentando significativamente la recarga de agua subterránea. Además, son productores de agua para fines de producción energética, es un escudo de la población ante eventos meteorológicos extremos, mantiene los hábitats acuáticos, asegura material leños así como el hábitat para las especies. En fin, son el soporte de la  biodiversidad, que constituye un enorme capital natural y provee alimentos a las comunidades que lo habitan porque producen oxígeno, plantas medicinales, son un recurso turístico importante y capturan CO2. 

* El autor es doctor en Ciencias y director del Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología en Cambio Climático de la Universidad de Ciencias Comerciales.