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El nombre de Margarita López Miranda se conoce asociado a la academia. Notable dariana, biógrafa de personajes célebres y rigurosa crítica literaria. El presente poemario, “Más allá de la carne ausente”, la incorpora en esta ocasión a ese caudal vigoroso que es la poesía nicaragüense.


Posiblemente el trayecto común sea ir de los cantos de juventud al ensayo reflexivo de la madurez, a la racionalidad asentada en la experiencia viva y no a la inversa como lo hace hoy nuestra autora, maestra de generaciones, metódica y disciplinada.
¿Qué hecho pulsó las fibras más sensibles de nuestra asidua estudiosa de Darío, para que se dejara llevar por los caminos de la intuición y el sueño? Ha sido la desaparición física de su gran amor, amigo y mentor, quien la hace exclamar a cuatro meses de su partida: “No puedo reponer tu ausencia”.


Los poemas a “la carne ausente” van desde la tristísima resignación: “con el fardo de tu vacío a cuestas / me asomo a la luz de cada día”, como por la pasión de otro tiempo en que invita de nuevo, ardorosa, al esposo-amante: “Campea en mi recuerdo / como antes sobre mi vientre / Quiero sentirme luna / engendrada en cielo nicaragüense”, poemas de intimidad entre dos respetados académicos que hacen sonreír en la complicidad, cuando se lee: “Allí estabas, varón completo / doctoral, atractivo / enfundado en tu saco, /mago fascinante, / haciéndonos malabarismos /con artes de ciencia humana. / Zeus Araucano / penetrándome con rayo fulgurante / de doble filo / cerebro y corazón”.


El sosiego llega después a la prosa evocativa de los días de la pareja nutriéndose de la amistad de otros y así lo expresa en: “Dos momentos en la memoria” y “Reconstrucción de tu figura” para indefectiblemente procesar el duelo y poder expresar en “Sobrevuelo del tiempo”: “Bebe, corazón, paladea esta dulce y nostálgica memoria, pero ten en cuenta el inevitable, triunfante olvido perpetrado por el tiempo”.


Es el dolor sublimado en estas páginas el que abre esa puerta mágica por donde comienzan a transitar los recuerdos de los ancestros y la promesa de futuro en hijos y nietos, convertidos en temas de estos sentidos textos.


Hija del inclaudicable líder conservador, Francisco José López Fajardo, y de la extraordinaria mujer, Margarita Miranda, pionera de la industria casera en el departamento de Boaco, la poeta, se reconoce:
“Entre severidad y amor/ marcaron el paso / a mi pequeña estatura ¡Y lograron el milagro! Hacerme como soy: / Incompleta, imperfecta, frágil, vacilante / Creciente, perfectible, firme, constante. / Entre arena y mariposa / trazo mi camino.”
El amor materno surgido de su temprana relación conyugal, lo expresa en la madre como eterna centinela con los siguientes versos de ineludible procedencia dariana: “Cáliz amoroso / luna llena / vigilante del camino / por donde van ellos / en alegre tropel / “como centauros en la llanura”. / Criaturas de tres naturalezas --así las designaba el Poeta-- /divina, humana, instintiva, / en busca de su quimera, / de su isla de Sol…”


A los nietos dedica un festivo villancico y otros textos de abuela cariñosa, unas veces trasladando su inquietud por el futuro de estas criaturas del alma llegadas a las puertas de un mundo lleno de incertidumbres: “Y ahora serán ya cuatro hermosas vidas / asomándose al espacio de lo tangible / escudriñando amorosos y confiados / la redondez verdeazulada del entorno / Con la inquebrantable decisión / de reencontrar para sí mismos / lo que aún nos queda / de éste que un día fuera paraíso terrenal”. Y otras, reafirmando su fe en el amor: “Y porque el mar / como las madres / anhelamos siempre para el hijo / y para los descendientes del hijo, / la envoltura feliz de nuestras olas / extendiendo, enroscando, / una y otra y otra vez / besos, alas, / vaivén marino, humano / vida, flor, coral...” Este amor a los suyos, lo extiende a ese entorno social que solidariamente asume en los poemas: “Tu dolor mío” y “Rescate de la inocencia”.


La Patria es también evocación, de quienes infatigables lucharon hasta la muerte por la libertad y la democracia, en primer lugar, su propio padre y con él, el mártir de las libertades públicas, Pedro Joaquín Chamorro, a quienes dedica el poema y ante cuya memoria reflexiona dolorosamente: “La patria es como un hijo muerto / (Lo imagino solamente) / Duele sin descanso / Se reaviva en la ignominia”.


Margarita López Miranda, entrega al público este poemario en una etapa de su vida en la que nos dice:
“Entonces, te desenroscas de ti misma / de tu propio cascarón / y creces, entre caricias y empellones / hasta alcanzar deleitosa gustación / el anhelo de tu sed: vasto mar, cielo interminable…” y mujer con sentido de trascendencia, se interroga en su poema Destino:


“Si fuera sólo el destino / la clave de la vida / ¿Nos conmovería tanto el sentir? / ¿O nos haría menos daño el pensar?”
Cierra su colección con el tema que originó estos cantos:

AMOR

¿Para qué? ¿Por qué?
¿Para quién? ¿Por quién?
O amor sólo es la respuesta.
Con estas palabras liminares, les dejó en el umbral de esta poesía que ha sido escrita desde el amor para el Amor.