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Buenas Noches queridos amigos y amigas. Quiero, primero que nada, dar las gracias por su presencia a mis papás que vinieron de León, a mis familiares de Honduras, al Centro Nicaragüense de Escritores, al que con mucho orgullo pertenezco, a su presidenta la poeta Vidaluz Meneses, a su secretaria Luz Marina Acosta, a los directivos del Festival Internacional de Poesía de Granada, a mis amigas y colegas poetas Isolda Hurtado, Presidenta de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), a la que también pertenezco; al poeta Tacho Lovo por el cuido de la edición, a Julio Valle, Gioconda, Sofía, Karla, Celina, María José, Lucy, Rossana, Patricia, por estar aquí acompañándome en esta presentación, que es la más especial de todas.


Me siento emocionada y feliz, a pesar de que hace falta la presencia de Eduardo Báez Cruz, quien se entusiasmó con la publicación de este libro. No puede estar aquí, porque se nos fue en mayo pasado. (También me hacen falta Boris y mis hijos, que saltaron de alegría cuando recibieron la caja con libros en Brasilia)


Es una ocasión especialísima porque éste, que es mi cuarto poemario, es en realidad el primero. Él representa el comienzo de un sueño que de niña tuve cuando en León aprendía, desde chiquita, a amar la poesía, y le recitaba versos a Alfonso Cortés en Poneloya.


Porque estos poemas fueron escritos en los años de 1973-1974, después del terremoto; esos años difíciles preinsurreccionales cuando la niña que yo era, percibía su entorno, y que además de cantarle a sus amigas, a los muchachos que le gustaban, a su cuarto y a su guitarra, se rebelaba contra la injusticia.


El espacio y el tiempo, dos conceptos que me han venido rondando desde que mi madre desempolvó estos poemas. Ella, que con entusiasmo los pasó a máquina, papel cal cal, a triple copia cuando no había computadoras, para que concursaran en la UNAN-León. Sólo el entusiasmo de una madre puede lanzarnos a la vida con tanta seguridad. El espacio y el tiempo transcurridos desde que los sacó de su cofre de tesoros y me los entregó hace ya algunos años.


Recuerdo que se los llevé a Pedro Xavier Solís, que era entonces editor de La Prensa Literaria, para que publicara algunos, pero nunca lo hizo. Veinte años antes, Julio Valle-Castillo me había dicho que guardaba la copia que había concursado en el Mariano Fiallos Gil de Poesía de 1975, con anotaciones del poeta cubano Cintio Vitier, pero nunca me los mostró. Fue hasta que Eduardo Báez me pidió hace año y medio que le visitara en Jinotepe y le llevara los poemas, que el libro cobró vida, y se convirtió en esto tan lindo y tan dulce, con ilustraciones de la argentina Marta Toledo.


El tiempo, que algunas veces es implacable y nos destroza. El tiempo que confirma, cuando la obra de arte tiene calidad. Calidad que perdura con los años. La primera vez que en la vida publiqué poesía fue a mis 17 años, en abril de 1980, en La Prensa Literaria, cuando esta no se había dividido, y Pablo Antonio Cuadra era aun su director. Me publicaron dos poemas que están aquí en el libro y que voy a leer.


El espacio entre mi ventana y una estrella que nunca ha existido. En ese entonces mi mundo era León, y era feliz caminando sus calles, queriendo atrapar el sol de sus aceras. El apaleado y jodido León que ha sido cuna de grandes poetas de nuestra Nicaragua. El León que continúa pagando los pecados de Pedrarias.  


Mi mundo era el Colegio La Asunción (mis amigos, mi cuarto, mi guitarra y hasta mis zapatos.) Y mi recreo eran la hacienda familiar y Poneloya, ambas abrieron mis poros a la naturaleza.


Ese mundo fue expandiéndose sin proponérmelo, llevándome a diversos continentes atada al cordón umbilical de Nicaragua. El espacio que se ensancha y que ya no es ajeno y que sin saberlo, como una profecía personal describí en estos poemas.
Creo que debemos oxigenar al niño o niña que llevamos dentro. No hay que dejarlo morir. Hay que cuidarlo y amarlo, hay que rescatarlo. Creo que no hay que buscar alegría en cosas lejanas o complicadas, sino buscarla en las cosas sencillas de la vida. Les dejo entonces estos poemas que no solamente son aptos para menores, sino para lectores de hasta 100 años de edad.
Los abrazo. Gracias.

Managua, jueves 10 de febrero de 2011.