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En una edad en la que muchos creen que el horizonte está hecho de ilusiones y diversión, de sueños y fantasías, de anhelos y esperanzas, María Fernanda Vogel Lacayo se ha negado la posibilidad de divagar en las deliciosas aguas de la tranquilidad, cuando la vida parece ser color rosa, y con los pies puestos sobre la tierra, reflexiona sobre el vínculo holístico entre el ser humano y el mundo.


Esta precoz pintora reconoce que su pasión por los lienzos y los pinceles puede ser genética, debido a que tanto en su familia materna como en la paterna ha habido artistas.


Asimismo, no elude manifestar lo difícil que ha sido abstraerse en el arte, pues obviamente deja de hacer las cosas propias de cualquier adolescente, sin embargo, esto no le molesta, ya que dice que “siempre he sido como viejita, me he interesado en las cosas más serias y así he sido feliz”.


En realidad no es como viejita, sino madura y sensible, a tal grado que asumió el reto de conjugar el arte, una pasión que requiere mucho tiempo, con sus estudios, y pues “ha resultado cansado, pero vale la pena”.


En cuanto a cómo llega a la esfera de los matices y las espátulas, María Fernanda dice que “desde niña me gustaba la pintura, sentía una atracción hacia la oportunidad de expresarme mediante la combinación de colores, luego decidí materializar mi interés y desde hace dos años, más o menos, inicié a estudiar con la profesora Alejandra Duquestrada, una de mis artistas favoritas, en quien no sólo he encontrado una excelente maestra, sino una amiga también”, compartió.


A pesar de saber que había adquirido muchas técnicas, en febrero de 2010 participó en una exposición colectiva junto a otras alumnas, y es hasta ese momento que tomó conciencia sobre la calidad de su obra, ya que vendió muchos cuadros. “En esa ocasión me dije, yo puedo seguir con esto y quiero saber hasta dónde puedo llegar”, dijo María Fernanda.
Ese éxito llevó a esta jovencita a exigirse mucho más y su dedicación ha sido tal que ha recibido muchísimas horas de clases. Un año después mira el fruto de su consagración al arte y sus 20 cuadros son los galardones que darán vida a Favelas, la exposición que abrirá a partir del 24 de marzo.


Favelas
El título tan sólo es un significante cuyos significados varían según el contexto cultural, no obstante, la esencia del término es universal, porque la pobreza, el hambre, el dolor y los riesgos de una niñez sin expectativas son los mismos en las favelas, los asentamientos, los tugurios, suburbios o como se le llame a esos compartimentos en los que la esperanza es un hilo casi imperceptible.


Más allá de cubos dispuestos unos sobre otros, emulando el hacinamiento y el desorden “arquitectónico” con que crecen esos submundos en los que viven seres humanos que se diferencian de los otros por tener menos oportunidades, en esta exposición seremos testigos de la sensibilidad de la artista que se declara compungida con el dolor humano, la pobreza y la desesperación.


Por otro lado, advertimos que hay un juego irónico en lo maniqueo de los opuestos, de ahí que relacione el imperio de las transnacionales con el reino de los desposeídos que utilizan los desperdicios que desechan estas grandes fábricas para construir sus hogares, y de paso pues hasta les hacen publicidad gratis, marcando con sus eslogan y logotipos las paredes de su maltrechas casas.


Su interés hacia esta realidad deviene de su acercamiento a personas que viven en esta esfera de limitaciones, a través de voluntariados y obras sociales que también ha realizado junto a su mamá.
“Nicaragua es pobre y para mí el arte debe ser un medio para decir esto está pasando, por eso aprovecho la exposición para manifestar la pobreza en la que vive mi país”, confesó.


Veladura, espatulado, rodillo y chorreado son algunas de las técnicas a las que recurre María Fernanda para transportarnos por los ríos de colores hacia ese mundo que retrata en los acrílicos sobre lienzos que impregna con su pasión por el arte y la admiración y respeto a esos círculos de desprotegidos, cuyos caminos sólo conducen al dolor, sin embargo, muchos encuentran la felicidad en medio de tanta descomposición social.


Una característica de María Fernanda es que se atreve a jugar con los colores  fuertes, rojos, azules y negros son omnipresentes en sus composiciones, sin olvidar que calca los grafittis mediante los que la juventud de las favelas expresa su sentir y su rechazo hacia la sociedad.


Sin lugar a dudas, esta chica no es una promesa del arte sino una artista a la que no le da miedo llegar a un punto en el que pueda pensar que por la pintura dejó de vivir, porque además de sentirse plena con cada trazo que realiza, considera que hay un balance en su vida, de ahí que tiene tiempo para su pasión, su familia, sus amigos y el crecimiento espiritual.


Favelas, una muestra curiosa, impactante, estremecedora y estética espera a los amantes del arte en Galería Códice, del jueves 24 de marzo, a partir de las 7:30 PM, hasta el 6 de abril.