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Nada de lo nicaragüense le es ajeno. Dotado de una inmensa memoria y de una increíble voluntad de escribir y descubrir lo nicaragüense, Jorge Eduardo Arellano levanta y rescata a cada día, día a día, esa Nicaragua, que de no ser por él sería para nosotros una desconocida. Inexistente.
Con sus artículos, ensayos, monografías, libros que ha escrito, se podría cubrir y recubrir dos o tres veces, multitud de veces, el corazón triangular del territorio nacional. Si Nicaragua no existiera, Jorge Eduardo Arellano la hubiera inventado. La sigue inventando.
 “Arellano lo debe saber”, “Arellano lo debe tener”, “Preguntale a Arellano”, son expresiones muy comunes que se escuchan cuando alguien anda buscando una fecha, un nombre, una información, un libro o artículo sobre Nicaragua. Y es que Jorge Eduardo Arellano conserva en su memoria todo lo que es posible o imposible saber de Nicaragua. Lo precolombino, la conquista, la época colonial, la independencia y todo lo que viene después, encuentra y ha encontrado en él, en su memoria y en su voluntad, la esencia y la presencia.
Cada libro o ensayo o artículo de Arellano es una revelación, un descubrimiento que nos ayuda a tocar el alma nacional. Nada de lo nicaragüense le es ajeno. De ahí que Arellano nos hable no tan solo de Nicaragua, sino de todo lo que le ha formado o deformado, España y todas las Españas, lo centroamericano, todo lo que toca o la ha tocado.
Tratar de completar una bibliografía de su obra es una tarea casi imposible, porque mientras se enumeran los títulos de sus libros, ya andan por el mundo cuatro, cinco, seis libros sobre historia, religión, literatura, política, economía, biografías de hombres y mujeres nicaragüenses que de no ser por Arellano, estarían perdidos, desconocidos, ignorados. Rescatar a Nicaragua, el hombre y la mujer, el paisaje, el espacio y el tiempo nicaragüense, eso es lo que Arellano ha venido haciendo, está haciendo, continúa y continuará haciendo en Nicaragua, en Chile, en España, en Alemania, en Estados Unidos, esté donde esté. Su pasión es Nicaragua.
¿Sobre qué escribe Arellano? Más bien la pregunta sería, ¿sobre qué no escribe? Prólogos, introducciones, presentaciones en una gran variedad de publicaciones: en libros, tesis, disertaciones, catálogos de pintura, de escultura, boletines de la Academia o de la anti-academia, salen a cada momento de Jorge Eduardo Arellano. Sus libros son incontables y todos vienen llenos de otra cantidad de libros que ha leído y anotado, de innumerables fuentes de información, de investigaciones que llevó a cabo en todas las bibliotecas y todos los archivos. Libros que se documentan con fechas, notas, fotos, referencias, citas.
Labor de investigación y de creación. Poeta, cuentista, novelista ¿escritor de teatro?, no me atrevo a decir que no, porque tengo miedo que me mande mañana una lista con tres o cuatro títulos de obras de teatro que ha escrito, y que yo desconozco, porque he perdido, hemos perdido, todos han perdido, la cuenta de lo que escribe y sobre lo que escribe. Y si no ha escrito obra de teatro, ya la escribirá, o ya la está escribiendo.
Yo sé poco de Nicaragua, de su historia y de su geografía. Cuando era director de Encuentro, la revista de la Universidad Centroamericana, el rector de la universidad en ese tiempo, Arturo Dibar, y Álvaro Argüello, director del Instituto Histórico Centroamericano de la Universidad, me sugirieron dedicar el número seis de la revista, a los 450 años del aniversario de Granada. Le hablé a Arellano del proyecto y le dije que de Granada yo no tenía nada. Al día siguiente se me apareció con una increíble cantidad de documentos, dibujos, fotografías, artículos, manuscritos, cartas. Con el material hubiera podido publicar tres o cuatro números de la revista. Cuando salió el número, le di las gracias a Arellano escribiendo en la contraportada interior: “por facilitarnos documentos, artículos y libros hoy agotados y difíciles de conseguir”. Honor a quien honor merece.
Una vez que lo vi en su casa, me mostró sus archivos, me habló de varios libros que escribía o ya iban a salir. Ya salieron y sigue escribiendo otros. Para Jorge Eduardo Arellano, un escritor de infinitos, inagotables dones, ningún libro es un libro, es parte de una inmensa enciclopedia —hecha con pasión— que no cesa de escribir. Una obra que es él y no es él. Una obra que se llama Nicaragua. En la obra de Arellano circula todo lo que ha configurado a Nicaragua, todos los que la han hecho, o la hemos deshecho, un laberinto luminoso, a veces, lleno de una profunda oscuridad, otras veces. Túnel que es la historia y el ser de toda Nicaragua.