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La fugitiva comienza con la llegada de los restos mortales de Amanda Solano a Costa Rica, su país natal, en medio de una total indiferencia, allá por el año 1961. Había muerto cinco años antes en México, su lugar de adopción, después de haber renunciado a su identidad costarricense. Aunque ni en el país que la vio nacer ni en el que murió encontró esta mujer su sitio, moviéndose siempre como una fugitiva por la vida. Pero, ¿quién fue Amanda Solano?

Tres voces nos contarán su particular visión de la que pudo haber sido una fantástica escritora y acabó consumida por su belleza. Primero será Gloria Tinoco, amiga de la infancia, la que nos ponga en antecedentes de la familia Solano, aprovechando así para describir la Costa Rica de los años cuarenta y cincuenta y su propia vida. Gloria, aunque alejada del concepto que tenía Amanda, siempre se mantuvo a su lado. Gracias a ella conoceremos a la Amanda más personal, enamoradiza, rebelde, pero a la vez consecuente con las decisiones que toma, tanto si van a favorecerle como si no, esclava de su pasión por los hombres y luchadora empedernida por la libertad de la mujer, esposa y madre. Será, sin duda, el retrato más humano de la protagonista.

La segunda voz la pondrá Marina Carmona, compañera y amiga de estudios. Con ella viajaremos a la mente más política y calculadora de Amanda, presa en un país que cree que no la entiende y al que ve hundirse en su miseria. Gracias a Marina sabremos que Amanda llevó, en algunos momentos, una doble vida, sin llegar a tener muy claro dónde acababa una y empezaba la otra.

Pero será Manuela Torres la más directa en su percepción de Amanda. Manuela, cantante y lesbiana confesa, conoció todos los aspectos de la Solano, y de todos se enamoró perdidamente, viajando con ella al otro lado del mundo sólo para verla a punto de morir. Ella relatará los últimos momentos de la que acabó siendo la trágica vida de Amanda, enferma por culpa de su primer marido, y hundida en la miseria por no haber podido sacar todo el maravilloso talento de escritora que llevaba dentro.

No importa si Amanda Solano llegó a publicar algo o no, si podría haber sido una gran novelista o supo vivir de su leyenda, la realidad es que se trató de una mujer increíble que marcó la vida de mucha gente y murió olvidada por todos.