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Fuertes (*)

Desde su existencia como nación independiente, el territorio de Nicaragua ha sido objeto de impunes despojos por parte de sus vecinos, un proceso en el que han intervenido  el arribismo inescrupuloso de sus vecinos, y la inercia de quienes  no utilizaron los debidos mecanismos para defender la soberanía nacional. De este modo se perdió el Guanacaste en 1825–1858; San Andrés y Providencia, en 1928; y el Territorio en Litigio, en 1960. En este caso, haremos algunas puntualizaciones básicas referentes a los orígenes y evolución del conflicto con Costa Rica, que continúa sin resolverse de forma definitiva.
La oportunidad de Costa Rica. En medio de la guerra civil de1823, un delegado del Gobierno costarricense se entrevistó con un representante de una las facciones en León, para solicitarle la cesión de los antiguos partidos de Nicoya y Guanacaste a Costa Rica. La respuesta al delegado tico, fue que lo decidiera el Congreso Federal de Centro América. Esta displicencia de un ocasional representante de una de las facciones,  fue más que suficiente, para que -contra la voluntad de la mayoría de los habitantes de Nicoya y Guanacaste- Costa Rica, obtuviera temporalmente estos territorios en 1825(Pérez, J. 1975. P.501–502;Álvarez Lejarza,2001.P11).Iniciándose desde entonces, un proceso expansivo a costa de Nicaragua y que tuvo culminación con el Tratado Cañas – Jerez en el año de 1858.
Las fuentes originales demuestran las hábiles maniobras que implementó el Estado costarricense, para asegurarse primero el control total del antiguo territorio nicaragüense  y después extenderse más  hacia el Norte para conquistar parte del Istmo de Rivas,  el borde Sur del Gran Lago y el Río san Juan, para realizar sus transacciones comerciales por el Atlántico. En este afán, los círculos de poder  de Costa Rica, no escatimaron alianzas con aventureros de toda laya y potencias extra continentales (Bolaños Geyer, 1999. P.145–151).
En los contenidos se expresan las políticas de violenta represión al pueblo guanacasteco de parte de los gobiernos ticos, (doc. cit Pérez Z. 2001.P.122–123) no exentas de abiertas amenazas de muerte, despojo de propiedades, secuestro de  familias. Tal como lo expresan los bandos y decretos oficiales de 1826 y 1843) (Álvarez Lejarza, 2001.P.22–23; 33–34)., orientados a aplastar a los partidarios del retorno a Nicaragua. Una política que corrió paralelo a hacer constantes concesiones y exenciones  a los pueblos, para atraerlos hacia la política oficial, sobre todo a partir de la década de 1830 y 1840(Pérez Z. 2001.P.118–119).  
En contraste, con esta situación,  la debilidad de las élites nicaragüenses de la época, fue evidente, mas volcadas a las confrontaciones localistas, que a defender  las jurisdicciones y población que por el Utis possidetis le pertenecían desde 1821. Poca atención le pusieron a colectividades  que -como los nicoyanos- corriendo los riesgos señalados, reclamaron constantemente  ser parte de Nicaragua (Álvarez Lejarza, 2001.P. 19–20).
Hacia mediados de la década de 1840, cuando las élites locales reaccionaron y empezaron a tratar de darle repuesta al diferendo  con Costa Rica, sobre todo a partir de la administración de José León Sandoval en 1845, los problemas se habían tornado complejos. En tanto, Gran Bretaña empezó a presionar con mas énfasis y a realizar acciones militares, para hacer “valer los derechos del reinado Mosquito” sobre el San Juan y la vía del Canal. Costa Rica ya había incluido el Guanacaste como parte de su territorio desde 1841 y solicitaba como parte del mismo: desde el río La Flor en Rivas siguiendo sobre la margen derecha del Gran Lago y el río San Juan hasta su desembocadura en el Atlántico (doc. Cit. por: Perez Z., 1887.p.130).  Es decir, que la incipiente diplomacia nicaragüense tuvo que combatir en dos frentes.
 No obstante Nicaragua logró realizar con Costa Rica, los tratados de Masaya de 1846 que entre otras cosa garantizaban la soberanía nicaragüense de parte del Sarapiquí y total del San Juan; derecho de navegación a Costa Rica ;el delineamiento de la frontera desde un punto medio entre la Matina y San Juan de Nicaragua, entre el Atlántico y el Pacífico. Finalmente someter a un arbitraje con representantes de Centroamérica el problema de El Guanacaste (Álvarez Lejarza, 2001.P.39–42).e. En 1849 Nicaragua reclamó a Costa Rica por los boicots que realizaba para no resolver el diferendo de una vez por todas, demostradas en su constante ausencia de las reuniones centroamericanas y su abierto coqueteo con los británicos (Gámez 1975. P. 426–427).
Walker, un Villano Oportuno. Costa Rica al percatarse de que Nicaragua, no estaba dispuesta a ceder pacíficamente Guanacaste y el San Juan, además de aliarse a Gran Bretaña(Bolaños G., 2000. P.14), se preparó militarmente(entre 1849 y 1855) para consolidar el territorio ganado (El Guanacaste) y conquistar los bordes del Gran Lago y el San Juan hasta la desembocadura, es decir para entrar en guerra con Nicaragua(Bolaños G, 2000.P.20–21). La repentina llegada de Walker en 1855, hizo que estos planes se alteraran e involucró a todos los estados centroamericanos en la Guerra Antifilibustera de 1856 -1857. Costa Rica aprovechó la misma, para consolidar sus posiciones tradicionales en Guanacaste y ocupar  los puntos claves en el Gran Lago y toda la vía del San Juan hasta la desembocadura. Las declaraciones públicas del gobierno de Juan Rafael Mora de perennizar la ocupación   de estos en Octubre de 1857, condujo primero: a un estado de guerra entre ambas naciones (Álvarez, 2001.p. 79 81)  y después a las negociaciones de abril de 1858.
El Tratado Cañas –Jerez.En abril de 1858, se celebró en San José el tratado de límites mediante el cual Nicaragua concedió a Costa Rica el Departamento del Guanacaste y el derecho de navegación perpetua sobre el río San Juan, la margen derecha del mismo río a partir de El Castillo hasta la desembocadura, incluidas las islas del delta (Álvarez,2001.p,79 81) . Nicaragua conservaba por su parte, la soberanía del Gran Lago y el San Juan. Perdiendo de  este modo, trece mil kilómetros cuadrados. Costa Rica ganó un tercio de territorio, una fértil y estratégica extensión geográfica que le permitió acrecentar su desarrollo económico político y social. Este tratado dejó abierta la posibilidad a Costa Rica de mayores expectativas, con una línea trazada al borde de la ruta canalera y por lo tanto, con ciertos derechos sobre la misma y sin definiciones precisas.
En 1871, el presidente Vicente Cuadra, desconoció el tratado de 1858. Igual postura sostuvo su sucesor Pedro Joaquín Chamorro entre 1875 y 1879, provocando la reacción brusca del mandatario costarricense, general Tomás Guardia. Al no poder convencerlos por la vía diplomática, Costa Rica recurrió al viejo ardid de sus predecesores. Primero, en 1872, invirtió recursos implementar una rebelión contra Cuadra que incluía su asesinato; después, en 1876, utilizó al mismo general Máximo Jerez para que encabezara una rebelión contra Chamorro. Ambas tentativas fracasaron (Álvarez,2001.p,101-115).
Durante el Gobierno de don Evaristo Carazo (Álvarez,2001.p,117-119), previas tensiones, no ausentes de provocaciones tales como la navegación en 1886 de un buque de guerra tico sobre el río, ambos países se sometieron a un laudo que tendría como árbitro al presidente de los Estados Unidos Stephen Grover Cleveland, en 1888.
El Laudo Cleveland y los laudos Alexander (1888–1900).El Laudo Cleveland en 1888 y los posteriores laudos Alexander, fueron producto de una solicitud de ambos países de someter las interpretaciones del Tratado Cañas Jerez a un arbitraje internacional, ante la insistencia de Costa Rica de obtener derechos sobre el proyectado canal interoceánico por el San Juan y el Gran Lago. Estos laudos en su conjunto dieron la razón a Nicaragua sobre su soberanía total sobre el San Juan y reafirmaron el carácter netamente consultivo de Costa Rica, referente a cualquier proyecto canalero.
Los laudos Alexander (entre 1897 y 1900) en particular, fueron, una interpretación minuciosa en el terreno, definieron una serie de particularidades técnicas del mencionado Tratado. Edward Porter Alexander, experto ingeniero, nombrado por Cleveland para trazar la línea divisoria entre ambos países, hizo un estudio sobre los puntos de disputa que hasta hoy son objeto de agudas contradicciones.
La línea divisoria la trazó del extremo Noroeste de tierra firme de Punta de Castilla: “su dirección será recta y Suroeste a través del banco de arena desde el Mar Caribe hasta llegar a la Laguna de Harbour Head (…) Al llegar a las aguas de la Laguna del Harbour Head, la línea divisoria dará la vuelta a la izquierda, o sea al Suroeste y continuará marcándose en el primer caño que encuentre”. (Alexander, Laudo1)
Esta línea, según el experto, llega hasta el propio río San Juan. La interpretación actual de Costa Rica es que la línea que da vuelta sobre partes de tierra que se han encenagado a través del tiempo, ignorando el primer caño que también fue obstruido con el paso de los años. En el mismo año del Tratado, en octubre de 1858, una tormenta inició un proceso de obstrucción casi total del río, desviándose sus aguas hacia el ramal del Colorado.
En 2010, tras un minucioso estudio por parte de expertos, Nicaragua inició el proceso de dragado en el sitio del primer caño, provocando lo que hoy está siendo discutido y decidido en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.
El mismo experto Alexander, quien estudió los cambios que se habían dado durante treinta años, y previniendo los que iban a darse en el futuro, sentenció: “el río San Juan debe ser considerado un río navegable, yo por consiguiente declaro ser la exacta línea de división entre la jurisdicción de los países el borde de las aguas sobre la margen derecha, cuando el río se halla en estado navegable”. (Alexander, Laudo 3, 1898)
En sus reclamos, Costa Rica ignora la existencia de este caño, argumento que puede ser refutado por los mapas anteriores al desastre de 1858, que revelan la existencia de este y otros caños cuando el caudal del río estaba en su estado normal. (Aguirre S. Managua 2002 p. 90,148 y 158; Bolaños 2000, p. 70–100). Es decir, que a Nicaragua le favorecen el Derecho y la Historia.
* Historiador. Biblioteca del Banco Central de Nicaragua

(Síntesis de conferencia dictada en la UNAN-Matagalpa, 24 de marzo 2011)

Bibliografía y otras fuentes consultadas:
1-    Álvarez Lejarza, Miguel: De cómo Perdimos las Provincias de Nicoya y Guanacaste.Managua AGHN. Printed. 2001.143 p.
2-    Aguirre Sacasa, Francisco. Un Atlas Histórico de Nicaragua. Managua. Fundación Vida. 2002.250 p.
3-    Bolaños Geyer, Alejandro. San Juan de Nicaragua. Managua, Banco Central de Nicaragua 1998(2ª edición).54 p.
4    ----------------------------. Sepultado en el olvido: el cadáver de San Juan de Nicaragua. Alias San Juan del Norte. Alias Greytown (1539- 1984).Masaya,(S.E.) .2000.123 p      
5    -------------------------.William Walker, El Predestinado. Managua CIRA. 1999.232 P.
6-    Gámez, José Dolores. Historia Moderna de Nicaragua. Colección Cultural banco de América. Managua 1975.776 p.
7-    Nicaragua. Exposición y alegato de Comisión Nicaragüense al Arbitro E. P, Alexander sobre la Cuestion de Límites entre Nicaragua y Costa Rica. Managua s.l.e.1897. 148 p. (incluye el Texto en inglés y español del  laudo Alexander en 1897).
8-    Pérez Zeledón, Pedro. Replica al alegato de Nicaragua. Gibson Bross, Printed and Booker under. Washington 1887.
9-    Pérez, Jerónimo. Obras. Managua. Colección Cultural Banco de América.,1975. 875 p.