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La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), dedicó, el pasado 20 de mayo, su  Octavo Simposio de Literatura Nicaragüense, al estudio de la Obra de Fernando Silva (1927), narrador y poeta. “El más nicaragüense  de los poetas –según José Coronel Urtecho– y el más poeta de los nicaragüenses”.
El poeta Silva es reconocido en la literatura nicaragüense por reelaborar con frescura y gracia  la lengua popular, urbana o campesina, “innovando de esta forma la narrativa nicaragüense –anota Jorge Eduardo Arellano–  al transformar en categoría literaria la oralidad de nuestro pueblo”.
Con tres conferencias sobre su vida y obra, un panel de los estudiantes de Filología y Comunicación que discursaron sobre literatura, un conversatorio con los estudiantes y la puesta en escena de la obra teatral Tres cuentos sobre el mismo autor, dirigida por Alberto Maravilla, el Simposio rindió homenaje al autor de la celebrada novela El comandante.
Las ponencias leídas fueron “El ángel de Fernando Silva”, del poeta Luis Rocha; Poesía Otoñal”, de Isolda Rodríguez Rosales; “Fernando Silva y la originalidad de la Lengua Nicaragüense”, de Iván Uriarte, y “Lengua e imagen en la poesía de Fernando Silva”, por Julio Valle Castillo.
El evento, organizado por la Extensión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de Managua, con el auspicio del Foro Nicaragüense de Cultura, contó además con la presencia joven de los estudiantes de Filología y Comunicación, quienes disertaron sobre “Los rasgos escriturarios de la literatura nicaragüense”.
Asistieron al evento, además de numerosos estudiantes universitarios, los alumnos de colegios invitados: Ramírez Goyeña, Bautista Central, Centroamérica, así como estudiantes de  Lengua y Literatura de la Unica, y de la UNAN-León.
La iniciativa de la realización periódica de un Simposio sobre la Literatura  Nicaragüense en la UNAN-Managua, se remonta a una época en que la universidad se constituyó en una de las instituciones pioneras en nuestro país respecto a la promoción de la cultura.
En marzo de 1984 el rector Humberto López  nombró  en el Departamento de Cultura a un nuevo responsable que trató de impulsar la acción cultural universitaria con vocación de amplitud y en consonancia con la noción de libertad que sustenta cualquier práctica auténtica de cultura  –ajena a la manipulación de las conciencias o discriminación de cualquier índole–, mediante formas de trabajo más directamente vinculadas a la proyección de la universidad en la sociedad y a la tarea pedagógica de formación humanística, crítica y multidimensional de la personalidad.