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Hoy amaneció la novedad:
Trajeron a un muchacho del Servicio Militar
en su ataúd de soldado.

                                               Este domingo anduvo
franco
y bajó a un mineral
y en una cantina  o comidería escuchó unos cuentos terroríficos de la Contra
                        y se echó a correr / seguido del miedo
hasta la locura / hasta el pavor /
            hasta el escalofrío de sentirse
                        horas después capturado
a la cabeza del batallón / con la cabeza rapada

            Hacia el frente de guerra.
            Hacia la primera línea de fuego para que se le quite el miedo
Cuando le voló la pierna una mina.

Hubo primeros auxilios.
Pero sus compañeros no pudieron llegar
                                               al hospital de campaña.
 
Dicen que no es héroe. Es desertor.
Dicen que no es mártir, el desangrado.

El pánico tiene aún al muchacho frío.
Cada vez se pone más helado,
su lividez lo funde con la sábana.

Se quedó como un cirio
que se consume en un rincón a sí mismo,
al saberse despernancado / y desbanderado, solo, íngrimo
a lo largo de su tercer día de muerto
porque la hermana y la madre
llegarán al país hasta en el vuelo de las 6 de la tarde.

Dicen que no es héroe ni mártir.
Lo sepultarán sin honores militares.
Es desertor y los desertores…

Pero qué hago yo / qué hacemos
si todos estamos pringados de sangre.

Managua, junio de 1987.


Julio Valle-Castillo