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De la montaña he venido en su día a traerle estas flores maestra, si usted me permite pasar. Carezco de luces y de palabras con las que pueda decir lo agradecido que está mi corazón por la limpieza con que usted me dio su enseñanza y aunque soy escaso de entendimiento mi memoria no borra las frescas mañanitas cuando aprendí el alfabeto a conjugar los verbos y a contar con los dedos las sílabas métricas tampoco la tigre de Bengala con su lustrosa piel manchada a trechos o los puntos y las comas que casi nunca sé dónde poner. Sí sé que no estuve entre los sobresalientes que izaban la bandera ni posé en ningún cuadro de honor que no fui bien portado y que a causa de mi turbación campesina a las veces pude ser malcriado y contestón pero jamás ingrato. De los libros sapienciales que con usted empecé a leer medito en las palabras del Esposo cuando se pregunta por la que sube del desierto como columna de humo sahumada de mirra e incienso y de todo polvo aromático; y entre mis ricos tesoros guardo la Traducción literal y declaración del Libro de los Cantares hecha por Fray Luis de León. También hay noches que a ráfagas me vienen los versos del Destierro que recitaba de corrido: Mio Cid movió de Vivar para Burgos adeliñado, así dexa sus palacios yermos e desheredados. De los sos ojos tan fuertemientre llorando tornaba la cabeza i estábalos catando. Pero lo que llevo grabado como si en mármol fuera es la sentencia escrita por usted en la pizarra de que había que ser para los demás como un camino que se utiliza y después se olvida aunque adonde quiera yo me pare a beber los vientos su menuda figura se me representa como la de la serrana que guiaba por esos riscos a su mejor cordero porque en el aula usted enseñaba como una doctora de la dulzura que no pierde la entereza. Aun me parece ver los gestos y ademanes con que acompañaba las lecciones tal si tratara de abrir claros en la senda espesa. Así con su voz de encanto y el movimiento de las manos de maestra de coro se daba entera a la parvada que seguía en éxtasis su decir profundo. Por eso he cortado estos lirios rojos que atizó el sol de abril los agapantos azul de cobalto de los prados las azucenas de las anunciaciones y hartas rosas del rosedal que quisiera prender en su pecho y a través del suyo en el de los otros hombres y mujeres que fueron pacientes y no abandonaron el magisterio a los que no se les pagó ni paga con justedad el valor de su jornal porque no cobran en moneda la compensación debida a los arduos sacrificios hechos para educar a hijos que no son suyos a quienes hacen con sus talentos cátedra de dignidad de esa dignidad que empieza como el mar a cada instante porque el mar siempre está recomenzando igual que hacen los maestros día a día. Aquí le dejo esta ofrenda en el altar encendido por mi devoción para alabar en su persona al maestro bueno que con la Gabriela Mistral repite como la naturaleza repite las especies hasta alcanzar la perfección. Ahora con su permiso la dejo en su retiro, con el deseo de que por muchos años lo goce.

Erick Blandón Guevara
Epifanía, Comarca El Arenal
Matagalpa Nicaragua
15 de junio de 2011