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El País

A través de una trayectoria de más de 30 años, Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) ha cubierto la guerra civil salvadoreña, el ascenso y caída de la guerrilla peruana Sendero Luminoso, la guerra sucia en Argentina, la Nicaragua pos-sandinista, el conflicto armado en Colombia y la lucha contra el narcotráfico en México. Ha trabajado en The Guardian y The Washington Post, ha sido jefa de información de Sudamérica para Newsweek y ha colaborado en The New Yorker y The New York Review of Books. Ha escrito, además, una decena de libros. El más reciente, Desde el país de nunca jamás, una recopilación de crónicas que recorren los últimos 30 años de la historia latinoamericana.
En sus artículos no hay cátedras sobre “realidades latinoamericanas”, pero sí relatos que rebosan detalles: los hay trágicos, inverosímiles, chuscos y los que mezclan todo lo anterior. El tono es sobrio y a la vez cercano, como el de las cartas que se escribían con tinta y viajaban en sobres. “Soy una escritora que reportea”. ¿Cuál es la diferencia? “Yo busco llegar después de que se acaban las noticias y contar lo que me interesa, que puede ser absolutamente insignificante”.
Guillermoprieto fue una de los dos periodistas (el otro es el estadounidense Ray Bonner, de The New York Times) que confirmó los reportes de que el Ejército salvadoreño, auspiciado por Estados Unidos, cometía matanzas durante la guerra civil de El Salvador (1980-1992). Cuando su periódico, The Washington Post, publicó su historia, la Administración de Ronald Reagan (1980-1988) la acusó de mentir. Los hechos le hicieron rectificar. El relato de la masacre de la localidad salvadoreña de Mozonte sobrecoge. Hombres, mujeres y niños fueron vejados y asesinados. Pasaron años antes de que el célebre Equipo Argentino de Antropología Forense comprobara la masacre. La periodista intentó hallar un editor latinoamericano para un reportaje sobre la tragedia que Mark Danner escribió para The New Yorker en 1993. “Centroamérica ya no le interesa a nadie”, le respondieron. ¿El panorama ha cambiado? ¿Latinoamérica interesa? “Quiero creer que sí. La Fundación Nuevo Periodismo hace mucho para crear una conciencia regional sobre sí mismos, y, en mi opinión, ha conseguido forjar una o dos generaciones de periodistas que se conciben como latinoamericanos”. En opinión de la periodista, “América Latina ha cambiado y mucho”. Pone como ejemplo Bogotá: “La gestión de dos alcaldes decentes, Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, consiguió cambios importantísimos”. Llama la atención el adjetivo que utiliza: decentes. “Yo antes quería revolucionarios, hoy me conformo con que sean decentes. No más. Me importa muy poco si son de derechas o de izquierdas. Solo eso: decentes”.
Después de la matanza de 72 inmigrantes centroamericanos en Tamaulipas, el año pasado, Alma Guillermoprieto coordinó un grupo de periodistas y escritores para redactar los perfiles de los asesinados. El resultado, un conmovedor proyecto difundido a través de la red: (www.72migrantes.com), que será próximamente editado en un libro. “Tenemos la urgencia de investigar el narcotráfico”, explica. La escritora rechaza que México sea un Estado fallido. “Es un país que ha perdido la capacidad de garantizar la vida a sus ciudadanos en trechos demasiado grandes de su territorio, pero un Estado fallido no recauda impuestos ni construye carreteras. Una persona que está loca no se cepilla los dientes todas las mañanas ni sale a trabajar”. El mayor problema para investigar el narcotráfico, subraya, es la dificultad para estudiar su parte estructural. “Porque hay que seguir el dinero y éste tiene la capacidad mágica de volverse invisible. Además, está rodeado de abogados, que son peores que los guardaespaldas. Yo quisiera ver cómo es que se procesa el dinero dentro de Citibank.
La peculiaridad de que una latinoamericana cuente la colorida cotidianeidad de América Latina a un público anglosajón juega a su favor. “Trato de contar el cuento bien contado. La intención era escribir una carta para alguien que nunca ha estado ahí y hacerle sentir como si estuviera”. El tiempo también importa. “En cuanto un texto tiene siete años, la gente se asoma para leer cómo eran esos países que ya no reconocemos. El pasado es otro país”.
Entonces, como dice García Márquez, ¿el oficio del periodista es el más bello del mundo? “Siempre y cuando los reporteros tengamos una libertad que muy pocos tienen. No sé de alguien que sea tan libre como yo, voy a ver las cosas que quiero ver, las veo de la forma en que quiero verlas, me meto en los lugares donde nadie más se puede meter. Es un privilegio. El trabajo literario de las crónicas es querer embrujar a los lectores. Decirles que confíen, porque les contaré algo fascinante, mágico, insólito”. ¿Y, pese a la revolución digital, la confianza sobrevive? “Los editores se han equivocado muchísimo con Internet, algunos piensan que acabará con la necesidad humana de narrativa y eso no puede ser. Nacemos contándonos historias. Nosotros no somos lo que somos, somos la historia que nos contamos de quiénes somos. Y tenemos la necesidad de escuchar lo que dicen los demás. Queremos escuchar el cuento”.

TOME NOTA:
El libro “Desde el país de nunca jamás” se encuentra a la venta en LITERATO, tienda de libros.