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Mario Martínez Caldera (1957) emerge en la literatura nicaragüense como poeta en la década de los ochenta. Luego emigra hacia la narrativa y se instala cómodamente en la barriada de los cuentos cortos.  Confesiones de un murciélago, el libro que hoy nos convoca, es su Ópera Prima. Con este libro Mario declara públicamente que se le puede ubicar en el Harlem del cuento corto, en la parte negra del barrio.

El libro se inaugura con el texto que le da nombre a la colección de ocho cuentos que lo integran: El murciélago. Los cuentos de Mario juegan con la sensibilidad humana, ponen al lector ante la difícil disyuntiva de simpatizar o no con el personaje principal, que está transgrediendo reglas, deslizándose por el lado oscuro de la mente y siempre deja incógnitas, ventanas abiertas donde la mente del lector puede filtrarse y encontrarle a la historia otro final, además contado por el autor.

El murciélago tiene dos personajes, la chica que entabla relación con el quiróptero y el mamífero alado mismo. El cuento explota la soledad que experimentamos en estas abigarradas sociedades, mientras más grandes las ciudades y más complejas son las sociedades humanas, más solos estamos y como producto de ello se produce entonces la comunicación fluida entre las dos especies del cuento. Finalmente la chica, como la Niña de Guatemala, murió de amor.

Sublime muerte, diría un poeta romántico. Idiota forma de morir, dirá un periodista de nota roja. Todo tiene varias aristas. De ella sabemos su fin, pero ¿qué fue del murciélago?, ¿siguió una carrera de Don Juan homicida?, ¿volvió su baticueva con su batifamilia?, ¿se volvió un ermitaño atormentado por los recuerdos? Eso, querido lector, te lo deja Mario Martínez a tus elucubraciones.

Variados son los temas que toca Martínez Caldera en sus cuentos. Y se nota la influencia de otros autores nacionales.

Con las Notas irresponsables hace un homenaje a La Muerte del Hombre Símbolo, de José Coronel Urtecho. Una inversión de los valores, pues en el caso narrado por Mario, el personaje adversa al Hombre-Símbolo, trata de desenmascararlo, de señalar que lo valores de Patria y Orden propugnados por el pro-hombre son una falsedad que enmascara al sistema de dominación, acaba manchado por el stablishment.

Mario juega con los trastornos mentales. Carta de un condenado es la historia de un hombre acosado por una dama que sueña con la muerte, delira con el suicidio y le hace sentir al personaje que él es su tabla de salvación, mientras lentamente lo va llevando a la desesperación, a llenarlo de animadversión hacia ella misma, hasta que él estalla y la mata. Ella le hizo su propio instrumento para quitarse la vida y para él fue un acto de liberación.

El cuento Las Hermanas Stadtagen, caso policíaco, nos narra una historia de amor con final infeliz, un amor entre dos personas de distinta clase social que termina en ruptura. La amada y su hermana –solterona, seca, enemiga del amor- terminan asesinadas y el amado es el policía a quien toca investigar el crimen. La abrupta aparición de un periodista le plantea al lector que hay tres posibles formas de resolver el caso. Devánense los sesos pensando queridos lectores…

Algún nuevo cuento puede salir de la fórmula que ustedes imaginen para resolver el caso. ¿Mató la solterona a la hermana joven y luego se suicidó? ¿Las mató a ambas el despechado policía? ¿Tuvo la mafia algo que ver, según se deduce por el tipo de arma usada en el crimen?

La grabación es una introspección. La conversación de un enamorado a punto del despecho con la amada a quien invita a visitar las regiones infernales con su amor. Una mirada a un retorcido amor, sin llegar a los niveles de Donatien Alphonse Francois, Marqués de Sade en su novela Justine, pero con mucho, mucho dolor en el amor.

El chicle es una narración surreal. Con maestría describe cómo se masca chicle, un tratado para chiclópatas. Una finísima ironía, una cruel burla para aquellos que se pasan el día entero moviendo las mandíbulas como rumiantes.

Luego la pelota gomosa adquiere vida propia, le trasmuta el placer en agonía infernal al mascador de chicle. Allá ustedes si al salir del Teatro compran algo de rumiante placer.

La abuela cuenta la triste realidad de muchos inmigrantes. Los sueños con que abandonan la patria y la dura realidad que les toca vivir, y por el otro lado la angustia de la espera de este lado, todos los días aguardando una noticia la pobre abuela. Noticias que no llegarían nunca mientras la realidad le es ocultada a la anciana por el resto de la familia.

Finalmente, en El juicio de los lobos el propio Martínez Caldera, encarnando a Rogelio Baldelomar, se somete al juicio de la sociedad. Sus crímenes son sus propios cuentos y quienes le juzgan son lobos (será por aquello de homus hominis lopus). Es un juicio a la inversa, el enjuiciado a su vez enjuicia, pero no condena, deja a los jueces que ellos resuelvan los alegatos por él planteados y cierra su libro con una frase enigmática y un tanto lapidaria:

-¡Muchas gracias, y que piensen en esto cada día de su vida!

Para darnos esos cuentos Mario Martínez Caldera usa tanto de la narración en primera persona, como del narrador omnisciente y del monólogo. En todos los cuentos lanza el desafío al lector: ¿Adivinarás cuál es el final? Si el lector descifra la trama y encuentra el final, Martínez Caldera es derrotado, empero si Mario se sale con la suya y plantea un final inesperado, es el autor quien  ganó la partida.

Estos cuentos enriquecen la literatura nicaragüense. Cada uno es una pequeña joya  narrativa, escritos con una sorprendente economía de palabras. No hay pirotecnia verbal, no hay verborrea. Y sí hay dominio de la técnica, descripción de escenarios en aquellos cuentos en que es necesario hacerlo como en el caso de El chicle.

Cuando Mario me escribió haciéndome el honor que escribiera esta Nota de Presentación pensé declinar porque la amistad puede ser un lente que distorsiona al que pretende hacer una crítica honesta. Pero al leer con detenimiento los textos no pude sino aceptar.

Mario hermana con estos cuentos al Mappassaunt de El Horla, su Murcielago y su Chicle son seres fantásticos que se salen del callejón “Edgard Allan Poe” de la barriada literaria y se trasladan a las callejuelas del Cuento Negro. Mario combina el suspenso, lo policíaco, lo fantástico y lo hace pasear por los intrincados vericuetos de la mente humana, para darnos una de las mejores colecciones de cuentos cortos de la literatura nicaragüense. Gracias Maestro.

San Salvador Julio 2011