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Ladera con fondo azul

No hueles a brezo.  No.
Sí a zacate de limón recién cortado
que el viento que ascendió lo llevó
no muy lejos con algunos golpecitos
                              (de polvo y sol.

Fue difícil distinguir
después de tantos juegos amorosos y curiosos
                                              (no prohibidos
los aletazos que dieron a tus tobillos
los mozotes y los pequeños trozos de árboles,
de las huellas de avispas y hormigas
que acordaron trepar a tus rodillas.

Más allá con la tarde danzó un perfume
                                 (inexplicable.

Los gavilanes y los quebrantahuesos
volvieron al círculo de sus presas pequeñas
porque vieron que marchabas con la nariz en alto,
                                              (enrojecida,
abriéndote paso entre la tarde espesa,
apartando raíces con los pies desnudos,
rompiendo el círculo de fuego.

Las llamas te invitaron a danzar
a orillas del círculo y saltaste sobre
                                  (sus crestas.
Sentada y suspendida quisiste descifrar
el crepúsculo repartido y le afirmaste
que no se convertiría en ceniza.

Tus dedos índices se movieron levemente
como convocantes supremos de todas las
                                  (flores silvestres
que de inmediato escalaron de tus pies a tu frente
dejando un vacío de cantos en la ladera;
mas hay silbos y círculos alados sin término
                                  (arriba de tu cabeza.

Vigilas que los árboles
se alcen expectantes, unánimes en puntas de raíces
                                                 (mirando al sur
y la inmovilidad de ojos de los peces en el fondo quieto
                                                 (turquesa azul.
Ahora te elevas envuelta en lenguas ocres de fuego
con los brazos en alto y las manos abiertas
                                                 (y largas.
¡Eres una garza encendida sobre las llamas!




Tarde Consumada

Ibas
casi en el aire de algas coronada
nadando despacio a ras del agua.
Volando te acompañaban
tortugas verdes y doradas tilapias.

La urraca azul llevó hasta tu cabeza
una llamarada del bosque que antecede
                                           (a la montaña.

Sobre las aguas arrodillada
hiciste una invocación de paz
al cielo y a la tierra y un conjuro
                        (de fuego al agua.

Sobre las aguas acostada, tendida,
ansiosa, ansiada, asida
por mi brasa hada pez,
ova con mis lamas.

Tribute líquida la arboleda,
vuélvanse arena las rocas y estalle
el canto de triunfo de la urraca.
Crezcan las aguas
en la tarde soleada,
consumada.

Rodolfo Sánchez Arauz