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Jorge Eduardo Arellano, mi primo Jorge Eduardo Arellano, mi compañero en el grupo de los BANDOLEROS, mi queridísimo cómplice en las primeras zarabandas literarias en los años de 1962, en Granada, mi condiscípulo cuando aprendíamos las primeras letras de la poesía con mi padre, el poeta Enrique Fernández Morales, mi socio de sueños literarios, Jorge Eduardo Arellano, es una realidad nacional en la literatura nicaragüense.

Es el hombre capaz de haber escrito todos los libros que están en la Biblioteca Nacional, y haber escrito todos los que no están en la Biblioteca Nacional, los que están en la biblioteca que se va  a escribir en el futuro, que se va a pensar en el futuro, en la biblioteca de Alejandría que uno tiene apartada en lo que el viento quemó, en la biblioteca de la guerra que se sigue escribiendo en mi Nicaragua natal.

Jorge Eduardo Arellano Sandino es el más grande apasionado de la literatura que yo conozco en este mundo ancho y angosto. Es capaz de vivir la pasión inenarrable de la guerra por un tema literario, por un tema de una fecha histórica, por el error de un nombre, de una comarca, de una villa, de una ciudad, de un país, de un continente, de un universo mundo, por el nombre de una mujer, o por la edad de una mujer, es capaz de agarrarse a los puños o de perder una amistad o arrancarse los pelos o quedarse mudo o parapléjico, porque no hay nada más terrible para él que faltar a su propia verdad que lleva como Santo y seña de su logia de la literatura universal.

Jorge Eduardo Arellano, mi primo Jorge Eduardo Arellano, es capaz de destornillar el Universo y desarmarlo para construirlo en otro lugar que esté más de acuerdo con la verdad que él lleva adentro.

Jorge Eduardo Arellano vive como piensa y piensa en sí mismo solo de pasada, porque nunca se detiene a pensar en sí mismo y solo se detiene a pensar en los libros que va a hacer. Y en su casa no hay silla ni butaco, ni mesa que esté vacía, porque todos los muebles y el piso y las paredes y los estantes y el techo y el baño y los pasadizos están llenos de libros, de cuadernos, de papeles con apuntes, y toda su casa está llena del desorden bien ordenado de su pensamiento, del terrible desorden magistralmente ordenado por su pensamiento: Ordenado por orden alfabético, por desorden alfabético, por fechas, por temas, por anécdotas, por periodos históricos, por familias, por amistades, por enemistades, por el norte, por el sur, por el este, por el oeste, por barco y por pipante y por transatlántico y por transpacífico y por transpeninsular  y por el Golfo de Fonseca y por las cataratas del Niágara.

Jorge Eduardo Arellano lo tiene ordenado todo, listo para ser usado en el momento oportuno, en el escrito que está haciendo sobre Mama Elena Arellano, sobre el béisbol en Nicaragua, sobre Walker y la guerra nacional, sobre los presidentes de Nicaragua en el período de los 30 años conservadores, sobre Sandino, Carlos Fonseca y las guerras nacionales, sobre los presidentes y las notas diplomáticas de los cancilleres, sobre la religión católica, sobre las órdenes religiosas, sobre las torturas somocistas, sobre perico de los palotes y el poeta callejero Don Blas Franco, sobre la literatura nacional, la literatura centroamericana, la literatura universal y sobre las tortugas.

Mi primo Jorge Eduardo Arellano escribe sobre todo lo que está en  la enciclopedia británica, en la enciclopedia nicaragüense que él mismo escribió y escribe sobre todos y cada uno de nosotros los poetas nicaragüenses.

Porque mi primo Jorge Eduardo Arellano: ha escrito sobre el amor y sobre la infamia de mi Nicaragua natal, de esa Nicaragua natal que ama por encima de todas las cosas porque mi primo Jorge Eduardo Arellano es granadino por encima de todas las cosas, nicaragüense por encima de todas las cosas, escritor por encima de todas las cosas, apasionado por encima de todas las cosas y primo mío por encima de todas las cosas.

Granada, 23 de agosto de 2011