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Desde el esplendor de su juventud, Rubí Arana, Masaya, 1941, era poeta. Así lo demostró en “La lluvia es Hija de Dios como todas las cosas”, poema que la revista Ventana publicó en junio de 1962. ¡A los 21 años de su autora!

Para entonces, Rubí ya había encontrado su ruta poética, identificándose con estos versos del “Coloquio de los centauros”: Himnos a la sagrada Naturaleza; al vientre / de la tierra y al germen que entre las rocas y entre / las carnes de los árboles, y dentro humana forma / es un mismo secreto y es una misma norma.

De ahí que ella cantase esta terrible verdad fulgurante: El tacto de la tierra funde y confunde / el germen de la vida, en la muerte: / desde el minúsculo átomo / hasta la solemne putrefacción: / allí renace la vida, como la primavera / ¡Loor a la embriagante primavera hija del sol / y llena de tumbas floridas! (versos 10-16 de “La Lluvia es hija de Dios como todas las cosas”).

Su canto, pues, ha sondeado las profundidades de donde proviene la vida y Rubí lo acomete con la más serena sinceridad. Todo ello se aprecia en los cinco poemarios que ha editado: Enmanue,l 1987; In Nomini Fili, 1991; Príncipe Rosacruz, 2007: Homenaje a la Tierra, 2008 y Agua sagrada, 2010, prologado por Sergio Ramírez.

También Fanor Téllez ha valorado Enmanuel considerándolo “milagro de magia: cuerpo verbalizado / verbo corporizado” (La Prensa Literaria, 11 de marzo, 1990). Y en el Diccionario de la Literatura Centroamericana, 2007, coordinado por Albino Chacón, se lee: “En la poesía de Rubí Arana es temáticamente significativa la imagen perfecta de la cosmovisión de universo, mundo y vida, tópicos organizados en un discurso marcado por rastros del ocultismo, de la mística y de la filosofía panteísta que profesa la escritora. Asimismo, la dimensión total del cuerpo del “yo” lírico se transforma en vehículo lingüístico para aprehender el cosmos y fusionarse, textualmente, con lo trascendente”.

Por mi parte, en homenaje a su poesía que ha asimilado —como ninguna otra mujer poeta de Nicaragua— elementos místicos del pensamiento occidental y oriental, escribí la siguiente glosa. Esta es la más adecuada presentación que de Rubí Arana puede y debe hacerse siempre.

DESCIFRADORA de arcanos, Rubí era una luminosa alegría colmada de pureza y piedad. Los años no ultrajaron su canto ni su lacerado corazón sucumbió a las amarguras. Fiel a su avatar, siguió bogando sobre los sueños de su niñez desvalida, entronizada bajo el universo.

Ejerció su juventud audaz ungiendo como sacerdotisa, trajinando inmensa, siempre vibrante, como hija del Sol y de la lluvia. Como una flor del Cosmos. Ave y Eva, manzana y estrella, paloma y princesa, coronaban sus palabras celestes en medio de la Noche y del Silencio. Su maternidad era una ofrenda y sagrado su esplendor de mujer.

 

Rubí Arana
Poeta y promotora cultural. Nació en Masaya, Nicaragua en 1941. Realizó estudios de Arqueología en Mérida, Yucatán, México. Publicó por primera vez en 1962, en la revista universitaria Ventana (León, Nicaragua), y posteriormente, en revistas y suplementos culturales en Nicaragua, México y la Florida, donde reside desde 1974. Actualmente coordina el Programa de Autores Nicaragüenses para tener presencia en la Feria Internacional del Libro de Miami, el cual promueve desde 1992, cuando fue la primera poeta nicaragüense invitada. También es coordinadora del círculo de lectura y taller “Proyecto II” en Books & Books, Coral Gables.

En esa ciudad ha publicado 4 poemarios: Emmanuel, In nomine filii, Príncipe Rosacruz y Homenaje a la tierra. Emmanuel al húngaro por Eva Toth y presentado en la Universidad de Viena en 1989. Su poesía ha sido calificada de esotérica por la crítica. Ella se define como una “poeta integrada al plano universal”.