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Hace unos días pude ver el último trabajo documental The Black Creole. Memorias e identidades, producida por Luna Films, que dirigen María José Álvarez y Martha Clarissa Hernández, dos realizadoras de gran trayectoria audiovisual en Nicaragua. Los créditos recogen un selecto equipo involucrado en la producción, tanto del Pacífico como del Caribe, entre los que se destacan, dirección de fotografía y cámara, Frank Pineda; edición y postproducción, Gerardo Arce. En el aspecto histórico, como asesor, el intelectual caribeño, Johnny Hodgson; musicalización, Spencer Hodgson, y en el equipo de asistentes, Sandra Britton, entre otros.

Mi condición de habitante del Pacífico cuya formación y vida cotidiana ha estado signada en gran parte, por el discurso de nación impuesto por el Pacífico, puede establecer límites en los enfoques o valoraciones sobre el tema que voy a abordar. En Nicaragua, el debate sobre la “condición del ser nacional” es nulo o fragmentario, --incluso en las academias--, razón por la cual el documental me permite acercarme a problemas, aún pendientes de resolver, como es la integración plena del Caribe. Demanda sentida por los entrevistados del filme, como “La Popo” –una de las entrevistadas--, al demandar la creación de instituciones con personal pertenecientes a los grupos culturales de la Autonomía, entre otras condiciones.

Volviendo al documental, es importante saber que todo texto (incluyendo el audiovisual) tiene diferentes niveles de interpretación, razón por la cual quiero referirme a dos aspectos que sobresalen en esta propuesta .Uno de ellos, la forma en que está estructurado el texto, el otro acerca de los recursos de la memoria implicados en el contenido argumental.

El diseño de producción infiere tres niveles o áreas propuestos por las realizadoras. Los textos hablados y escritos, estructuran un relato histórico del Caribe, siguiendo a Pilar Calveiro, “abarcador” y “generalizador”. Aún cuando se pretenda dar a conocer una visión del relato histórico, desligado de la historia oficial impuesta por el Pacífico, no deja de tener ese “enmarque” de “jerarquía de saberes” y “disciplinamiento”.

Otro elemento es el recurso de la musicalización como contrapunto del texto visual y hablado. Para mí es de lo mejor que tiene el documental, ya que representa un diálogo entre el testimonio de los entrevistados y las imágenes de lugares y gente, cuyas letras, además de ser consecuente con el sabor de los ritmos locales, cada interpretación realza la temática abordada:

“Miro la gente que viene bajando de todas partes a la ciudad. Por la esquina de Wing Song no hay paso. Hay allí más gente que granos de arena, ¿qué está pasando? Se vacía Old Bank y Cotton Tree. Mira nada más, Pointeen, parece que aquí estamos todos. Hoy es nuestro día y venimos a lucirnos, todos pensamos la misma cosa y nos sentimos bien. Mira ya vamos llegando a Bluefields, dime cómo te sientes, porque queremos celebrar.”

Por último, el recurso de la dramatización marca la distancia entre el relato de las entrevistadas y los hechos históricos descritos; entre las imágenes fijas históricas que se intercalan con los testimonios o con el relato del narrador. Si bien no son de lo más novedoso, se inscriben dentro de la tradición documental de actualidad, estableciendo una especie de comunicación entre la construcción histórica y los testimonios de los entrevistados.

En el segundo aspecto de este trabajo, quiero referirme de manera parcial al tema central del documental: la construcción identitaria creole. Antes de referirme a este aspecto, quiero hacer algunas acotaciones históricas acerca de este grupo cultural. La mayoría de su población está asentados en tres poblados de la región del Caribe sur: Bluefields, Corn Island y Pearl Lagoon.

Aunque, como se sugiere en el documental, se pueden encontrar comunidades significativas, en Puerto Cabezas y algunos dispersos en Puerto Limón y en Managua mismo.

Desde el punto de vista cultural, económico y político, los Creoles han sido históricamente, uno de los grupos étnicos más influyentes del Caribe. Su música, la tradición del palo de mayo, la gastronomía, el deporte, pero también como exitosos empresarios o profesionales, les ha servido para sobresalir. En la política, algunos miembros han escalados puestos importantes dentro de los diferentes regímenes que han detentado el poder político central durante el pasado siglo XX y en la actualidad.

Otro elemento curioso de los Creoles, si se observa comparativamente desde las publicaciones, es de los grupos menos estudiados del Caribe nicaragüense (aunque existen tesis de posgrados que no han sido publicadas). Tal vez la problemática misquita de la década del ochenta le dio mayor realce publicitario a este grupo; otros como los Mayagnas, los trabajos del Baron Von Houwald y los de algunos antropólogos nacionales que han estudiado sus ritos y creencias, le han dado presencia y contribuido a su reconocimiento.

El recurso de la memoria es una forma de aproximarse al reconocimiento o autoafirmación de las identidades, razón por la que el documental apela a esta estrategia. Dice Elizabeth Jelin que la memoria como categoría social, involucra, “recuerdos, olvidos, narrativas, actos, silencios y gestos”. Los testimonios relatados por los entrevistados, en su mayoría mujeres, realizan un ejercicio de recuperación del pasado, buscando como dice Paul Ricoeur, fijar “huellas”, como un primer acto de representación de la experiencia, importante para el testimonio individual.

Al recurrir a la tradición dentro de un marco social específico, en este caso, las sociedades del Caribe, las protagonistas piensan en cosas o hechos vividos de manera personal y cuyos sentidos comparten de diversas maneras, el resto de miembros de esta formación social:

“Cuando yo era joven, tenía una tía abuela de más de 100 años… que me decía, `quiero que no conozcas por qué nosotros celebramos el Palo de Mayo. Según mi conocimiento desde que yo era joven, el significado de esta celebración de mayo era la fertilidad, la temporada fértil” (Mrs Lizzis Nelson).

Otro elemento que apela a la identidad a partir del recurso de la memoria, es la lengua. El documental hace uso del Creoles y los personajes reafirman su identidad individual a partir de esta forma de socialización y/o expresión. Es el elemento cohesionador de las identidades individuales enmarcadas socialmente, además de la “raza”, la religión y los rituales provenientes de una tradición ancestral (Palo de mayo, ceremonia fúnebres). Mrs. Felice Watson dice: “Yo me identifico como una Creole, afro descendiente, ciento por ciento”; Mrs. Deborah: “Hablar de mi identidad es aceptar toda mi ascendencia africana, toda mi herencia africana. Soy ciento por ciento una mujer negra. Estoy muy orgullosa de decirlo”; Mrs. Carmen Cash Joseph: “Yo soy una negra Creole. Yo diría que Creole significa que somos nicaragüense que crecimos hablando inglés”.

El documental también plantea el problema de la convivencia de estas identidades dentro de una entidad nacional, como el estado nicaragüense. El relato histórico recoge las críticas a la visión histórica predominante del Pacífico, como es el caso de los sucesos históricos de 1894: “reincorporación” (como lo señala los textos autorizados por el Ministerio de Educación) o anexión a la fuerza” como lo señalan historiadores e intelectuales costeños.

La construcción de un relato histórico que dé cuenta de aquellos elementos históricos compartidos, son recreados a partir del rescate de figuras y de sucesos considerados relevantes dentro de su estrategia de autoafirmación colectiva. Por ejemplo, la experiencia de la reserva mosquitia de la segunda mitad del siglo XIX y las huelgas y levantamientos armados en la década del veinte y treinta, donde se destaca el General, George Hodgson, considerado el padre de la Autonomía, son parte de ese relato histórico caribeño.

¿Donde están los entronques con el relato histórico de la nación que pregona el Estado? Tal vez habría que buscarlo en algunas partes del testimonio, en las entrevistadas, donde hacen referencia a problemas sociales y carencias institucionales. La Popo (C. Marquinez Garth) personaje popular en Bluefields, cuya vida precaria la llevó al expendio de droga dice: “Eso es lo más grave, que estamos viviendo hoy día, las drogas. Es como una bomba de tiempo, no se sabe a dónde va a comenzar ni dónde va a terminar”.

Por último, el tema de la Autonomía está presente de alguna manera en el documental. Para Deborah Bush, “fue  con la Revolución…  que empezamos a saber quiénes éramos”, lo cual significaba también una posibilidad de autoafirmación del resto de grupos étnicos del Caribe. Para Miriam Hooker: “La autonomía es casi un reconocimiento a nuestra historia. Yo sé que ayudó a frenar un conflicto”. Para La Popo: “Realmente quiero que tengamos autonomía. Porque creo que es el mayor camino para sobrevivir y para construir nuestro país. Pero no creo que tengamos autonomía por ahora”.

Para finalizar, es oportuno destacar que la muestra de entrevistados, representa una gama de personas, pertenecientes a los diferentes estratos sociales creoles, entre ellas, intelectuales, familiares de pastores, pescadores, artistas, promotores culturales, empresarios/empresarias. Además de una representación creoles de Bluefields emigrados a Puerto Limón, Costa Rica, algunos exitosos empresarios, pese a la discriminación racial imperante en ese país.

La condición de región multiétnica es un elemento importante también que se destaca en el documental. La confluencia de lenguas y etnias en la constitución de la cultura creole, en una zona de gran significado histórico desde la llegada de los europeos a estas tierras. El matrimonio Morgan, tiene un mosaico de entronques familiares, que van desde Jamaica, hasta Irlanda, de igual manera Mrs Quinn. En relación a esta complejidad identitaria, dice Deborah: “Hoy en día para no ofender a nadie, lo que hacemos es asumir los dos términos y nos denominamos Black Creole”.

El Dorado 01/08/2011