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Para Herdy Bravo

¿Es  patético Ascenbach cuando el sudor le chorrea sobre el maquillaje blanco pastoso las cejas renegridas y los labios pintados con bermellón violento en la bruma calurosa del Lido contemplando a Tadzio desde su silla playera colocada en la arena? Visconti ilumina la escena con luz cegadora que extrae reflejos áureos en el agua alborotada alrededor del joven a punto de salir.

La música de Mahler se despliega en la pantalla conteniendo la imagen, pulsándola y fijando con el adagietto de su Quinta Sinfonía el largo crescendo que acumula en el material sonoro la intensidad del drama a través de la melodía tensa para estallar en clímax como un orgasmo desolado, sin compañía, sólo la cámara oscila entre los cuerpos yendo del esplendor a lo decrépito. El genial músico afamado cayó de bruces con los fresones tirados en el área de cabinas mientras Tadzio lleno de energía sacude en la costa su abundante pelo empapado y la criada lo envuelve en una toalla enorme. ¿Es patético el viejo que muere derrumbado ante la belleza inalcanzable?, de ninguna manera, lo ridículo y triste es su afán obsesivo de abolir el tiempo, su tiempo, de represar el río de Heráclito encajándose  una careta de maquillaje endeble para ocultar los estragos (arrugas y flaccidez inevitable de la carne) por atrever acercarse al muchacho camuflado con otro rostro: el de una careta menguada en años. El estilista servil le tiñe el pelo, le unta cremas, le asperge lociones  y  en el callejón estrecho de Venezia vuelcan baldes de creolina lechosa como medida sanitaria contra la peste. Difícil que esta metáfora visual vuelva a repetirse, fue la despedida del mundo clásico y el ideal de belleza del artista en su lucha por revelarla, de trascender del gusto de la carnita fresca al símbolo, quizás hoy lo veamos expresado de otro modo, ¿pero pueden disociarse formas de contenidos?, la añoranza inútil de resurrección exige pagar el precio, echarse los güevos a tuto y asumir lo efímero ante la ilusión de “lo eterno”.

“Entre candilejas te adoré, sin saber de ti me enamoré... tú llegaste a mí cuando me voy, eres luz de Abril, yo tarde gris... eres juventud, calor, fulgor, amor, pasión... en la oscuridad de mi existir, tú eres luz de Abril, yo tarde gris...”, los retazos de la canción “Candilejas” penetran con nostalgia profunda en la película de Chaplin, los cuerpos marcan de nuevo el leitmotiv del drama: el encuentro de la vida y la muerte, de la juventud y la vejez en la pista de un circo, sólo la música acalla las palabras acompañando la luz tenue de las candilejas que alumbran tímidas en medio de la oscurana. Creo que después de estos films no pondrán en escena más romanticismo apoyado en parámetros sublimes o sensibles, aunque sigan irrumpiendo deseos vanos de amores imposibles que se deben matar después que nazcan.

Hoy Robbie Willliams baila en bola en un video-clip reciente, el agraciado cantante inglés se desplaza mostrando su culo macizo y el motete del pubis con placa plateada sobrepuesta a la tanguita negra, le hace guiños graciosos al grupo de modelos bellas que coquetean en su entorno, da unas vueltas, se agacha, se quita el trapo y luego desollándose les tira la piel, los músculos, los órganos y las vísceras, ellas sensualmente embobadas restriegan en sus cuerpos: el cuero, los tejidos, las fibras ensangrentadas del artista hasta quedar su esqueleto descarnado bailando en definitivo streep tease total. Pues sí caro, ahora sugiero que en la pista del circo brinquen sólo elefantes y en la playa del Lido construyan canchas para jugar fútbol.

Managua 14 de octubre de 2011.