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Nuevamente la muerte de un poeta amigo me sorprende lejos del terruño amado, y siempre se trata de seres entrañables y muy queridos. Solo que ahora fue una muerte anunciada aunque no deseada. Josecito Cuadra Vega, desde hace ratos malito de su corazón amante, decidió marcharse a cantarle a la vera, a la Virgen Pájara de sus amores.

Ahora sin duda, estará compartiendo la porronguita de agua fresca con Jesús, a quien invitaba a su casa de la colonia Centroamérica, ya no estará preocupado, diciéndole a doña Julia que ya es de noche y Dios no ha llegado.

El, que dejaba las puertas sin cerrojo  para que Jesús entrara con las sandalias en la mano, ahora, habrá sido recibido con  almohada de plumas, como la que le ofrecía en sus poemas.

José Cuadra Vega se remonta a las fuentes de la poesía mística clásica cultivada por Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, pero es su acercamiento a Dios tiene un carácter de familiaridad, de confianza, como la que se tiene con un amigo cercano.

Josecito se ubica en un plano de compañero de Dios. Veamos estos versos: “He llegado a pensar francamente, que/ tener de compañero a Dios/ es tener grata compañía”  El anhela “tener siempre, eternamente al lado/ la compañía de Dios nuestro Señor”. Su familiaridad es de tal grado, que lo ubica en su casa: “estando yo con DIOS aquí en mi casa, en la/ Colonia Centroamérica, en Managua”·. El poeta concibe a un Dios cercano, que puede llegar a su casa en cualquier momento y para ello deja la ventana abierta para “ver por ella entrar, furtivo, a Dios”. El colmo de la confianza y del ansia de Dios se expresa cuando el poeta invita a Dios a compartir su lecho: “Acostate aquí, Dios. Acostate en mi cama”.

Desde Poemas para doña Julia, Josecito comenzó a deleitarnos con esa lírica hogareña, doméstica, llena de ternura, que abrevó en la poética de Coronel Urtecho, en la que en un constante diálogo con doña Julia, manifiesta un amor que va in crescendo, hasta introducirse en el corazón de Dios al que dedica calificativos que denotan su identidad con la Divinidad: “corazón de barro, de arcilla, de fina porcelana china” o de “luna enlunada de argentina plata”, es decir, un Dios pletórico de amor por la humanidad”. Canto a la Virgen Pájara María, es el más excelso canto de amor a la Madre Divina, escrito a manera de letanías, dedica dulces alabanzas a la Virgen María que a su vez, son rogativas: “ Pájara Clemens, Inviolata, Mater Christii, Stela Matutina, rogándole intervenga ante su hijo por los afligidos, perseguidos, masacradas, desaparecidos, torturados. Abundante en adjetivos que incluso se oponen entre sí: “¡Oh pobre! ¡Oh rica Pájara!”, sin embargo, prevalecen los adjetivos que denotan la humildad y pobreza de Jesús: “costado humilde de pesebre y paja”, verso en que los sintagmas de  pesebre y paja adquieren un valor de adjetivación, por lo que el sintagma “ costado” se ve reforzado por tres adjetivos que enfatizan la idea de pobreza. Esta Pájara ahora recuerda sus plegarias, ha salido a recibirlo para sentarlo al lado de su Hijo Amado.


Josecito, dotado de un talentoso sentido del humor, le canta también a la muerte y escribe una suerte de epitafio: “  …porque está ya bien muertecito el pobrecito/ yacen de Don José los humanos despojos…” empleando el diminutivo como para no darle mucha importancia a la muerte, a quien muchas veces vio de cerca. En “Los poemas de Hospital” revela fiebres, fríos y sufrimientos, a pesar de haber sido atendido por bellas enfermeras, “todas de blanco, silenciosas,/ como alas de ángeles que vuelan…” su corazoncito amante le jugó malas pasadas hasta que tomó la decisión de irse a descansar al lado de su Virgen Pájara y su amigo a quien dejaba la bacinilla, por cualquier cosa, en su casa de la colonia Centroamérica.

Nos lega su amor, su poesía lúdica, juguetona, plena de frescura y espiritualidad. Estoy segura que Dios ha escuchado sus ruegos y de la mano de la Virgen Pájara morena recorrerán “otros prados, otros ríos” donde Josecito descansar pueda eternamente.

JOSECITO

Sentadito, Josecito, seriecito, disimulandito
para que doña Julia enterarse no pueda
de sus andazas nocturnas, amistades recomendables:
diente e lata, rompe catre,  nómina  imaginada y real,
de su reales imaginaciones, elucubraciones, canciones…
(Virgen Pájara no escuches)
Contentito nos recibió Josecito, reverencia y cariños
refresquitos también: Isoldita, mi muchachita,
sentate a mi lado, que doña Julia no nos ve!
Claro que me siento y resiento que conmigo no estés.
Me dejaste solita, Josecito, quien reír me hará ahora
que dormido te quedaste, y rápido volaste
hasta aquel mundo mejor!

Isolda Rodríguez Rosales
Hammond, Louisiana, diciembre, 16, 2011.

José Cuadra Vega
(1914-2011)

Nació en Granada en 1914. Murió en Managua en diciembre de 2011. Hermano del poeta Manolo Cuadra. Entre otros oficios, se desempeñó como practicante de un dispensario médico de un pueblo minero en las selvas de la Costa Atlántica de Nicaragua. Comenzó a escribir poesía más bien algo tarde en su vida. Los mejores de sus numerosos poemas están recogidos en los libros “Poemas para Doña Julia” y “Canto a la Virgen Pájara María y otros poemas”. El humor y el amor son característicos de su poesía, y también el tema hogareño. La mayor parte de sus poemas fueron dedicados a Doña Julia, su esposa. Además del tema doméstico su poesía es frecuentemente religiosa, o doméstica y religiosa a la vez.