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Los primeros cronistas describen que encontraron en Nicaragua estructuras de piedra, imágenes, objetos de oro, cerámica multicolor y negra y todo eso los “conquistadores” lo hicieron desaparecer en  solamente tres décadas. Ya para 1550 la franja del Pacido estaba despoblada.

Los “conquistadores” desmontaron esas estructuras, desbarataron sus estelas y  estatuas para poner otras, robaron su oro. Los pocos indígenas remanentes abandonaron sus costumbres y lengua, ya no esculpían estatuas ni cerámica, no volvieron a comerciar con grupos vecinos, los pocos tamemes eran forzados con carga  hacia las minas del norte donde morían por maltratos y el clima helado. Los pueblos mesoamericanos de la franja del pacifico: chorotegas, nahuas y marribios fueron diezmados y sometidos. Su civilización desapareció.

Al terminar con los mesoamericanos continuaron con los matagalpas, quienes recibieron el mismo trato, desaparecieron pueblos enteros como Olomega, Mizagalpa, Yazgalpa,  Linaguina, Tapiaguina, Palacaguina #1, Condega #1, Condega #2, Sebaco #1, #2, #3.   

Pueblos enteros fueron suplantados por soldados pardos:  Yalaguina #2, Jícaro #1, y # 2.  Pocos lograron escapar a las montañas al este, por eso nos llamaban “montañeses”, allí por 1556.

Sin embargo, 300 años después, en 1856 esos indios, sobreviviendo felizmente en sus cañadas de Yúcul, Susuli, Güibuse (lindos nombres matagalpas), dieron asilo a los descendientes de aquellos conquistadores que venían huyendo del “rubio esclavista del norte” que ellos mismos habían invitado, se sumaron a sus fuerzas, y con sus flechas en el nublado alba de aquel 14 de Septiembre salvaron lo poco que quedaba de la Nicaragua, la Teazotega, y la Totogalpa.

Esta última, tierra que habitaban desde mas de 4000 años atrás. ¡No podían perderla!