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“Para construir el amor”, de Carlos Tünnermann, es una poesía despojada y directa. De confesiones claras, en ningún momento hay un sesgo por la sugerencia o dejar entrever una posibilidad o duda. Se caracteriza por versos directos y sencillos. Sin retórica ni metáforas desbocadas. Estamos ante una poesía de la necesidad. La necesidad de compartir un hecho genuino y legítimo.
Hay poemas que gozan de una  gran candor: “Amarte es /  disfrutar tus manos, tus ojos y tu boca/ gozarte plenamente/ cada día y cada instante/ como si fuese el último…”.  Advertimos que en los versos no hay fingimiento. Solamente la saciedad de la vida.
No son poemas para impresionar ni predicar. Es simplemente  compartir la experiencia de cómo construir el amor. El único peligro que le acecha son sus propias virtudes: la sencillez de la que hace gala. Y a veces cae en algo muy obvio y común a todos los amores a como cuando dice en un verso que es:   “inmensamente tierno”. Y entonces se vuelve demasiado casual.
Sin embargo el valor del poemario se sustenta en ese atrevimiento de manifestar sin tremendismo el amor.
La simplicidad que impregna “Para construir el amor”, no está exenta de imágenes que surjan espontáneas, como cuando expresa: “¡Que extraño sortilegio renace/ entre las nieves vencidas!”
El poemario revela  también con precisión el paso del tiempo, sin caer en la desesperación  frente a esa realidad de deterioro y desgaste. Más bien asume una serena belleza, donde el amor nos revela  “un inusitado esplendor “ en el fluir de la vida que nos acompaña. No es un poemario de soledad ni desesperación, es un poemario de acompañamiento.
En Carlos Tünnermann el amor descubre al mundo, lo predice y reivindica. Son poemas que en alguna medida protegen la vida, como cuando nos dice: “De noche, tu recuerdo/ me llega en bandadas/ y me inunda de poesía. / Es entonces, amor, que descubro/  el misterio acurrucado en cada cosa”.
Los poemas de amor de Carlos Tünnermann cometen el delito de ser sencillos. Dos errores que no admite la poesía contemporánea. Abordar el amor de forma inocente y el segundo más grave aún realizarlo con extrema sencillez.
Sin embargo son esos dos elementos: el amor y la sencillez sin precaución lo que hace la poesía de  Carlos Tünnermann legítima, necesaria y desafiante.