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Las artes plásticas contemporáneas están marcadas fuertemente por dos senderos: la abstracción y lo conceptual. Generalmente los creadores en su aventura estética, toman uno u otro de los caminos, para dejar marcadas sus huellas en uno de ellos. Ilse Ortiz de Manzanares (León, 1941), la más trascendente entre las artistas plásticas de Nicaragua, con su extraordinaria producción, nos ofrece un sendero síntesis creado prodigiosamente por ella: la abstracción conceptual.

En el abstraccionismo nicaragüense la obra de Ilse Ortiz de Manzanares está ocupando merecida y gradualmente el lugar cimero. Doy como un hecho irrefutable que la obra de esta creadora leonesa y universal, rebasa los límites de experimentación y belleza, a las que llegó brillantemente el gran maestro del abstraccionismo en nuestro país: Leonel Vanegas (1942-1989); para situarse Ilse, como nuestra pintora abstracta-conceptual por excelencia. Probablemente esto siempre fue así, pero el tiempo y las conquistas de género, se han encargado de evidenciárnoslo.

Los títulos dados por Ortiz de Manzanares a sus obras plásticas, son extraordinariamente certeros. Borran la habitual ambigüedad intimista, duermevela particular y confusión conceptual de muchos/as creadores plásticos que no saben nombrar sus cuadros abstractos. En Ortiz de Manzanares hay un implacable ceñimiento al concepto entregado en lúcidos cromosemas. No afirmo con el aserto anterior, que la obra de Ilse, sea unívoca, no. Hay un dominio en ella epistemológico conceptual, que no anula las riquezas significativas de sus concreciones estéticas. Sus pinturas y esculturas nos hacen fruir, gozar y sufrir de un infinito jardín de senderos que se multifurcan en implacable belleza contemporánea.

El peso del arte contemporáneo flota o se hunde en el mar de la ontología. La trascendencia ontológica de la obra plástica de Ilse Ortiz de Manzanares, se une al paradigma epistemológico inaugurado hace 2,500 años por Parménides (creador del concepto ontos=ser) y que en la poesía nicaragüense ha tenido un feliz desempeño con las soluciones de continuidad dadas por Rubén Darío (“Las cosas tienen un ser vital”) en el Coloquio de los Centauros y por Joaquín Pasos en su Canto de guerra de las cosas. El peso matérico de las cosas, los objetos en la plástica de Ortiz de Manzanares, crean una dialéctica cognoscente entre el sujeto observador y el objeto observado, duelo de formas diferenciadas, yuxtapuestas, heridas, separadas, explotadas en el dulce espacio de aisthesis (estética). Después de ver la plástica de Ilse, el espectador jamás vuelve a ser el mismo.

En este sentido este concierto barroco y contemporáneo de claroscuros con reminiscencias rembrantdianas más alusiones matéricas al inefable Tapies, despliega un poderosísimo eje epistemológico trascendente en el pensamiento filosófico postmoderno de occidente. Para tratar de asir o captar un sentido posible y trascendental de la propuesta plástica titulada “Sólidos Heridos” de Ilse Ortiz de Manzanares, me ha hecho reverberar en mi alambique el siguiente eje del conocimiento.

Esta obra connota, marca y evidencia el concepto de la diferencia. La diferencia tal como la concibe Jacques Derrida para establecer las identidades del ser, el ente y la cosa. Sin diferencia no hay posibilidad de salir de la nada. Ver Tríptico 1974.

Esta obra connota, envuelve y despliega el concepto de pliegue. El pliegue tal como lo concibe Gilles Deleuze en su obra Le Pli (El Pliegue), para explicar toda la ascensión del ser humano hacia Dios a través del arte barroco (catedrales, música, poesía, esculturas, pinturas, etc.) También la obra connota la diferenciación a base de pliegues para generar la vida desde los monocelulares a los pluricelulares según la bióloga Lyn Margulys en su obra Microcosmos. Ver Fisuras de 1997.

Esta obra connota el concepto de herida de Gilles Deleuze analizando a Emile Zola. La herida como la separación violenta de los cuerpos, intersticios dolorosos por donde se filtra el foso, la cañada, el abismo. Un abismo que debemos llenar con Dios, el trabajo, las pasiones, los vicios o la autoaniquilación. Un abismo en el cual caemos y padecemos, según Roland Barthes cuando nos enamoramos, cuando amamos. Je ma abime. Un abismo del que solo el arte de amar nos hunde y quizás, nos salve. Ver Charneles o Barrotes.

Hay una dimensión cósmica en “Sólidos heridos” de Ilse Ortiz de Manzanares, en circunstancias que el tiempo, el espacio y la luz son curvos, en circunstancias que existen los agujeros de gusanos, en circunstancias que existen los agujeros negros, en estos sólidos ortiz encontramos evidencias de la evanescente –aparentemente sólida- dimensión cuántica de la materia. Por eso los sólidos están heridos. Los sólidos siempre están heridos y nunca lo son.

Detengo el fluir de mi escritura, razones de espacio me permiten solo rasguñar o acariciar estos sólidos heridos de belleza impar, donde Ilse Ortiz de Manzanares funda, para la aldea del mundo, el abstraccionismo conceptual.

Managua, 30 de Marzo de 2012.