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Charles Bukovsky despliega su propia versión de línea extrema de prosificación, hasta donde ha podido estirarse el viejo cuero de la lírica estadounidense. Marcas olímpicas también, medallas de oro. De paso, notemos su propia fórmula de dilución de ámbitos y linderos no solo entre poesía y prosa, sino entre un gran temario único, nacional, y otro temario alternativo, íntimo. Sin importar tampoco que alguna que otra vez coincidan, se relacionen, se confundan.

-Soportamos, por ejemplo, una fase aburridamente edípica-reivindicativa, en los poemas donde Charles se dedica a describir circunstancias de su dichosa infancia, en particular, las maneras brutales y los groseros hábitos cotidianos de su padre, dominante y tiránico. Su vivo espejo, el viejo, por mucho y por tanto que el poeta se esforzara luego, en vida, en pensamiento y en obras, por voltear aquel espejo patas-arriba.

-Muchos textos fueron concebidos a partir de una serie de situaciones y circunstancias triviales, una compra de whisky en una licorería, una parada fugaz en un bar de media carretera, en North Carolina (poema “Nirvana”), una excursión a las carreras del hipódromo (¿de Los Ángeles?), una reunión casual de amigos, unas llamadas telefónicas ociosas y azarosas. En otros casos, nos propone un abordaje irónico, sarcástico, de algo que se podría considerar una ocasión memorable. Encuentro con el famoso poeta (Philip Lamanthia).

-Disfrutamos más cabalmente esta lectura cuando asumimos al poeta como símbolo y emblema que reúne (mortificante y deliberadamente) todas las taras, defectos, vicios y manías de una sociedad materializada, consumista, alienada endémicamente, soplada e inflada al fuego por heroicas mentiras y por mitos megalómanos, y consecuentemente pretenciosa, engreída, arrogante. Esa sociedad entera se acusa, se delata, se confiesa, se condena y se castiga, desde el cuerpo y la vida accidentada y precaria de un tornillo (poético) flojo.     

-El alcoholismo exhibido como una virtud heroica, asumido como un signo de identidad y especial categoría personal.

-La afición viciosa a las apuestas, en las carreras de caballos.

-Machismo extremo, fundamentalista, y consecuente consideración de la mujer como mero objeto de comercio, consumo y deshecho.
-El nomadismo reiterado de una masa considerable de norteamericanos desarraigados. Leyenda de los Born to be Wild. Figuras ya canonizadas por el cine y la música popular.

-Egoísmo obsesivo, egolatría no solamente descarada, sino que exhibicionista. En sus extremos, traducida en pasear en público o calentar en casa una pretensión, aunque común, bastante idiota (the shortest & the foolest): “Soy una celebridad, soy un poeta nimbado por la fama”.  

-Por escrito. Un lenguaje grosero, crudo, descarnado y agresivo. Espulgado minuciosamente de expresiones líricas tradicionales, o de sentimentalismos consagrados. Sin embargo, crea figuras, metáforas ingeniosas. Adopción oficial, en compensación, de un florido léxico de improperios y “malas palabras”.

Ahora bien, los puntos positivos más recios de este escritor están del lado del poder de penetración de su mirada crítica, de su implacable mordacidad, de su atrevimiento y descaro. Las flores de su jardín son las abjuraciones radicales, las apostasías de la moral común y del civismo regular.

Adulto inmaduro, ebrio consuetudinario, nómada, pobre, sin familia. Actitud de conjunto que puede traducirse en frases hechas: “an outsider”, “against the stablishment” (hasta donde Bukovski se demuestra capaz de percibir globalmente las proporciones y las facciones decisivas de tal stablishment).

Sus armas existenciales son el rechazo sistemático de reglas, la cínica, desesperada y detallada afirmación y confirmación de su irregularidad. No job, no family, no political party “& no
Religión too”.

Encima: una filosofía muy coqueta.
En este punto CH. B. exhibe ingenuamente su snobismo, su frívola condición diletante. Luce tan torpe como una candidata a Miss América, a quien le hubieran tocado el tema. Philosophy? Of course, I love Philosophy, dejando caer de paso dos nombres “pesados”: Schopenhauer y Nietzsche, y como si notara que algo falta detrás de ellos, añade: Ah, y el incomprensible Kant. Es decir, Bukovsky no entiende un carajo, pero comprende a Kant, figura canónica, como posible medida proporcional de su propia y famosa genialidad. Lástima que Inmanuel Kant (1724-1804) ya hubiera estado muerto por dos siglos, porque hubiera dado una buena publicidad tomarles una foto juntos: Bukovsky y Kant. ¿No?     

Sus 104 páginas de poemas, en cambio, leídas de cabo a rabo, demuestran estar en posesión de una miserable información en cuanto a categorías y conceptos filosóficos básicos, así como escasamente al tanto de su desarrollo y evolución histórica. Sin ello, mencionar en vano el nombre de Schopenhauer, es confundir la obra intelectual de un pensador, con el fenómeno social que convierte en íconos a los simples aparatos de reproducción biológica de las estrellas cinematográficas.

-En general, los buenos poetas tampoco tienen para qué enmascararse de filósofos, ni posar de candidatos políticos, ni ataviarse de profetas del Antiguo Testamento (mucho menos del Nuevo, donde apenas cabe un solo profeta).
-Bukovsky se deja llevar a ratos perdidos por algunos arrebatos de inspiración cívica, trena, denuesta e impropera contra una lista de valores muy sentidos por el stablishment (consultar apéndice), declama, describe y lamenta los términos de un micro-Apocalipsis estadounidense (que de paso salpicará a todos sus vecinos de planeta).

Habla a su favor que tampoco estas fiebres le duren más que el plazo de algunos soberanos hang-over. Bukovsky suele ser también un nómada mental, errando al garete entre sus propias ideas, hasta el punto de empujarnos a sospechar que resultará incongruente toda intención nuestra (a posteriori, señalaría ese mismo Kant que Bukovsky nunca leyó) de organizar una estructura unitaria, fluyente, orgánica, a partir de ordenar el conjunto de ellas, tal como se presentan o insinúan a través de la lectura de estos poemas. Cualquier conclusión sensata y consecuente, para nosotros, nunca deberá atribuirse a un acto deliberado y persistente de la voluntad consciente del poeta. ¿Quedamos claros?

 

Los cargos en su contra
Aunque nos falta volver todavía sobre el asunto más abyecto:
Si esa intelectualidad femenina internacional, que ha venido encontrando expresión a través de aguerridas tribus locales, lograra articulación discursiva (además de las intuiciones pragmáticas y los fuertes instintos sentimentales que, hasta ahora, han podido aglutinarlas)…Charles Bukovsky sería uno de los poetas más detestables de este planeta.

Lista de cargos criminales y cuentas pendientes en su contra:
Descalificación moral e intelectual recurrente del género femenino, en cuanto categoría no sólo social, sino biológica.

Secuela: Cosificación, fetichismo mercantil. Malos tratos físicos, mentales y morales.

Sus desastrosos naufragios sentimentales, en cadena, se convierten así en la corona de males para su resentimiento generalizado contra el sistema establecido. Definen y completan una coyuntura clave del cuadro clínico de “perfecto perdedor”, por antonomasia, en medio de una sociedad de desaforados triunfadores.
No girl friend, no marriage, no family, no steady job, no children, no permanent home or address.

Si en otra ocasión nos viniera curiosidad por leer su biografía, deberá parecernos apenas proceso de terminar de enlazar y completar una multitud de detalles autobiográficos indudablemente presentes, a veces de manera obsesiva, (papá, mamá, pobreza, desencanto, desamor) insistentemente usados como material y recurso de composiciones poéticas. Aparte del espectro espacial ocupacional que él mismo nos propone para su vida adulta: bibliotecas, bares, via-jes.

Resultado: afinidades y repulsiones polarizadas. Una poética deliberada, refinada y esmeradamente canalla, anti-heroica, agresiva y grosera en sus modales. Cayendo sin empacho en las alcantarillas de lo banal y chapoteando golosamente en sadomasoquismos variados.     

Señalemos sí una estatua, que sobrevive al desastre crónico de la ciudad bukovskiana. En todo este panorama de abrojos y quebrantos, en este jardín de maniquíes rotos y decapitados, queda una figura femenina en pie, venerada y respetada, aunque a destiempo, aunque sea 25 años después de muerta:
“Jane, este poema es para vos”.

-Se nos ocurre una comparación pertinente y seguramente placentera, que provocará jugosas reflexiones. A saber, comparar una galería de las mujeres bukovskianas, con un ramillete de las putas protagónicas que adornan con sus vistosos atuendos y con sus semblantes embrujadores, tantas líneas de los primeros libros del recio, brusco y formidable poeta Gonzalo Rojas.  (Esto apenas como preludio y aperitivo para nuestro demorado estudio (work in progress) sobre la evolución de la figura femenina, considerada en la obra de los poetas nicaragüenses (o latinoamericanos, mejor, puede ser) a lo largo del pasado siglo XX).