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Con este texto entramos en el terreno privado del poeta. Es, asimismo, una exposición de su ars poética. Ya en La Insurrección Solitaria había elaborado algo similar, y en dos textos: Memoria para el Año Viento Inconstante y Ars Poética. Sin embargo, ese dúo es rebatido por Proyecto de la Obra Maestra.

Por ejemplo, en Memoria para el Año… aunque se anuncia la idea de la obra como cosa elaborada perfectamente, que se niega con series irónicas de versos, el objetivo perseguido es algo latente, que para conseguirlo es necesario “el holocausto del propio ser, Un pasado por fin que oponer al maldito presente” y, sobre todo, el poder hacer (aptitud e intuición) y el poder hacerlo (actitud y disciplina).

Es latente debido a la acechanza de la idea del arte imperfecto, que agobia a los artistas desde la irrupción del movimiento Romántico en Europa. La concepción del tiempo influye en Memoria, pues fue escrito cuando el poeta, estando en Francia (año 1951), absorbe todo el sentir de fugacidad e inmoderación con el presente, que la joven generación de entonces adopta como modus vivendi.

De ahí que considere oponer al “maldito presente” un pasado. Su inconformidad es contradictoria, porque si bien primero reconoce lo anterior, después afirma la necesidad de este tiempo para que surja el arte moderno, pues en medio de la vigilia el poeta debe estar atento para captar lo indispensable de lo nuevo, lo novedoso.

En contraste, Proyecto de la Obra ofrece una guía para conseguir ese fin, que el poeta asegura no está lejos, porque forma parte de su metodología de trabajo: “Que ya apunta. Pero imponiendo aún peores condiciones”. Las etiquetas de temor por el tiempo se han esfumado. Y la consecución del arte completo es cuestión ya no del tiempo sino sólo del artista.

En defensa de Memoria, argüimos que, por ser aún joven CMR, era notoria su inseguridad. Se sentía rebasado, no por asunto de capacidades sino por las distintas peticiones (gustos de los lectores y críticos) y variadas formas de perfección en el arte: colores y espacio (pintura), sonido (música), movimiento (danza). Esta inseguridad parte de algo ya confesado por él mismo: “Por eso pienso que/ quizás –como a mí a veces– te hubiese gustado más pintar”. Pero a pesar de ello, Proyecto de la Obra y Memoria para el Año comparten cosmovisión, aún con la distancia de 26 años que los separa: la condición en que nace el arte moderno, producto de la vigilia y la depuración (el re-trabajo del material escrito).

Proyecto de la Obra Maestra inicia con un una construcción adversativa. “Pero tiene que ser en las peores condiciones” es un enunciado que afirma con anticipación lo que se piensa exponer. Y luego, se empiezan a mencionar las condiciones en que deber surgir la obra maestra: “Sin jergón de yute ni botijo./ Guindando cabeza abajo”. O sea que la carencia de varios objetos y de varias comodidades, es vital.

Sin embargo, cuando se menciona la posición vertical que adopta el artista, para descansar y observar el mundo, se destaca que la realidad vista es otra; pero que ésta no es ajena, que mediante la percepción (que es invertida) se llega a entender el por qué de la existencia de dos realidades: la posición del artista ante la realidad que se propone vivir y la realidad de los otros seres.

Cuando se lee: “Atados ambos tobillos con un mecate/ amarrado al techo”, la primera sensación es que la obra maestra será ineludible, siempre y cuando el artista sea prisionero de sus fines, para lo cual es necesario desligarse del mundo. No obstante, ésta no es la idea primordial del poema. Aunque sigue manifestando su postura ascética, afirmando su precepto de arte, el interés de CMR es propiciar la Sabiduría, que a fin de cuentas es lo que contiene en demasía la obra maestra.

La Sabiduría la persigue con entusiasmo, pero sin frenesí; con reflexión y el meditar de su memoria en trance, para que “Ningún óbolo empañe su diafanidad”.