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En la Nicaragua postsiglo XX fluyen siempre nuevos versificadores y escritores, esta vez abiertos a nuevas variantes, temáticas y propuestas, no necesariamente ligadas a la tradición generacional proclive a la vanguardia exteriorista ni a la retórica política social. En este sentido, la aparición del poeta Max L. Lacayo en el escenario literario viene a confirmar lo dicho anteriormente, pues en sus dos libros, “Tinta invisible” y “El poeta y la paz”, ambos editados bajo el sello editorial Esquipulas, se perfila un nuevo giro en la producción  poética,  la cual, aunque ligada al amor y sus múltiples vertientes comunicativas, o bien a la invocación de la paz, muestra una tendencia hacia nuevos recursos en el arte versificador.
El libro “El poeta y la paz” es una obra acusiosa desde el punto de vista documental sobre nuestra historia, sin embargo, evita caer en la sociología de la palabra y en la descripcción textual de los hechos, como ha sido notorio en otros poetas nicaraguenses marcados o influidos por el exteriorismo casi fotográfico de Ernesto Cardenal, entre otros. Es un libro que también demuestra que es posible trazar bengalas luminosas sobre la porosidad  deprimente de nuestro devenir histórico, advirtiéndonos, recordéndonos, a todos por igual, que la paz sigue siendo el patrimonio natural para la salud de las naciones y sus habitantes.
Apoltronado en su exilio personal en Houston,  desde donde se dedica a su profesión de economista y a sus faenas como empresario, guionista de cine (ya en el radar de Al Paccino), músico, articulista de temas nacionales e internacionales y muy ávido de utilizar al máximo el músculo cibernético de hoy en día, lo que lo coloca en su carrera literaria pública en menos de dos años como un poeta ya bastante conocido por muchos, tanto en Nicaragua como en el exterior; Lacayo es ante todo un poeta, lo que no puede ocultar en ninguno de los oficios señalados, y menos a la hora de versificar o de escribir sobre la cultura nacional y sus múltiples máscaras.
Este su nuevo libro, “El poeta y la paz”, publicado y presentado semanas antes de las elecciones nacionales en Nicaragua, fue su aporte al proceso de gobernabilidad del país, pero también de la región. Ilustrado con una portada vivaz (diseñada por el propio autor), donde la escultura de la catedral de Granada reluce en todo su esplendor y belleza colonial, y en la cual los referentes de países como el de él, Estados Unidos, España e Inglaterra están presentes, aparecen impresos, como diciéndonos que Nicaragua, además de ser una pequeña nación más de esa convulsa pastilla global y planetaria, es también un país que debe abrirse al concierto de las naciones y sobre todo, de aquellas con las que en su historia y relación política ha mantenido vínculos estrechos.
Poema largo este, como casi no se escriben ahora. Épico en su consecuencia social de denuncia y didáctico y dialéctico en su interpretación moral, como debe ser toda buena poesía de contenido social. Pero también férreamente crítico de las debilidades de nuestra clase política, la que no se salva de su verso demoledor y contundente al referirse a la Nicaragua destrozada por su triste realidad económica y sus constantes crisis sociales: “¿Qué le queda a Nicaragua?/la incompetencia crónica política/ la creenia de que el mito es realidad/la tentación de un nuevo amanecer/con  su derroche de vidas y tesoros?/ Renovada afición de los soldados que/ aunque mutados sus genes por los siglos/ siguen la senda de las ciegas luminarias...”
Y es que la reflexión sobre el estado fallido, Lacayo no la abandona en ninún momento, y eso es lo que lo aprisiona, así sea desde sus cómodos silencios, pues es su desesperanza en un incierto porvenir para Nicaragua, la que lo impulsó a escribir esta nueva obra, entre desvelos, acechanzas y agrias críticas a quienes ostentan el poder político, sean de derecha o de izquierda.
Con esta obra Max L. Lacayo abre una nueva ruta en la lírica nicaraguense, colocándose como uno de los poetas más intensos y actuales del momento, desde su singular y distante rebeldía, está presente entre nosotros con su canto, con su hermoso himno por la paz en tres mil versos que invocan alianzas entre naciones, mujeres y hombres en búsqueda incesante de la felicidad, la esperanza de un nuevo tiempo, por muy nublados que puedan parecerle los actuales.

* El autor es periodista y escritor.