•  |
  •  |

A la edad de 87 años Ernesto Cardenal se hace acreedor del prestigioso Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Poeta controvertido por aquello de comulgar y defender con apasionada entrega la Teología de la Liberación dentro de la religión católica, e integrarse a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional durante la lucha del pueblo nicaragüense contra la dictadura de Tacho Somoza en la Nicaragua de los 70, y además por profesar sin cortapisas su deseo de decir las cosas con la verdad, contra quien propugne acciones en detrimento de sus congéneres.

Amén de sus logros en defensa de los jodidos y de su obra literaria, Ernesto es un escultor de inobjetable talento, méritos que en conjunto sustentan el acervo de un artista en toda la extensión de la palabra, conformando así en letras grandes un título indiscutible, el de poeta.

El honroso galardón otorgado al notable bardo centroamericano, no hace más que afirmar la calidad expresiva de su creación. La poesía iberoamericana está de manteles largos, uno de sus creadores es reconocido por su “arriesgada obra literaria en la que se halla presente la atención a los problemas sociales y la calidad humana y religiosa”, según reza el fallo dado a conocer por los integrantes de la comisión dictaminadora del premio.

Cardenal, amigo de México desde los tiempos en que llegó a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, allá por los cincuentas del siglo pasado, conserva fresco su don de gentes y ese carisma entre la población joven que lo sigue a través de sus palabras, pero además de lectores y admiradores de sus obras, Cardenal posee el don de hacerse escuchar como si fuera un portavoz de los acontecimientos en donde haya desigualdades y excesos de poder, por otros públicos ajenos a la literatura, esa convocatoria que realiza, quizá sin proponérselo, en auditorios distintos es fruto de su experiencia mundana y de su tránsito en el sacerdocio, como quiera que sea es muy provocativo que dedique uno de sus libros a una de las “stars” por antonomasia del más profundo Hollywood, como es Oración por Marilyn Monroe, por ejemplo, o que en las falsillas latinas desarrolladas en sus Epigramas recree temáticas, no tan místicas que digamos, como pueden ser el amor, la vida poética y la lucha política contra el dictador Somoza.

José María Valverde lo llamó “gran converso, poeta de barba prematuramente blanca, dueño de una voz, a un tiempo estremecedora y delicada; estremecedora por la crueldad de que da testimonio y por la ira sagrada que le hace clamar; delicada por la nitidez de su mirada y el mágico ajuste de la palabra en el ritmo. Ernesto Cardenal no es simplemente un poeta: su lectura nos cambia el mundo y nos llama a cambiar a nosotros mismos ante el mundo”.

Durante la visita que Ernesto Cardenal hizo a Puebla en 2010, invitado como “Visitante Distinguido” por Las Jornadas Internacionales de Poesía Latinoamericana en su quinta edición, se dio lectura de ponencias importantes, de estudiosos y académicos quienes a su vez reflexionaron sobre la obra del poeta, a decir de ellos, es una suerte de ruptura con una forma de hacer poesía ya desgastada por el tiempo y la rutinaria manera de expresarla, convirtiéndose entonces en la manifestación de la modernidad, liberando a la poesía de la crisis que se encuentra con el lenguaje y de la falta de certeza de la palabra, porque voltea a ver las cosas con mayor detenimiento, dándole la importancia que merecen, restituyéndole a palabras y cosas la potencia y significado.

Cardenal, añaden: nos enseña un nuevo lenguaje poético, el de la posmodernidad, como el hombre está solo, en medio de la creación, es preferible lo más concreto a lo más vago: es mejor iguana que animal, es mejor güisqui que licor; es decir, nos enseña a articular la poesía con el lenguaje nuestro de todos los días, buscando el entendimiento de nuestra realidad.

Hay en la poética de Cardenal, expresaron los participantes, el apego a una tradición que ha heredado de sus maestros poetas y espirituales, tal es el caso de Rubén Darío y de Thomas Merton. En Cardenal la contemplación se llena de la cotidianeidad de la realidad existente y esto se evidencia en sus poemas y en cómo trata el lenguaje para exponerlo. Pruebas fehacientes de este discurso se recogen, por ejemplo, en Murder inc., poema por demás provocativo, en donde se encuentra desaprobación y lamento, instantes líricos y policíacos, pero además conciencia histórica aderezada de enigma, convirtiendo un hecho, quizá insignificante, en un poema narrativo, subvirtiendo el género poético, de nueva cuenta encontramos al Cardenal provocativo, revolucionario no sólo por su participación en la guerrilla sandinista, sino también con la forma de poetizar.

La historia personal de Ernesto es una aventura y mucho de ella está contada en sus libros, podría decirse que además de ser un protagonista de la literatura también lo es de su propia vida, clara muestra de ello se halla en el volumen narrativo La Revolución Perdida, ni más ni menos que la historia de las interioridades y génesis, sin aliños de profundas y enmascaradas reflexiones, exenta de ditirambos psicológicos y filosóficos del movimiento popular, cuya vanguardia estuvo representada en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que destronó una de las tiranías más nefastas que se tenga memoria.

Ernesto Cardenal, devenido en narrador aquí en esta saga, da el justo colofón a sus memorias iniciadas desde Vidas Perdidas, pasando por Los años de Granada e Ínsulas Extrañas para terminar con La Revolución Perdida, en donde desemboca, con la ternura que ya aludimos, en el repaso sobre la verificación honesta del accionar de tantos protagonistas, para bien o para mal, que confluyeron en el movimiento.

Los personajes aquí retratados han sido cuidados de la manera que sólo un creador puede hacer, con generosidad, sin resabios ponzoñosos, mostrando las características y valores por los que han sido objeto de la atención focalizada del autor, considerado en su tiempo y desde siempre, baluarte y paradigma del proceso, al igual que otros de su misma estirpe, mencionados en el transcurso de la narración. Libro digno, La Revolución Perdida contiene detalles de los andares y vicisitudes de escritores e intelectuales nicaragüenses mientras recolectaban fondos para su empecinada lucha contra el régimen dictatorial somociano, la incansable lucha de la iglesia de los pobres en la innovadora Teología de la Liberación, con el episodio tristísimo del regaño infringido por al Papa a Ernesto, dizque por estar al servicio de una agrupación –por muy revolucionaria que se considerase- fuera de la ley, el trasiego de armas y víveres, la recepción de los amigos en Solentiname, las distintas conversiones de jóvenes provenientes del burguesato criollo, la lucha denodada en el programa sin par de la alfabetización, que llegó prácticamente al 100 por ciento, la indomable decisión de sus mujeres y otras batallas libradas al amparo de una mística y vocación libertaria de quienes ahora son auténticos referentes, libro y memoria de dicho espacio histórico, con una prosa impregnada de la poética cardenalicia, fluida, sencilla, dándole importancia al anecdotario, a las percepciones y sensaciones personales sin detrimento alguno al fruto del relato, que a fin de cuentas parece ser la intención: emprender la historia tal como la vio y la sintió.

Solentiname, isla situada en un archipiélago del Gran Lago de Granada, lugar ya mítico de la literatura (al igual que los Macondos, Comalas, Santa María…), visitado por Cortázar, García Márquez, Galeano entre algunos escritores importantes de América, amigos de la Revolución, también aparece en el libro como otro personaje de la saga, con su carga de fascinación y esperanza, pero además con el dibujo de los tintes trágicos originados en la familias al integrarse a la lucha.

La Revolución Perdida, es entonces, la sentida referencia de un poeta y revolucionario acerca de los hechos y circunstancias que lo rodearon, en tanto daba lo mejor de sí para embarcarse en el vuelo de la utopía libertaria, con el agregado de poseer en sus entrañas, las inigualables voluntades femeninas, verticalidades estudiantiles, la innegable templanza campesina, el oscuro sentido del deber militar para con el tirano, concienzudas decisiones empresariales, profundidades del intelecto, dudas eclesiásticas, innovadoras y arriesgadas posiciones políticas, pero más alto aún, el valor profundo de las madres de la Revolución y los distintos desmembramientos familiares.

Merecidísimo honor a este gran poeta, el Premio Reina Sofía de Poesía 2012 concedido a Cardenal, que reconoce en sus premiados “el conjunto de la obra de un autor vivo que por su valor literario constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España”.

Desde Puebla nuestra más sincera felicitación.

Sin duda habrá que releerlo y buscar sus libros para re-adentrarnos en su universo.

 

coreatorres@yahoo.com

PUEBLA, PUE.

MÉXICO.

07 MAYO 2012.