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Está a punto de finalizar la Oncena Bienal de Artes de La Habana, en la que Nicaragua estuvo representada por dos referentes de nuestro arte contemporáneo: Marcos Agudelo y Patricia Villalobos.

Sus modernas y desafiantes obras fueron elegidas para formar parte de esta muestra que, según Agudelo, junto a la de Sao Paulo, es una de las bienales más importantes en Latinoamérica.

Lo anterior es mérito suficiente para que el artista considere que su participación es un hito personal, que asume con gozo, consciente de que es un privilegio que le hayan elegido porque está convencido de que hay muchos creadores de calidad en el país y en la región centroamericana.

“Si para mí era un sueño asistir como espectador a cualquier edición de la Bienal de La Habana, que me invitara el Centro Wilfredo Lam como expositor en esta onceava edición fue más que una grata sorpresa”, confesó. Mientras tanto, Patricia Villalobos considera que esta experiencia es muy significativa porque le ha dado la oportunidad de entablar un diálogo entre su obra y el público cubano.

“Una parte muy importante de poder instalar y elaborar la obra in-situ fue el diálogo entablado con el público cubano durante el período de investigación del espacio arquitectónico de la ubicación en el Centro Wilfredo Lam; la forma en que el transeúnte se moviliza a su alrededor y el registro de actividades que se realizan en su entorno. La habilidad de poder entablar conversaciones con el público enriquece el entendimiento de mi propia obra y de cierta manera forma parte de la obra misma”, señaló. Y de ese acercamiento al pueblo cubano Agudelo recalcó que siente agradecimiento y que tiene una deuda con él, que es “anfitrión como pocos y un gran referente, porque ha sido capaz de hacer inmensos sacrificios para organizar un evento de categoría mundial y eso debe reconocerse y apoyarse”.

Al margen del honor que significa para ambos haber sido seleccionados para estar en esta Oncena Bienal, es meritorio destacar que los artistas en Nicaragua siguen careciendo de apoyo, y que, con la excepción de la Fundación Ortiz Gurdián y algunas pocas instituciones, aún pervive en algunos sectores de la sociedad el menosprecio al arte que Darío experimentó y retrató en el precioso relato “El rey burgués”. Agudelo es la prueba de ello, pues si bien no tuvo que tiritar de frío como el poeta del cuento dariano, reconoce que mostrar su obra implicó “un sacrificio económico personal”, porque dejó de trabajar por dos semanas para dedicarse exclusivamente al montaje para el evento.

Patricia corrió con mejor suerte, gracias a que reside en Estados Unidos y su obra recibió el apoyo de la universidad donde es docente permanente: Western Michigan University.

Así que, ojalá nuestra empresa privada, e incluso las instituciones estatales, evidentemente más obligadas, tomen conciencia de que el arte es importante para el desarrollo de un pueblo.