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Nuestra estrategia incluyó además otra cadena que se vino hilvanando gracias a un grato azar. El agradable tiempo disfrutado en compañía de María Eleonora, de Mónica Altamirano, y de Victoria Eugenia Barreda. Nuestros reencuentros cordiales con Dannys Montes de Oca, con Ibis Hernández Abascal, más una larga y animada jornada de observación artística, de varias estaciones, con Verna y con Alive, más la simpatía inmediata encontrada y correspondida con Joelle Ferly, con Ingrid Bachmann, o la confirmación de nuestro aprecio por José Manuel Noceda.

Abrazar a Patricia Villalobos, bromear en clave egipcia con Edgar León, consumir unas cervezas Bucanero, con Habacuc Vargas, en la barra de La lluvia de Oro, en una esquina (otra) de la calle Obispo (ahora peatonal) que José Lezama Lima hubiera reconocido aun a ciegas, o aun sonámbulo.

Son gustos y requintes, don Macario, que tampoco disfrutamos a diario.