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Un encuentro medularmente significativo nos fue dado tener con Llilian Llanes. Doctora en arte, investigadora de arte cubano, latinoamericano… (y de todas las demás latitudes geodésicas que pueda uno concebir), pero de convicta, confesa y demostrada preferencia por estudiar, promover y valorar el arte del Tercer Mundo. Directora original y fundadora de la Bienal de La Habana, donde y desde tales funciones organizó, coordinó y llevó a cabo las primeras seis ediciones de este evento.

“…la suya es una mirada que rebasa con mucho la problemática del arte cubano. Es, y aquí radica su principal valor, una mirada cosmopolita como pocas, como probablemente no se pueda encontrar en el gremio de nuestra crítica o, para mejor expresarlo, entre los que piensan sobre arte ahora mismo en Cuba”.

Esto ha escrito sobre ella Rafael Acosta de Arriba, en el prefacio a Más allá de la Crítica, (edición del Consejo Nacional de Artes Plásticas, La Habana, 2012, página 3).

Nosotros ampliaríamos el contexto donde y para el cual es válida esta afirmación. Sería necesario escarbar y escrutar mucho entre la producción crítica latinoamericana, a lo largo del pasado siglo veinte, para encontrar muy pocas personalidades que sustenten un criterio que demuestre la amplitud de visión y experiencia, junto con la limpidez y desenfado de expresión, la agudeza intuitiva y la capacidad de multiplicar y potenciar la creatividad de los artistas, tal como lo ha demostrado Llilian Llanes.

Nuestro acercamiento tuvo tres momentos. Primero, hace tres o cuatro años, haber leído en orden, los textos de presentación redactados por Llilian para cuatro de esas seis primeras ediciones de la Bienal.

Segundo, la grata sorpresa de encontrarnos presentes, en el auditorio del Museo de Arte Moderno, la mañana del lunes 14 de mayo, inaugurando el evento de exposiciones teóricas (o al menos de amplio aliento crítico) de esta edición. El plato fuerte de esa mañana fue la exposición oral de Llilian Llanes Godoy, plato cargado de sutiles condimentos, rico de experiencias, elaborado con el espesor y el peso específico del conocimiento orgánico, discurso no leído de una redacción previa, sino preparado sobre la marcha, con una fresca impronta de espontaneidad y con sabor de confidencia simpática, que propuso una síntesis de los avatares gozados y sufridos por Centro y Bienal, durante aquellos años fundacionales. Una reflexión sobre la maduración gradual de unos propósitos y unas convicciones que fueron punto de partida. Un recuento de experiencias y logros, una recapitulación de dificultades, obstáculos, crisis planteadas y resueltas.

Una exposición ágil, amena, espontánea, rica en expresiones impregnadas de una ironía y un humor de filos muy agudos, pero siempre discretos, comedidos por una lucidez excepcional. En suma, se nos reveló en plenitud una excepcional personalidad humana.

Al final, se ofreció a venta el libro más reciente de Llilian, “Más allá de la Crítica”, donde se desarrollan, amplían y ejemplifican algunos temas que en la exposición anterior fueron solamente esbozados. Libro que nos apresuramos a adquirir.

Dos días después, a mediodía, coincidimos inesperadamente en el patio árabe del restaurante Alféizar, en la calle Oficios, entre Obispo y Obrapía. Coincidencia afortunada. Llilian me reconoció y me saludó con simpatía. Me invitó a compartir la mesa que ella ocupaba con su amiga Beatriz Aulet. Unos minutos más tarde se nos reunió Xenia Mejía. La conversación entre nosotros cuatro, el clima de confianza, de amistad, de compañerismo sin barreras, sin sombra de escalas jerárquicas, con que ocurrió y transcurrió nuestro almuerzo, será una expresión de afinidad y de aprecio que agradeceremos de por vida.

Estas conversaciones deberán encontrar derivaciones posteriores, porque leeremos con cuidadoso esmero Más allá de la Crítica. Texto que presenta una percepción global de la Bienal a través de su desarrollo, enriquecida con la perspectiva de estos años recientes. Por nuestra parte, nos proponemos analizar, reflexionar y comentar con bastante detalle, los contenidos de este libro. Estudio que vendrá a adelantar significativamente nuestra tarea asumida de estudio y comprensión progresiva de la Bienal de La Habana, que ha sido complementada al hacernos presentes una y otra vez en el lugar de estos eventos, en una secuencia ya próxima a los diez años de duración.

Porque la Bienal, el arte cubano en su historia y en su evolución, son un capítulo importante del acercamiento total a Cuba que nos motiva y nos provoca. Un acercamiento que incluye su arte, su literatura, su música, sus deportes, sus diversas expresiones culturales y espirituales, pero también involucra y valora la amistad y el aprecio compartidos con su gente. Con las cubanas y cubanos concretos, individuales, a quienes nos hemos acercado, y con quienes hemos disfrutado de algún grado de amistad, en todos los estratos y en todas las esferas donde hemos tenido oportunidad de estar presentes.