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Entre Rubén Darío y Amado Nervo no hubo ninguna relación homosexual, ni siquiera episódica. Los nueve manuscritos en que se basa el artículo sobre sus amores transgresores son falsos. Tenemos que agradecer a Alberto Acereda, el autor del artículo que acabamos de analizar, por haberlos escogido y reproducido en el apéndice, lo cual nos permite formar una opinión sobre el valor del archivo al cual pertenecen. La Universidad de Arizona ha hecho una inversión considerable para comprarlo. No sabemos qué precio pagó, pero hemos leído en la prensa española (Caballero 2011) que el año pasado (2011), el dueño del archivo lo ofreció a la Univer­sidad Complutense y como no fue aceptado, intentó subastarlo por un monto de 130.000 euros; sin embargo, como la subasta probablemente no hubiera dado ese resultado, lo retiró. Podemos concluir de ese detalle que la Universidad de Arizona debe haber pagado una suma similar, es decir unos 160.000 dólares US, o incluso más.

No podemos, por ahora, hacer el viaje a Tempe (Arizona) para examinar los otros manuscritos. El investigador que tiene la posibilidad de hacer este viaje, se encontrará probablemente ante un conglomerado de elementos de carácter diferente: a) Textos transcritos y firmados por el propio Darío, en Barcelona o en Nueva York, bajo la influencia de su secretario Alejandro Bermúdez, con el irresistible argumento: “Poeta, ya no hay dinero, copie y firme algún poema, trataré de venderlo.” Son, pues, manuscritos tristemente auténticos, aunque su valor para los estudios literarios sea nulo; b) Textos transcritos por Bermúdez y firmados por Darío, con el mismo objetivo; c) Textos transcritos por Bermúdez y firmados por él, falsificando la firma de Darío, con el mismo objetivo; d) Textos transcritos en una época mucho más reciente, probablemente por algún familiar o descendiente lejano de Bermúdez, personaje poco compenetrado con el pensamiento y el estilo de Darío y poco familiarizado con su biografía, pero relativamente culto y versado en los estudios de género y otras modas intelectuales del momento, familiarizado tal vez con la famosa “patraña de Sokal”, capaz de manejar una pluma fuente y de inventar los elementos necesarios para llamar la atención de una institución académica prestigiosa, embaucarla y defraudarla. Las supuestas cartas de Darío a Amado Nervo pertenecen a ese grupo de textos; e) Al fin, también hay en la colección, sin duda, algunos documentos auténticos: me refiero sobre todo a los recibos (5 en español y 7 en francés, 12 en total) contenidos en las cajas II y III, que podrían interesar a algún futuro biógrafo de Darío.

Conglomerado interesante, pero ¿valía la pena comprarlo por 160.000 dólares?