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Casi todas las tardes me siento afuera

en la acera de mi casa. Solo.

Veo desde allí el palito de

malinche rojizo a un lado de la

reja y al otro lado el otro malinche

amarillo y en medio el árbol ¨llamarada del bosque¨

que está floreciendo encendido.

Se oye por la calle… el pan... pan…

del hombre que pasa en un carrito negro y

después el otro que viene en un carrito rojo

vendiendo helados.

Están florecidas las musas blancas y las de color

anaranjado también..

una mariposa azul se sienta en las ramitas

de abajo de las pastoras verdes y

sobre el alambre eléctrico del patio se sienta

un güis con su canto amarillo… (cierto güis de

baladrán) y unas palomitas cafés

bajan al césped a cazar insectos.

La tarde va cayendo, poco a poco,

despacito y triste: así es la tarde.

y así se hace el día, pues… mañana, tarde y noche.

Todo lo que queda después es dormir, y volver

a esperar el otro día.

Cuando me despierto al amanecer me asomo a la

ventana y me alegro porque veo que va a llover,

tal vez…

la lluvia se desnuda en el rocío –yo me río de mis

ocurrencias…-

Me voy a bañar con agua fresca, después me

salgo a desayunar y luego pongo un butaco

en la esquina del corredor y leo el periódico;

pero primero me pongo a rezar.

Fernando Silva