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Conecto la frase histórica con el refrán, el asesinato de Julio César y el del gato para referir el efecto de la lectura de “Danzaré sobre su tumba”, primera novela premiada de la Señorita Villalta. Flaco favor se le hace a la muchacha si abrimos la boca como en la silla dental porque pegó jonrón al primer batazo, es una sorpresa grata, ¿y qué?, los aciertos igual que las fallas no van con la edad, “porque eso no tiene horario ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan” se canta en la cumbia, lo mismo surgen cualidades o defectos de la cuna a la tumba importando el producto no tanto si lo creó Peter Pan o Matusalén.

En artes y letras menos, Rafael giovanetto pintó las estancias vaticanas, Rimbaud chatel se sacó el pito para mear sobre el mantel impoluto de la mesa de banquete de los académicos, así que rebasando el asombro por causa de Cronos, podemos decir como lectores, (eruditos never de limón), que la historia comienza y termina de pe a pa como el cuete de “La Caimana” al que se le pega el tizón, agarra fuego y prende, echa chispas, sube y estalla: ¡pusschhhh!, ¡pum!., acción, secuencia, sorpresa, expectación constante y satisfacción final como la de un buen orgasmo.

Pues sí, el asunto no es ver un paisaje alongado en panorámica donde a la izquierda nieva, en el centro truena y a la derecha alumbra el sol, simultaneidad ninguna, pero sí plantar desde las páginas de inicio un desasosiego in crescendo después que se pasó por A, B y C, sin contar que el aguacero paró y su última gota cayó en la cabeza de un zopilote que le bajó al pico para dar entre los senos de una porrista ensayando en el patio de su instituto y que la parvada de gallinas fue menguando de sopa en sopa, brinca brinca imaginativo de “Caracol Beach” que no cabe aquí porque su humor es distinto, ajeno al malabarismo verbal.

Si leer matara, la perversidad del libro lo haría con la cantidad de muertes que produjo “La gran guerra patria” para acabar con las manos tintas en sangre oliendo carroña a cada aspiración. Qué bien plasmar el mal con suma delectación, regodeo en el miasma de la condición humana, en la parte demoníaca que carga cada quien sin decir agua va o quítame de ahí esas pajas, sin pedirle permiso a naiden, a ninguna doble moral, consciente de técnicas y estrategias narrativas P.C. (políticamente correctas) del buen decir, cumpliendo la afirmación de Vargas Llosa que en arte vale todo porque para eso está y lo contrario equivale a recrear el “Catecismo Ripalda”, algo que debería reconocer alguna izquierda chaolina que lo tilda de pro imperio, a veces con cierta razón.

¿Y Baudelaire?, ¿y Poe?, pues tranquilos en sus altares oliendo incienso día y noche, nada qué comparar cuando sus intenciones fueron otras y no se toma la escritura como carrera de relevos, ni salto a la garrocha en las olimpiadas de letras. No obstante por esta ópera prima dan ganas de acuñar la frase “lo perverso delicioso” ya que la autora lo maneja con un cinismo exquisito. Advertissement: parece que nuestros jóvenes detestan oír consejos o peor aún tener tutores, pos qué bien, para eso tienen el cyber espacio ya que muchos prefieren la realidad virtual a la real, por ello se siente irrelevante hacer la pregunta del millón: ¿y ahora qué sigue?, aunque todo lector tiende a pedir más, la novel escritora está en su derecho de hacer lo que quiera: una pausa o exprimirse las neuronas, peró… auguri carina.