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Pablo Antonio Cuadra nació en Managua el 4 de noviembre de 1912 y desde su infancia experimentó intensamente el campo y el paisaje nicaragüense. Nuestro Gran Lago sería para él fuente inagotable de inspiración poética. Fueron sus padres el destacado jurista, político e intelectual conservador Carlos Cuadra Pasos y doña Mercedes Cardenal Argüello. En su hogar asimiló todo un legado de cultura y religiosidad; su madre se había educado en Francia con las religiosas de la Asunción y conoció entre ellas a su fundadora santa María Eugenia Milleret, transmitiéndole a su hijo el amor por la lengua y la cultura francesas y una ferviente fe católica.

“Mi madre se había educado en París desde muy niña –escribió el poeta- y cuando volvió a León de Nicaragua de 18 años, había olvidado el español; olvido que la dotó de una cierta encantadora timidez y de un perfecto conocimiento de la lengua francesa. Aún ya moribunda, a los noventa años, sus rezos eran en francés”. Su padre “hidalgo y pensador” provenía de una estirpe de letrados criollos y cultivó en Pablo Antonio el amor por las letras y una vasta cultura afincada en el mestizaje. Esta herencia la profundizó el poeta en el Colegio Centroamérica de los padres jesuitas en Granada, donde estudió primaria (1920-1925) y secundaria (1925-1930), obteniendo su bachillerato en febrero de 1931.

En cuarto grado de primaria tuvo de maestro al P. Miguel Agustín Pro SJ, que sería martirizado en México en 1927 y beatificado por Juan Pablo II; este joven jesuita mexicano fue el primero en reconocer su talento literario y le estimuló a redactar composiciones desbordantes de fantasía y creatividad. Aprendió latín con los jesuitas y leía a Virgilio en su lengua original. En 1929 participa con José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos y otros jóvenes poetas en el Movimiento de Vanguardia, que arremete contra los ya anquilosados moldes estéticos del modernismo e introduce las incipientes tendencias literarias y artísticas del siglo XX, afirmando simultáneamente la identidad nicaragüense.

“Si a alguien debemos el haber buscado sedientamente a Nicaragua, es al legendario Guerrillero que, aparte de su propia guerra, estaba librando en nuestra imaginación toda una Ilíada nueva”, escribió el poeta acerca de Sandino en Torres de Dios (1958). En Canciones de Pájaro y Señora (1929-31) se nutre de los ritmos populares del folklore nicaragüense y de la lírica medioeval española. Emprende en 1933 en calidad de secretario de su padre que iba a participar en la Séptima Conferencia Panamericana de Montevideo un viaje por América del Sur, y pasa por Panamá, Colombia, Chile, Perú, Bolivia y Argentina, donde trata con descollantes figuras literarias como Leopoldo Lugones, Federico García Lorca, Ricardo Molinari, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Jorge Carrera Andrade y Juana de Ibarbourou, en cuya casa lee por primera vez sus Poemas Nicaragüenses, publicados un año más tarde en Chile.

“En los años de la ocupación norteamericana, Nicaragua dio dos grandes testimonios de nacionalismo: Sandino en la montaña y Pablo Antonio Cuadra en sus Poemas Nicaragüenses”, escribiría en 1973 Carlos Tünnermann Bernheim. Al regresar a Nicaragua en marzo de 1934, Sandino había sido asesinado. Entonces los vanguardistas dan su apoyo al incipiente dictador Somoza García y se entusiasman con los movimientos fascistas europeos.

¿Por qué este súbito giro? Julio Valle Castillo lo explica así: “Con su hispanismo anti-anglosajón y con su nacionalismo, se manifestaron anti-intervencionistas, de aquí que coincidieran temporalmente con una de las reivindicaciones del general Sandino, cuya guerrilla campesina para los años 1930-1931 dominaba más de la mitad del territorio nacional. Este fue el sandinismo de los vanguardistas; coincidencia en el nacionalismo y anti-intervencionismo, sin ahondar ni comprometerse con las posibilidades revolucionarias que inauguraba la lucha”.

En 1935 expone Cuadra su ilusa postura política al poeta español José María Pemán con palabras que muy a pesar suyo se cumplirían al pie de la letra y como una maldición para Nicaragua: “Las mismas razones que Vd. expone a favor de la Monarquía apoyan nuestra fórmula dictatorial de una autoridad unipersonal, fuerte, libre y durable. Mientras Vd. se deja llevar por su lógica hasta el Monarca en retorno, nosotros nos dejamos llevar hasta el Monarca en germen. Queremos un dictador para lograr luego un hijo dictador y luego otro hijo dictador”.

Somoza García, jefe de la Guardia Nacional desde 1932, daría el golpe de estado al presidente Juan Bautista Sacasa el 31 de mayo de 1936 e instauraría su régimen dinástico; a fines de 1937, nombrado ya presidente con el apoyo del partido liberal, ordena el encarcelamiento de Pablo Antonio Cuadra en Granada. “No sé a qué síntesis ideológica o a qué aberración hubiera llegado –recapacitaría más tarde autocríticamente Pablo Antonio Cuadra- si Somoza, el dictador que surgió entonces en Nicaragua y a quien nosotros, en un primer momento habíamos apoyado, no me mete en la cárcel acusándome de partidario de Sandino y me hace sentir en carne propia los efectos de una política que niega la libertad y rinde culto al poder carismático y absoluto”.

Incursiona en el teatro con su obra Por los caminos van los campesinos (1936), en la que refleja la guerra civil entre liberales y conservadores y la intervención norteamericana de los años 20. El crítico teatral guatemalteco Carlos Solórzano, en su obra El Teatro Hispanoamericano Contemporáneo, publicada por el Fondo de Cultura Económico de México en 1964, reconoce en ella “un acento de hondo lirismo… que nace de las mejores fuentes: de la canción popular, del refrán y de una cierta nostalgia del idioma”.

En 1939 asume el cargo de diputado del Partido Conservador Nacionalista que dirige su padre y en 1940 es hostigado legalmente por el dictador Somoza García con un proceso. Cuadra –señala su nieto Pedro Xavier Solís en su obra Pablo Antonio Cuadra, Itinerario- se convierte entonces en “el defensor de un imperialismo espiritual español” a través de sus libros Hacia la cruz del sur (1936) y Breviario Imperial (1940); según Solís, Cuadra era ante todo monárquico y pronto se desencantó del régimen franquista, cuyo “camino iba torcido, demasiado torcido”, según escribió el poeta a sus 27 años al ideólogo monárquico Eugenio Vegas Latapie en diciembre de 1939, quien, tal cual certeramente le predijera Cuadra, culminaría su destino volviéndose preceptor del futuro Rey de España don Juan Carlos de Borbón en 1948.

En sus Memorias de 1987 Vegas Latapie formula estas reminiscencias: «Era lógico que los ideales sembrados por Maeztu dieran pronto sus frutos. Un día recibí en Acción Española un sobre procedente de Nicaragua, patria del inmortal Rubén, con algunos recortes de periódico enviados por un corresponsal para mí desconocido: Pablo Antonio Cuadra. Leí con atención los artículos y decidí, sobre la marcha, incluir dos de ellos en el número de la revista que estaba preparando. Uno era del propio Cuadra y otro la reproducción de un discurso de José Coronel Urtecho.

Tan vibrante era el españolismo de nuestros nuevos amigos, que Maeztu llegó a sentir la alarma de que pudieran despertar recelo en Hispanoamérica sus fervores, confundidos con el resurgimiento de una idea imperialista que se acercaba incluso a la dominación territorial. Para evitar ese riesgo, escribió uno de los pocos editoriales suyos de la revista, titulado «La tradición hispánica en América», en el que afirmaba: “Tenemos miedo que el hispanismo de nuestros amigos de América pueda ocasionar que se les tilde de poco patriotas.”

Para Maeztu resultaba evidente que los pueblos se gobiernan mejor desde cerca que a distancia; su idea de la Hispanidad era un entretejido de lazos espirituales, ajeno por completo a la dominación territorial. En su pensamiento, todos –españoles, argentinos, peruanos, nicaragüenses... – formábamos parte de la Hispanidad; en modo alguno podíamos ser considerados como padres y el resto hijos menores sometidos a tutela. Los dos nicaragüenses se dieron perfecta cuenta de lo que pretendía don Ramiro. Desde sus generosas afirmaciones iniciales, fue estrechándose una amistad fraternal, en verdadera comunión de ideales y de esperanzas”.

 

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