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La Academia Nicaragüense de la Lengua, reunida en sesión plena, declara que tiene elementos de prueba suficientes para rechazar como burda falsificación los manuscritos atribuidos a Rubén Darío, que fueron adquiridos por la Universidad del Estado de Arizona, y en base a los cuales el profesor Alberto Acereda ha escrito un ensayo publicado en el Bulletin of Spanish Studies, de Londres (Volumen LXXXIX, Number 6, 2012) bajo el título “Nuestro más profundo y sublime secreto: los amores transgresores entre Rubén Darío y Amado Nervo”.

En efecto, el artículo se sustenta tanto en cartas apócrifas del bardo nicaragüense a su compañero modernista Amado Nervo como en el poema de Darío “¡Ah, recuerda!”, supuestamente dirigido al mismo Nervo y fraudulentamente datado en “Barcelona, noviembre, 1914”.

Para esa fecha, Darío no se hallaba en Barcelona. El 24 de octubre de 1914 había partido hacia Nueva York para emprender una campaña pacifista en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Además, el texto de “¡Ah, recuerda!”, que el profesor Acereda presenta como un hallazgo, corresponde a un poema de Darío de sobra conocido, anterior a su período chileno (1886-89), titulado “Remember”, escrito en su adolescencia, cuando no conocía a Nervo y nunca pudo habérselo dedicado. Se localiza en Poesías completas (1967), compiladas por Alfonso Méndez Plancarte, pp. 163-164. Así lo descubrió nuestro colega académico el escritor Sergio Ramírez, quien lo ha referido en su columna —difundida habitualmente en España y Latinoamérica—, titulada “El arte de dejarse engañar”.

Se trata, pues, en ambos casos —del poema y de la carta— de falsificaciones burdas, cuya caligrafía es idéntica a la de otros muchos documentos que una red fabrica en Nicaragua desde hace muchos años estafando a coleccionistas e instituciones públicas y académicas.

En consecuencia, nuestra Academia reitera su rechazo a la propuesta del profesor Acereda de que, en base a su inexistente hallazgo, la obra de Darío, y por tanto la de Nervo, debe interpretarse a la luz de la homosexualidad. Esta no se vislumbró jamás en la amistad estrecha que mantuvieron ambos poetas, como lo revela su verdadera correspondencia.

Más aun: la Academia comparte los cuestionamientos que han realizado otros dos colegas nuestros, y en este caso dariístas (Jorge Eduardo Arellano y Günther Schmigalle) acerca de la autenticidad de los documentos de Rubén Darío adquiridos este año por la Universidad Estatal de Arizona. Nos referimos a los artículos “La dudosa colección rubendariana de Arizona” y “El poeta de Nicaragua y el gran fraude de Arizona”, ambos publicados en El Nuevo Diario este 17 de diciembre de 2012.

Francisco Arellano Oviedo

Director

Pedro Xavier Solís Cuadra

Secretario