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Rosario Aguilar, pionera de la novela femenina nicaragüense, es una caja de sorpresas. Su nueva creación narrativa es la novela Miraflores, cuya trama se focaliza en la ciudad de León y sus comarcas fácilmente identificables por las direcciones que suelen emplear los nicaragüenses. Es la tercera novela con personajes masculinos, (a Miraflores le han precedido Las doce y veintinueve que nos recuerda la destrucción de Managua por el terremoto de 1972 y La promesante protagonizada por Dagoberto que vuelve a aparecer en Miraflores. El pivote central alrededor del cual gira la trama es la de un mundo lleno de conflictos protagonizados por ricos terratenientes que resuelven sus rencillas a balazos por la posesión de la tierra. En el cosmos narrativo sobresale Crisanto Flores, muy buen mozo y de armas tomar. Es la primera novela que Rosario aborda un tema tipo Western al estilo nicaragüense.

La novelista leonesa conoce muy bien los conflictos de tierra donde priva la ley del más fuerte. El hilo conductor es la rivalidad de Crisanto Flores con José Ruiz, odio signado por la pasión que despierta una bella joven Eloísa en Crisanto; ambos empujados por el deseo, dejan plantados el día de la boda a sus respectivas: parejas: Virginia y José. Esta escena de la huida nos recuerda la tragedia lorquiana Bodas de sangre cuando Eloísa como la Adela de García Lorca, huye descalza, a la hacienda del hombre que ama y reta a Crisanto a que la posea, que demuestre “que es hombre de pelo en pecho”.

El desenlace es diferente a la obra de Lorca, pues el escondite de la pareja es descubierto por un perro del mismo Crisanto. Son obligados a casarse por el sacerdote del pueblo, Eusegio, para no vivir en pecado. Esta escena pletórica de erotismo constituye una página muy lograda de la desaforada entrega de los amantes, con la cual Aguilar demuestra su gran habilidad en el conocimiento de las pasiones humanas como en Primavera sonámbula y en La niña blanca y los pájaros sin pies. Desde entonces, la traición de ambos suscita una lucha a muerte. Crisanto y Eloísa despiertan el odio de la novia burlada, Virginia, quien por despecho, persigue a Crisanto implacablemente dejando que las vacas sean preñadas por caballos enclenques y quita los mojones de las tierras, etc.

Muchos años después, a la muerte de Eloísa, Crisanto, viudo, focaliza su amor en el nieto Dagoberto, balaceado en un camino, ataque del cual resulta paralítico. En esa emboscada, él mata a su padre biológico sin saberlo, pues la hija de Crisanto y Eloísa, tuvo amores con un trabajador de la finca “Miraflores”. A lo largo del discurso narratológico, la venganza constituye la mayor parte de la novela con un desenlace sorprendente: Eloísa no era tan pura como aparentaba, pues ya había tenido amores con un estudiante cuando ella era una adolescente. Además, Dagoberto es enviado por su abuelo a Estados Unidos y es por una carta que nos enteramos, que está enfermo de sida, revelación dolorosa de parte de Rosa Eloísa, radicada en el país del norte. En el mundo representado, Rosario Aguilar hace gala de recursos narrativos a base de interrogaciones, monólogos, estilo indirecto libre, narratario, etc. que demuestra un hábil manejo del tiempo y el mundo interior de los personajes al penetrar en la sicología de los protagonistas, hombres y mujeres, para darnos un perfil sicológico de muy buena factura.

La novela comienza en media res con el testamento de Crisanto, quien le hereda a su hijo de crianza, Benito; a la muerte de éste, su hija Rosa Eloísa Flores heredará todas sus posesiones dejando de albacea al sacerdote. Vendettas, celebraciones religiosas, odio, amores, emboscadas, erotismo y traiciones, |conforman el cosmos narrativo de la novela en un mundo rural que no guarda ninguna semejanza con las novelas y cuentos regionalistas. Miraflores escrita por la leonesa, Rosario Aguilar, constituye un aporte muy valioso para la novelística nacional, confirmando, una vez más, la gran calidad de su narrativa, por lo que ocupa un primerísimo lugar en la historia de la literatura nicaragüense.

 

Masaya, 7 de noviembre

de 2012.