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Los poemas que delinean la telaraña lírica de esta obra, representan el grito luminoso de un corpus poético inquieto e inquietante, a través de sus imágenes y metáforas insólitas. Cada texto expuesto en esta urdimbre es enjambre, dinamita, vórtice de riqueza verbal, encaminándose a la construcción de una estructura onírica, chispeante, meticulosa, lejos de lo exterior, de lo anecdótico.

Sus armas estilísticas se nutren en una diversidad centrípeta, formando un vínculo visible, no solo en lo temático sino en la elaboración de atmósferas que resplandecen en oscuridad o en brillo, según la intención del pequeño dios. Vale la pena dar una mirada detenida y crítica en cada uno de estos vástagos retóricos para darse cuenta que la literatura nicaragüense se encuentra frente a nuevos y verdaderos relevos poéticos.